Al decir garzón podemos referirnos simplemente a un joven, a un mancebo, incluso a un ave ciconiforme, especie de garceta según explica el diccionario. Pero no, ahora queremos fijarnos sólo en un juez que no es un juez cualquiera sino un juez de altos vuelos, quizá como el ave ciconiforme citada. Porque ese juez pretendió, superados digo yo, los diarios problemas de casa, atrapar para darle su merecido al dictador Pinochet, el chileno ese protegido por Margaret para los amigos, la inglesa más conocida por la "Dama de hierro". No lo consiguió claro, como tampoco capturar a otros delincuentes políticos esparcidos por las lejanías de esos mundos de Dios.
Por eso ahora, ante tanto fracaso, reflexionando, se centra en lo de aquí y pide, porque hay que alejar todo posible peligro, el certificado de defunción de otro dictador más nuestro, de Franco. No vaya a ser que no esté muerto como dicen y aparezca por cualquier rincón y nos ponga firmes de nuevo para cantar "Prietas las filas".
A mi eso de cantar no me importa, yo me sé muy bien todas esas canciones, las de los dos bandos: "Si supieran los curas y frailes la paliza que les vamos a dar...", muy elevada ésta como ven. O "Prietas las filas, recias, marciales, nuestra escuadras van, cara la mañana que nos promete Patria, justicia y pan..." Pan sólo eso sí y ya saben, pan con pan comida de tontos. De tan tontos como nos vamos a volver todos si seguimos por ese camino que nos trae la garzonada, que también pretende saber si hay por ahí algún falangista al que endilgar alguna acusación de muertes y otras atrocidades. Con lo fácil que lo tiene para entretenerse con lo de Paracuellos, donde los muertos contabilizados se cuentan por miles y de los que podría dar cuenta y razón alguno que no es que pasara por ahí, sino que estaba aposentado en un buen sillón en aquellos trágicos días y, al menos, algún grito de terror le llegaría, digo yo.
Pero Garzón va a lo suyo, a lo que le gusta, a lo que le mola como dicen los garzones actuales, es decir, los jóvenes del momento. Quiere contabilizar una por una todas las atrocidades, que no son pocas, que cometieron los insurrectos. Las de los otros que tampoco son pocas, no cuentan. Las de los curas sacrificados ahora que el Papa pretenden santificar a otros cuantos cientos más, no tiene importancia; los numerosos "paseos" que acababan con un tiro en el corazón frente a cualquier tapia del camino, tampoco; los muertos en "El barco", cárcel improvisada en el centro de la bahía de mi tierra, tampoco. Esos no cuentan porque esos asesinatos se ejecutaron en los feudos regidos por los partidos de izquierdas encuadrados dentro del Frente Popular.
Po todo ello, llega el momento de pedir respeto, seriedad y equilibrio, porque lejos de nosotros ya gracias a Dios, la "dialéctica de los puños" no nos lleven ahora con todas esas elucubraciones innecesarias y superadas, a resucitar la dialéctica del odio, de las dos Españas.
Vivamos en paz y dejemos al pasado, tan triste, a la Historia para ser estudiada sin parcialidad alguna y para aprender de ella.
Llegado a este punto y dicho lo dicho, yo, ahora, para olvidar tanta insensated, me alejo más aún de Garzón el juez y, en su otra acepción, me deleito con el garzón ave que, por lo visto es de un blanco puro y luce un largo penacho en la cabeza. Una preciosidad, qué diferencia.
sábado, 18 de octubre de 2008
sábado, 11 de octubre de 2008
SOBRE LAS DECADENCIAS
Desde la infinitud del mar, tan cercano sin embargo, llegan afirmaciones sobre el fin de los imperios y sus decadencias. Afirmaciones incontestables que llegan acompañadas de la enumeración de sus causas que bien pueden encontrarse, efectivamente, como apunta, en nuestra Europa, madre de tantas cosas, incapaz ahora de mantenerse con firmeza al negarse a si misma y a lo que fue su historia.
