Con permiso de Tolstoi, guerra y paz se contradicen, pero no se eliminan; hay guerra y hay paz casi siempre. Pero fíjémonos en la más importante, la que nos atañe a cada uno, la llamada paz interior que quizá convenga, para simplificar denominarla solo tranquilidad. Así entendemos todos esa situación en la que nuestros adentros permanecen abiertos para vivir con alguna felicidad y, sobre todo, para enfrentarnos con el debido ánimo y talante a la posible agresión que sin duda ha de llegar.
--Pesimista viene usted.
No demasiado para la que está cayendo, sino observador de la realidad. Hay que tener en cuenta que la agresión puede considerarse como la primera ley, ineludible además, que se nos presenta y a la que nos obliga la Naturaleza tal como está concebida para algo tan esencial como el mantenimiento de la vida, para eso que tanto se pregona: para la conservación de las especies entre las que nos tenemos que encuadrar.
Sin agresión no hay vida, hay que admitirlo. El pez grande se come al chico, se lo debe de comer. El león, o las leonas más bien, que el león suele dormitar a la espera de casi ser servido, deben cazar al cervatillo, al más tierno o al más viejo, al que corra menos sin duda, que hay que facilitar la operación. Es ley de vida, es decir, es ley de muerte. Agresión. ¿Cuantos miles de vacas, cuantos de pollos, cuantos de cerdos se matan diariamente en el mundo para que podamos zamparnos nosotros un buen chuletón cuando nos plazca?. Agresión, enorme agresión esta y además necesaria.
Luego, ya puestos, ese instinto agresivo se aprovecha, se moderniza podríamos decir y se amplia y surge a diario entre nosotros con inusitada constancia aunque llegue disfrazado con otro nombre más aceptado: el de la competencia, al fin y al cabo la disputa, lucha por alcanzar algo en propio beneficio y en perjuicio, como contrapartida, del contrincante. Agresividad al fin, aunque venga camuflada con los mejores modales y hasta con una sonrisa.
Pero hay más: esa agresividad, ley primordial a que nos lleva la propia existencia, alcanza como una derivación y con constancia que asusta, su máxima intensidad cuando surge mezclada con la política y los intereses más o menos lícitos de las naciones. Entonces decimos que estalla la guerra, la guerra grande, colectiva; y ese estallido prolongado a veces durante años, siembra el terror, elevando la crueldad a límites insoportables. Fijémonos únicamente en el siglo XX: nuestra Guerra Civil con miles de asesinatos, los amontonados en Paracuellos (¡ay Carrillo!) y en tantas cunetas del país como un producto de la fiereza de los dos bandos en liza; y antes, la Guerra Europea, luego la Mundial con millones de víctimas y con Hitler a la cabeza, sin olvidar la atroz fiereza de un presidente, Truman, al que se tiende a esconder su barbarie porque salió victorioso y los suyos escribieron la historia oficial: Hiroshima y Nagasaki con cargo a su conciencia; miles de muertos inocentes con sólo apretar un botón. Máxima crueldad, premeditación, alevosía sin conciencia.
Pero en el fondo todos, incluídos los pensadores, filósofos, hasta los santos, tienen un problema planteado con esa agresividad innata que tratan de no reconocer como necesaria tal como está concebida la existencia y que conduce en su más trágica manifestación, a esas guerras feroces que todos conocemos. Lo resuelven apelando a la llamada guerra justa. San Ambrosio, su discípulo San Agustín que la acepta para alcanzar la paz, Cicerón que también la acepta cuando no hay otro remedio y, por supuesto, la ONU, esa organización injusta desde su planteamiento, antidemocrática y dominada por unas cuantas naciones prepotentes y con derecho a veto que deciden lo que más les conviene.