Con todo ello, esa voz que traen las olas de su mar, se adelanta por escaso tiempo y coincide en lo esencial con las consideraciones, más apocalípticas sin duda, lanzadas a los cuatro vientos del último sínodo de obispos por el Papa Benedicto XVI. Adelantarse para coincidir con el Sumo Pontífice, con el puente que nos lleva a lo esencial, tiene su aquel.
El caso es que esas acertadas consideraciones basadas en lo que la Historia nos enseña, me llevó a mí a pensar en otras decadencias menos graves sin duda porque no acabaron con el aleteo de la existencia y por ello se quedaron sólo en una mera postración recuperable. Tal, por ejemplo, el caso de la España imperial que tanto brilló con su Siglo de Oro, broche fantástico de tanta grandeza. Fue éste, el de España, un caso de cansancio, de agotamiento, no de envilecimiento. De unos hombres, los españoles de entonces que como Nietzsche dijo y yo recogía hace poco, "quisieron ser demasiado". Quisieron ser y lo fueron sin duda apostillo yo como tan claramente nos muestra la Historia.
Fue, sí, un caso de agotamiento. En Rocroi, allá en las Ardenas francesas, la extraordinaria, heróica resistencia de nuestros Tercios, de nuestra infantería victoriosa siempre hasta entonces, mostró ese agotamiento que desde esa mitad del XVII se haría más ostensible. Esta es la explicación: En Europa, había presencia hispana desde el Báltico al Tirreno; en América, en la mayor parte de ella desde el Atlántico al Pacífico, y en el otro extremo del mundo, en los mares de la China meridional, en el Cinturón de Fuego del Pacífico con las más de 7.000 islas filipinas. Incluso alargando la mirada, surge también nuestra presencia que deja, con el bautismo, su huella sonora y perdurable en Velez y Australia, entre otros remotos lugares.
España con todo esto, más el esfuerzo voluntario de la Contrarreforma, fue decayendo, aunque con tal dignidad que aún tuvo un siglo XVIII activo y maestro en muchas cosas, del que con tiempo y paciencia, aun podemos tratar en otra ocasión.
¿Qué queda de todo esto, descansados ya de tanto ajetro? Visto con los ojos y con el talante de ahora poco para la mayoría. Para los que más hablan, España es una nación a corregir. Su andadura histórica una equivocación. Nuestras glorias, el resultado de nuestra intransigencia. A cambio sólo se ofrece - y esto sí es muestra de la decandencia señalada- la duda que trae el relativismo que invade el mundo y sobre todo Europa. El relativismo que se apoya en la técnica que se juzga omnipotente, pero que conduce a anular todo esfuerzo positivo, al menos en el mundo de las ideas que es el motor del verdadero progreso.
España, pues, se está preparando para que quizá en este siglo, forme parte destacada de una Europa anodina, impersonal y disforme que parece que pueda abrir la puerta a la profecía vaticana y a los peligros que tan contundentemente señalaban las olas de ese mar tan amplio.
Ojalá nos equivoquemos todos. Pero digo una cosa, si dicen que la verdad nos hace libres, yo digo que la verdad de todo esto de ahora me entristece.
Con todo ello, esa voz que traen las olas de su mar, se adelanta por escaso tiempo y coincide en lo esencial con las consideraciones, más apocalípticas sin duda, lanzadas a los cuatro vientos del último sínodo de obispos por el Papa Benedicto XVI. Adelantarse para coincidir con el Sumo Pontífice, con el puente que nos lleva a lo esencial, tiene su aquel.
El caso es que esas acertadas consideraciones basadas en lo que la Historia nos enseña, me llevó a mí a pensar en otras decadencias menos graves sin duda porque no acabaron con el aleteo de la existencia y por ello se quedaron sólo en una mera postración recuperable. Tal, por ejemplo, el caso de la España imperial que tanto brilló con su Siglo de Oro, broche fantástico de tanta grandeza. Fue éste, el de España, un caso de cansancio, de agotamiento, no de envilecimiento. De unos hombres, los españoles de entonces que como Nietzsche dijo y yo recogía hace poco, "quisieron ser demasiado". Quisieron ser y lo fueron sin duda apostillo yo como tan claramente nos muestra la Historia.
Fue, sí, un caso de agotamiento. En Rocroi, allá en las Ardenas francesas, la extraordinaria, heróica resistencia de nuestros Tercios, de nuestra infantería victoriosa siempre hasta entonces, mostró ese agotamiento que desde esa mitad del XVII se haría más ostensible. Esta es la explicación: En Europa, había presencia hispana desde el Báltico al Tirreno; en América, en la mayor parte de ella desde el Atlántico al Pacífico, y en el otro extremo del mundo, en los mares de la China meridional, en el Cinturón de Fuego del Pacífico con las más de 7.000 islas filipinas. Incluso alargando la mirada, surge también nuestra presencia que deja, con el bautismo, su huella sonora y perdurable en Velez y Australia, entre otros remotos lugares.
España con todo esto, más el esfuerzo voluntario de la Contrarreforma, fue decayendo, aunque con tal dignidad que aún tuvo un siglo XVIII activo y maestro en muchas cosas, del que con tiempo y paciencia, aun podemos tratar en otra ocasión.
¿Qué queda de todo esto, descansados ya de tanto ajetro? Visto con los ojos y con el talante de ahora poco para la mayoría. Para los que más hablan, España es una nación a corregir. Su andadura histórica una equivocación. Nuestras glorias, el resultado de nuestra intransigencia. A cambio sólo se ofrece - y esto sí es muestra de la decandencia señalada- la duda que trae el relativismo que invade el mundo y sobre todo Europa. El relativismo que se apoya en la técnica que se juzga omnipotente, pero que conduce a anular todo esfuerzo positivo, al menos en el mundo de las ideas que es el motor del verdadero progreso.
España, pues, se está preparando para que quizá en este siglo, forme parte destacada de una Europa anodina, impersonal y disforme que parece que pueda abrir la puerta a la profecía vaticana y a los peligros que tan contundentemente señalaban las olas de ese mar tan amplio.
Ojalá nos equivoquemos todos. Pero digo una cosa, si dicen que la verdad nos hace libres, yo digo que la verdad de todo esto de ahora me entristece.
jueves, 9 de octubre de 2008
AYUDAR AL NECESITADO
Qué rojos hay ahora más extraños. El mayor de todos Llamazares, el indeciso, "me afeito o me dejo la barba", se va porque fracasó y deja a Izquierda Unida en la UVI política. Eso si, a pesar de reconocer su fracaso político, conservará su puesto en las Cortes, porque de algo hay que comer.
El otro rojo importante con que contamos, el autodefinido así, es un rojo un tanto traidorzuelo con la causa de su pueblo, porque en vez de acabar con los bancos como haría un rojo que se precie, se reune con ellos, los recibe con su más amplia sonrisa y les ofrece dinero echando mano del que le confía la gente, la masa social esa que dice proteger, pero a la que sólo zarandea y atenaza tantas veces.
Rojo, pero con el manto azul inmaculada de la bondad o con el verde esperanza de no sé qué.
Dicho esto, sin embargo, ese rojo así autodefinido, ha hecho lo que solo probablemente se puede hacer e imitanto a sus semejantes del extranjero, ofrece dinero a los ricos banqueros para que resistan y también, por su parte, aprovecha la ocasión y da casi con la puerta en las narices al PP después de invitarle a tratar juntos sobre la mejor manera de soportar y salir de la crisis.
Rajoy ya poco puede aportar en este sentido, si acaso exigir la fiscalización necesaria para que los bancos que reciban esos fondos de la "pobre" gente, no los utilicen en la especulación sino en la producción, en lo que se denomina economía productiva.
Tampoco estaría mal que a partir de este susto que sufrimos, este Gobierno y, quizá, los demás del ancho mundo, reglamenten convenientemente y ejerzan el adecuado y necesario control de las entidades bancarias en el ejercicio de su libertad de actuación. Tal como por ejemplo, se regula la libre circulación por las carreteras, con una Guardia Civil vigilante y decisiva contra los infractores. Así, quizá, se haga posible que el desbarajuste económico que ahora sufrimos, no se repita.