En fin, simplificando que no hay que profundizar más, la simple libertad nos conduce a la agresividad. Y la bondad ¿dónde queda? cabe preguntarse. Parece así a bote pronto que como un valor para disfrute personal e íntimo que no evita sin embargo la necesidad de marchar de caza con las cartucheras bien provistas, o, si prefieren para hacerlo más actual con el ímpetu y la fortaleza necesaria para salir airoso en eso que se llama la lucha por la vida y que, cuando se consigue, solo entonces, se puede pensar en alcanzar la tranquilidad soñada, esa paz interior que produce la sonrisa bondadosa del que ha cumplido, es decir, del que ha vencido ¡para qué engañarnos!
sábado, 2 de abril de 2011
viernes, 25 de marzo de 2011
LA LOTERÍA
He comprado un billete de lotería y mientras caminaba hacía cábalas con lo que haría si me tocaba el gordo. No, por supuesto, como aquel vivalavirgen que según leí no sé donde vivía como un marqués de los de antes, sin tener ni un duro. ¿Qué harías tu si te tocara la lotería? le preguntaron. "Pues vivir como vivo ahora, pero pudiendo ", respondió, lo que tiene su gracia. Yo, no, únicamente, mientras andaba me hacía ilusiones y como cada uno es como es y un servidor de ustedes resulta así de aburrido, enseguida me introduje en un campo filosófico-teológico a mi nivel, claro, jugando con dos conceptos alejados de mi influencia: el azar, sin duda la casualidad y la Providencia, tomada, acaso, como un determinismo que podemos calificar de cristiano. Dos conceptos opuestos al parecer según dicen los entendidos más exigentes; pero uno que no lo es precisamente, cree que bien pueden caminar juntos muchas veces.
Pienso que la Providencia nos deja bastante sueltos en este caminar por la tierra que creó, gracias a lo cual al azar se le permite jugar su papel tantas veces. Muchos, en verdad, admiten lo que a la vista está, que Dios se sirve en su gobernación del Universo, de las causas por Él creadas y ahí entramos todos. Y así en nuestra marcha surge el destino como un horizonte que se acerca paulatinamente, pero que podemos cambiar o al menos intentarlo. No como piensan los musulmanes y no sé si también unos crostianos, los calvinistas tan duros ellos y a veces tan intransigentes, que ven a ese destino como un camino no modificable. Se olvidan de nuestra libertad de elección siempre y cuando, naturalmente que el azar, en su sentido de mala pata para entendernos, no se nos presente como insuperable.
En fin, filosóficamente o no, yo con mi décimo -no era más que un décimo- sí invoqué a la Providencia, por si ella se ocupa de estas cosas y al azar, portador, a veces , de la suerte. Porque suerte, gafe y malapata, todo revuelto y alternándose, parece producto del azar en suma. Y así, con esta incógnita de por donde soplará el viento en cada jornada navegamos con nosotros mismos en esta especie de embarcación en la que nos sustentamos y que para el poeta se asemeja a un viejo patache. En su origen estos barcos eran unos pequeños veleros de madera que en el fondo y académicamente hablando, en un principio, eran naves de guerra que servían para transmitir órdenes, comunicados en general de un sitio a otro. Yo conocí los pataches allá sobre los años cuarenta del siglo pasado, que ya no tenían un uso bélico sino que se utilizaban para llevar pequeños recados y pequeños bultos de un puerto a otro siempre cercano. En mi Santander su recorrido llegaba hasta Asturias e incluso Galicia.
Barcos casi románticos, "con velas remendadas que también el viento hincha" como dice el poeta que hace como un símil con esas vidas zarandeadas de tantos: "Con vías de agua entaponadas que impidan enseñorearse al mar poderoso". E incluso continúa, "Con hundimientos fallidos por el esfuerzo imaginado/negando la realidad que mana de los ojos/en una proa de los sentidos que sigue abriendo el camino/por el que seguir navegando"... En fin, esta es la versión de nuestra andadura que hace de ese poeta que no canta, vemos, a los pajaritos ni a los amaneceres precisamente, sino a la vida, tan dura según él, que se nos presenta y que hay que encauzar momento a momento sin perder de vista a ese azar siempre imprevisible.
Y por eso, pensando en ese azar tan presente en juegos como el de la lotería, pero sin dejar de lanzar una mirada a las alturas por si fuera posible conseguir algún apoyo, el más importante sin duda, de tan altas instancias, continúo mi paseo con el décimo bien guardado y esperanzado. También en cuanto pueda tocaré madera por si sirve de algo. Ya les contaré el resultado.
Pienso que la Providencia nos deja bastante sueltos en este caminar por la tierra que creó, gracias a lo cual al azar se le permite jugar su papel tantas veces. Muchos, en verdad, admiten lo que a la vista está, que Dios se sirve en su gobernación del Universo, de las causas por Él creadas y ahí entramos todos. Y así en nuestra marcha surge el destino como un horizonte que se acerca paulatinamente, pero que podemos cambiar o al menos intentarlo. No como piensan los musulmanes y no sé si también unos crostianos, los calvinistas tan duros ellos y a veces tan intransigentes, que ven a ese destino como un camino no modificable. Se olvidan de nuestra libertad de elección siempre y cuando, naturalmente que el azar, en su sentido de mala pata para entendernos, no se nos presente como insuperable.