--Que iluso es Vd., oiga.
--Puede que sí, pero yo ahora sólo estoy pendiente de que nuestro rojo ese, el autodefinido víctima de la derechona tan facha, después de ayudar a los bancos e inmerso como está en el sistema capitalista este tan injusto, se ocupe de lo suyo, de lo único que ofrecen ahora los solcialistas como novedad, es decir, de aumentar los abortos, establecer la eutanasia como debe de ser, implantar legalmente el suicidio asistido (¿por qué no el suicidio sin ayuda? y desenterrar los cadáveres que haya por esas cunetas de Dios. En esto último puede ayudarle el juez ese que tanto se ocupa de enmendar los entuertos (sin conseguirlo) que surgen por esos mundos, lo que es un consuelo.
El otro rojo importante con que contamos, el autodefinido así, es un rojo un tanto traidorzuelo con la causa de su pueblo, porque en vez de acabar con los bancos como haría un rojo que se precie, se reune con ellos, los recibe con su más amplia sonrisa y les ofrece dinero echando mano del que le confía la gente, la masa social esa que dice proteger, pero a la que sólo zarandea y atenaza tantas veces.
Rojo, pero con el manto azul inmaculada de la bondad o con el verde esperanza de no sé qué.
Dicho esto, sin embargo, ese rojo así autodefinido, ha hecho lo que solo probablemente se puede hacer e imitanto a sus semejantes del extranjero, ofrece dinero a los ricos banqueros para que resistan y también, por su parte, aprovecha la ocasión y da casi con la puerta en las narices al PP después de invitarle a tratar juntos sobre la mejor manera de soportar y salir de la crisis.
Rajoy ya poco puede aportar en este sentido, si acaso exigir la fiscalización necesaria para que los bancos que reciban esos fondos de la "pobre" gente, no los utilicen en la especulación sino en la producción, en lo que se denomina economía productiva.
Tampoco estaría mal que a partir de este susto que sufrimos, este Gobierno y, quizá, los demás del ancho mundo, reglamenten convenientemente y ejerzan el adecuado y necesario control de las entidades bancarias en el ejercicio de su libertad de actuación. Tal como por ejemplo, se regula la libre circulación por las carreteras, con una Guardia Civil vigilante y decisiva contra los infractores. Así, quizá, se haga posible que el desbarajuste económico que ahora sufrimos, no se repita.
--Que iluso es Vd., oiga.
--Puede que sí, pero yo ahora sólo estoy pendiente de que nuestro rojo ese, el autodefinido víctima de la derechona tan facha, después de ayudar a los bancos e inmerso como está en el sistema capitalista este tan injusto, se ocupe de lo suyo, de lo único que ofrecen ahora los solcialistas como novedad, es decir, de aumentar los abortos, establecer la eutanasia como debe de ser, implantar legalmente el suicidio asistido (¿por qué no el suicidio sin ayuda? y desenterrar los cadáveres que haya por esas cunetas de Dios. En esto último puede ayudarle el juez ese que tanto se ocupa de enmendar los entuertos (sin conseguirlo) que surgen por esos mundos, lo que es un consuelo.
sábado, 4 de octubre de 2008
LA BANCA MENDICANTE
Los bancos se tambalean, algunos al menos. Los bancos que han ido llenando sus arcas a costa de los indefensos mortales que deambulan por este mundo donde, entre otras incuestionables verdades, aparece clarísima la del que el pez grande se come al chico. Y ellos, los bancos, con toda clase de artimañas se han convertido en los peces más grandes. Y ahora, empachados, quizá notan los efectos de sus exageraciones, de su glotonería insaciable. Por lo que necesitan o necesitarán probablemente por desgracia, ayuda para sobrevivir y continuar manteniendo en pie el artificio creado en el que todos hacemos equilibrios para, al menos, seguir palpitando.
Pues habrá que hacerlo, habrá que ayudarlos, echar una mano a esos peces tan gordos, depredadores como pocos. ¿Quien lo hará, el Estado con el dinero de los contribuyentes, es decir, de los peces más pequeños, sus víctimas indefensas?. No parece justo.
Pero es que si no se hace, se derrumba el tinglado este en el que nos sostenemos y ¿a donde vamos? ¿Qué otro tinglado nos inventamos?
Existe otra fórmula, la de acabar con todas las libertades y convertir al Estado un deforme e incapaz gigantón que controle todo. Es decir, caminar hacia el socialismo tan fracasado siempre.
La experiencia nos dice que no debe ser ese el camino a seguir. Quizá como alguien ha apuntado aquí cerca, lo conveniente sea brindar a las tambaleantes entidades bancarias la ayuda estatal, única posible, pero en unas condiciones que podemos llamar condiciones bancarias, las mismas que ellos han impuesto en sus préstamos al ciudadano necesitado; necesitado, pero siempre con garantías suficientes.
Y habrá una ganancia que debería beneficiar al contribuyente convertido, de esta forma, a través del Estado, en prestamista ocasional.
Así, superado el problema, todo volvería a la normalidad establecida, a esta normalidad quizá la única viable que hemos vivido desde que el liberalismo surgió y la implantó; pero que al hacerse exagerado ese sentido liberal/capitalista, llega a a poner más en evidencia una "ley de la selva" solapada con sonrisas y buenos modales, inevitable acaso por ser la ley que impone la Naturaleza para sobrevivir. Para que sobrevivan los más fuertes que es lo que importa para conseguir la supervivencia de las especies. ¡Qué le vamos a hacer!
Pues habrá que hacerlo, habrá que ayudarlos, echar una mano a esos peces tan gordos, depredadores como pocos. ¿Quien lo hará, el Estado con el dinero de los contribuyentes, es decir, de los peces más pequeños, sus víctimas indefensas?. No parece justo.
Pero es que si no se hace, se derrumba el tinglado este en el que nos sostenemos y ¿a donde vamos? ¿Qué otro tinglado nos inventamos?
Existe otra fórmula, la de acabar con todas las libertades y convertir al Estado un deforme e incapaz gigantón que controle todo. Es decir, caminar hacia el socialismo tan fracasado siempre.
La experiencia nos dice que no debe ser ese el camino a seguir. Quizá como alguien ha apuntado aquí cerca, lo conveniente sea brindar a las tambaleantes entidades bancarias la ayuda estatal, única posible, pero en unas condiciones que podemos llamar condiciones bancarias, las mismas que ellos han impuesto en sus préstamos al ciudadano necesitado; necesitado, pero siempre con garantías suficientes.
Y habrá una ganancia que debería beneficiar al contribuyente convertido, de esta forma, a través del Estado, en prestamista ocasional.
Así, superado el problema, todo volvería a la normalidad establecida, a esta normalidad quizá la única viable que hemos vivido desde que el liberalismo surgió y la implantó; pero que al hacerse exagerado ese sentido liberal/capitalista, llega a a poner más en evidencia una "ley de la selva" solapada con sonrisas y buenos modales, inevitable acaso por ser la ley que impone la Naturaleza para sobrevivir. Para que sobrevivan los más fuertes que es lo que importa para conseguir la supervivencia de las especies. ¡Qué le vamos a hacer!
martes, 30 de septiembre de 2008
A VUELTAS CON LA LIBERTAD
Cuando uno se pone a escribir y no sabe de qué, se pone a pensar, lo que de ningún modo es tarea despreciable, aunque la importancia de tal decisión dependa del caletre del pensador. Cuando ese caletre es de alguna importancia y se piensa en algo que no sea práctico, puede adentrarse uno en el amplio terreno de la filosofía que, precisamente, se ha tachado de la ciencia más inútil de todas las ciencias, aunque sea la más elevada. Para aceptar esta afirmación no hay más que fijarse en cualquier otra ciencia, la física, por ejemplo, la médica, la química y tantas otras de las que se sacan consecuencias prácticas, tangibles, notorias, hasta salvadoras. Con la filosofía únicamente tratamos de conocer aquello que es cognoscible. Luego, naturalmente los filósofos se recrean con el conocimiento de la esencia de las cosas y la interpretan de diversas maneras, pero de ahí no surge ningún resultado práctico, utilizable. Las cosas siguen siendo como eran independientemente de su interpretación.
Normalmente siempre decimos que la filosofía nació en Grecia. Nos solemos olvidar del Oriente, China, la India, acaso Egipto. Nosotros con el trío famosos de Platón, Aristóteles y Sócrates nos arreglamos para empezar, porque en realidad nos lo han contado todo y de una forma bastante comprensible. Luego los demás, ya en tiempos más cercanos, Bacon, Descartes, Locke, Hume, Fichte, Hegel, Kant, etc. nos complicaron las cosas y lo fácil se fue enrevesando hasta hacerlo demasiado espeso para considerarlo a la ligera. Alguien dijo que las páginas y más páginas de la filosofía alemana, podrían resumirse en una cuartilla. Pero no lo hicieron.
A pesar de todo lo dicho, hubo un filósofo, Séneca, español por más señas que sí me interesó y fue, sobre todo, cuando empecé a preocuparme por la libertad considerada como una aspiración personal. Aspiración o ilusión que son , digamos de pasada, dos conceptos difíciles de desentrañar que conviene dejar aparcados al menos de momento y echar mano únicamente de ese deseo de libertad citado que, por otro lado, tampoco nos permite adentrarnos en él fácilmente, porque vamos a ver ¿cómo uno puede sentirse libre ante los fenómenos de la Naturaleza?. Kant ya decía que frente a ella la libertad desaparece incluso como simple aspiración, igual añado yo, que frente a la misma sociedad, esa en la que estamos inmersos que incluso posee recursos para obligar e impedir que en algo de lo establecido nos salgamos del tiesto. Por tanto, saco en consecuencia, así a bote pronto que la libertad o una porción mayor o menor de ella, solo la conseguiremos haciendo caso a nuestro Séneca: se es libre si nos atenemos únicamente a lo que "está en nuestra mano" que a veces por desgracia es bastante poco. Y ahora con eso de la crisis será menos.
(De "Escritos de anteayer")
Normalmente siempre decimos que la filosofía nació en Grecia. Nos solemos olvidar del Oriente, China, la India, acaso Egipto. Nosotros con el trío famosos de Platón, Aristóteles y Sócrates nos arreglamos para empezar, porque en realidad nos lo han contado todo y de una forma bastante comprensible. Luego los demás, ya en tiempos más cercanos, Bacon, Descartes, Locke, Hume, Fichte, Hegel, Kant, etc. nos complicaron las cosas y lo fácil se fue enrevesando hasta hacerlo demasiado espeso para considerarlo a la ligera. Alguien dijo que las páginas y más páginas de la filosofía alemana, podrían resumirse en una cuartilla. Pero no lo hicieron.
A pesar de todo lo dicho, hubo un filósofo, Séneca, español por más señas que sí me interesó y fue, sobre todo, cuando empecé a preocuparme por la libertad considerada como una aspiración personal. Aspiración o ilusión que son , digamos de pasada, dos conceptos difíciles de desentrañar que conviene dejar aparcados al menos de momento y echar mano únicamente de ese deseo de libertad citado que, por otro lado, tampoco nos permite adentrarnos en él fácilmente, porque vamos a ver ¿cómo uno puede sentirse libre ante los fenómenos de la Naturaleza?. Kant ya decía que frente a ella la libertad desaparece incluso como simple aspiración, igual añado yo, que frente a la misma sociedad, esa en la que estamos inmersos que incluso posee recursos para obligar e impedir que en algo de lo establecido nos salgamos del tiesto. Por tanto, saco en consecuencia, así a bote pronto que la libertad o una porción mayor o menor de ella, solo la conseguiremos haciendo caso a nuestro Séneca: se es libre si nos atenemos únicamente a lo que "está en nuestra mano" que a veces por desgracia es bastante poco. Y ahora con eso de la crisis será menos.
(De "Escritos de anteayer")
domingo, 21 de septiembre de 2008
EL INVESTIGADOR Y SUS FUENTES
Ya sé que Mario Crespo López es un gran escritor, un gran periodista y que ha sido premiado por ello. Lo sé por internet, ese gran chivato que tantas cosas nos desvela. Yo traté de localizarle cuando estuve en Santander y compré su documentada obra "Cántabros del siglo XIX - semblanzas biográficas", pero fue inútil, incomprensiblemente nadie me supo dar razón de él.
Traté de localizarle porque en esa obra que cito, dedica un capítulo a Anselmo de la Portilla, un periodista y buen patriota montañés de ese siglo citado. Cuenta de él muchas cosas interesantes y algunas que me sorprende que conozca sin haber leído la biografía que yo escribí sobre Portilla que creo que fue la primera en aparecer en España.
En realidad imagino que no la leyó porque en la amplia bibliografía que insertó Crespo en su libro, no figura la fuente de esos datos que sólo yo conozco y poseo y que publiqué en el estudio que hice por encargo de Ignacio Aguilera para la acreditada colección de Escritores y Artistas Montañeses que él, con tanto éxito, dirigía.
Hacía la mili yo entonces y en los ratos libres, en la Biblioteca Nacional, fui investigando sobre Portilla y con eso y con las cartas familiares que conseguí, pude completar la selección y estudio que me honré en firmar y que tan buena acogida tuvo entonces por parte de la crítica tanto periodística como radiofónica; alguna de ella que tanto me enorgullece, como la de José del Río, el marino, poeta del mar y gran periodista, aparecida en su columna del diario madrileño "Informaciones". O la de Leopoldo Rodríguez Alcalde, el gran Polín, en el capítulo que nos dedica en su "Retablo Biográfico de Montañeses Ilustres". E incluso, sorprendentemente, en tiempos muy cercanos, en entrevistas en Radio Santaner o en TV, en Telecabarga.
En resumidas cuentas, todo esto lo destaco con el fin de que Mario Crespo, si leyera esto, me indicara la fuente de que se valió para conocer los detalles de la vida de Portilla que sólo yo poseo. Me gustaría saber si hubo alguien más que los recogiera y de los que te serviste, con objeto de poder cerrar yo también, por mi parte, este capítulo dedicado a tan ilustre personaje.
Traté de localizarle porque en esa obra que cito, dedica un capítulo a Anselmo de la Portilla, un periodista y buen patriota montañés de ese siglo citado. Cuenta de él muchas cosas interesantes y algunas que me sorprende que conozca sin haber leído la biografía que yo escribí sobre Portilla que creo que fue la primera en aparecer en España.
En realidad imagino que no la leyó porque en la amplia bibliografía que insertó Crespo en su libro, no figura la fuente de esos datos que sólo yo conozco y poseo y que publiqué en el estudio que hice por encargo de Ignacio Aguilera para la acreditada colección de Escritores y Artistas Montañeses que él, con tanto éxito, dirigía.
Hacía la mili yo entonces y en los ratos libres, en la Biblioteca Nacional, fui investigando sobre Portilla y con eso y con las cartas familiares que conseguí, pude completar la selección y estudio que me honré en firmar y que tan buena acogida tuvo entonces por parte de la crítica tanto periodística como radiofónica; alguna de ella que tanto me enorgullece, como la de José del Río, el marino, poeta del mar y gran periodista, aparecida en su columna del diario madrileño "Informaciones". O la de Leopoldo Rodríguez Alcalde, el gran Polín, en el capítulo que nos dedica en su "Retablo Biográfico de Montañeses Ilustres". E incluso, sorprendentemente, en tiempos muy cercanos, en entrevistas en Radio Santaner o en TV, en Telecabarga.
En resumidas cuentas, todo esto lo destaco con el fin de que Mario Crespo, si leyera esto, me indicara la fuente de que se valió para conocer los detalles de la vida de Portilla que sólo yo poseo. Me gustaría saber si hubo alguien más que los recogiera y de los que te serviste, con objeto de poder cerrar yo también, por mi parte, este capítulo dedicado a tan ilustre personaje.
lunes, 15 de septiembre de 2008
ACLARACIONES NO SOLICITADAS
Del artículo del otro día, "Mis memorias históricas" recreado en esta misma roca de La Horadada, no he tenido, al menos hasta ahora, ningún comentario ni siquiera de mi anónimo ¿amigo? que casi acertó a definirme el otro día. Pero si me han llegado como rumores que por lo que deduzco provienen de miopes de la política, tanto de los situados a babor como a estribor, pues en las dos bandas del barco este en que navegamos, existen miopes de la política como digo, mal intencionados también y hasta tozudos.
Así, de los de estribor, aclarándolo para los mesetarios, de los calificados de derechas, pero de entre ellos los más exagerados, de los que casi caen por la borda, los hay que arremeten contra mi porque en ese artículo del otro día al que me refiero, trato con dureza a ese gobierno dictatorial que nos obligaba, "prietas las filas" a marchar por la ruta imperial, camino ya según sabemos, impracticable desde 1898.
Esto por una banda, por la otra, la de babor, es decir, la de la izquierda según emproamos, también se disgustan porque no aceptan que sus compinches del Gobierno o del partido, se vean tachados de fúnebres, casi cuervos, que se recrean con la política fomentadora de la muerte. "Es que eso es la libertad", parece que dicen.
Pero ¿qué querran qué diga los de ambos lados? Esto es lo que hay y eso es lo hubo. Antes se creaban ideales utópicos para tener sujetos a todos e ilusionados, lo que con los más pequeños a veces se conseguía. Ahora se trata de acabar con toda clase de espiritualidad como algo que atenta contra la libertad y se fomenta un positivismo inhumano, con lo que la posibilidad de crear alguna ilusión se torna imposible. Se forma una sociedad triste.
Dicho esto y olvidando el pasado porque ya pasó y no hay quien lo cambie ni siquiera los separatistas con sus mentiras, conviene recordar a los de ahora que los pueblos necesitan héroes, mitos incluso en los recrearse y afianzarse. Se ha dicho que si no existieran esos héroes ni esos mitos habría que inventarlos. Aunque, añado yo, sin exagerar como ocurrió en el régimen anterior. Tampoco, desde luego, acabar con ellos, con los verdaderos, como hace el régimen actual, auténtico exterminador de ilusiones.
Así, de los de estribor, aclarándolo para los mesetarios, de los calificados de derechas, pero de entre ellos los más exagerados, de los que casi caen por la borda, los hay que arremeten contra mi porque en ese artículo del otro día al que me refiero, trato con dureza a ese gobierno dictatorial que nos obligaba, "prietas las filas" a marchar por la ruta imperial, camino ya según sabemos, impracticable desde 1898.
Esto por una banda, por la otra, la de babor, es decir, la de la izquierda según emproamos, también se disgustan porque no aceptan que sus compinches del Gobierno o del partido, se vean tachados de fúnebres, casi cuervos, que se recrean con la política fomentadora de la muerte. "Es que eso es la libertad", parece que dicen.
Pero ¿qué querran qué diga los de ambos lados? Esto es lo que hay y eso es lo hubo. Antes se creaban ideales utópicos para tener sujetos a todos e ilusionados, lo que con los más pequeños a veces se conseguía. Ahora se trata de acabar con toda clase de espiritualidad como algo que atenta contra la libertad y se fomenta un positivismo inhumano, con lo que la posibilidad de crear alguna ilusión se torna imposible. Se forma una sociedad triste.
Dicho esto y olvidando el pasado porque ya pasó y no hay quien lo cambie ni siquiera los separatistas con sus mentiras, conviene recordar a los de ahora que los pueblos necesitan héroes, mitos incluso en los recrearse y afianzarse. Se ha dicho que si no existieran esos héroes ni esos mitos habría que inventarlos. Aunque, añado yo, sin exagerar como ocurrió en el régimen anterior. Tampoco, desde luego, acabar con ellos, con los verdaderos, como hace el régimen actual, auténtico exterminador de ilusiones.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)