En fin, filosóficamente o no, yo con mi décimo -no era más que un décimo- sí invoqué a la Providencia, por si ella se ocupa de estas cosas y al azar, portador, a veces , de la suerte. Porque suerte, gafe y malapata, todo revuelto y alternándose, parece producto del azar en suma. Y así, con esta incógnita de por donde soplará el viento en cada jornada navegamos con nosotros mismos en esta especie de embarcación en la que nos sustentamos y que para el poeta se asemeja a un viejo patache. En su origen estos barcos eran unos pequeños veleros de madera que en el fondo y académicamente hablando, en un principio, eran naves de guerra que servían para transmitir órdenes, comunicados en general de un sitio a otro. Yo conocí los pataches allá sobre los años cuarenta del siglo pasado, que ya no tenían un uso bélico sino que se utilizaban para llevar pequeños recados y pequeños bultos de un puerto a otro siempre cercano. En mi Santander su recorrido llegaba hasta Asturias e incluso Galicia.
Barcos casi románticos, "con velas remendadas que también el viento hincha" como dice el poeta que hace como un símil con esas vidas zarandeadas de tantos: "Con vías de agua entaponadas que impidan enseñorearse al mar poderoso". E incluso continúa, "Con hundimientos fallidos por el esfuerzo imaginado/negando la realidad que mana de los ojos/en una proa de los sentidos que sigue abriendo el camino/por el que seguir navegando"... En fin, esta es la versión de nuestra andadura que hace de ese poeta que no canta, vemos, a los pajaritos ni a los amaneceres precisamente, sino a la vida, tan dura según él, que se nos presenta y que hay que encauzar momento a momento sin perder de vista a ese azar siempre imprevisible.
Y por eso, pensando en ese azar tan presente en juegos como el de la lotería, pero sin dejar de lanzar una mirada a las alturas por si fuera posible conseguir algún apoyo, el más importante sin duda, de tan altas instancias, continúo mi paseo con el décimo bien guardado y esperanzado. También en cuanto pueda tocaré madera por si sirve de algo. Ya les contaré el resultado.
martes, 15 de marzo de 2011
EN ESTE VALLE DE LÁGRIMAS
Y tantas como se han derramado por las tremendas consecuencias del terremoto y maremoto que conmueve a Japón y al mundo entero.
Veo que nos llegan estas desgracias como por sorpresa y hay que señalar que, lamentablemente, son desgracias anunciadas aunque sin fecha de llegada y que, por tanto, deberían ser esperadas con mucha atención. Los científicos duchos en estas verdades terrenas lo saben. La tierra, el universo entero responde a un orden según las teorías que muchos aceptan, mas este orden resulta impredecible en sus manifestaciones por lo que para el común de la gente bien se podría calificar, porque así lo ven, de un orden caótico si estos dos conceptos no fueran contradictorios. Y es que ese orden que vemos como un caos, responde a unas leyes siquiera físicas, establecidas y conocidas en su mayor parte con las que el universo entero se rige para su continuidad cambiante de aparente destrucción, seguida, sin duda, de un resurgimiento aunque quizá con nuevas formas y circunstancias. En el fondo, exactamente esto ocurre con la vida humana que es en definitiva un continuo trajín de venidas y de idas, digámoslo así para parecer más suaves. Aunque para vivir con cierto sosiego hay que aconsejar, confesémoslo, no pensar demasiado en esa realidad de la vida, hay que vivirla tan sólo. Seguir el camino que se nos abra sorteando los baches, a la espera de la solución salvadora al final de este "valle de lágrimas" como lo definió tan acertadamente San Pedro de Mezonzo en la oración que compuso, en la Salve.
En realidad, si bien se mira, este consejo quizá conveniente a nivel individual, se viene cumpliendo, muy peligrosamente, con el tema de los desastres naturales tan conocidos y repetidos en demasía. Japón tiembla, por ejemplo, aunque con baja intensidad, un mes sí y otro no por lo menos. Y ahí permanece este pueblo admirable por tantas virtudes conocidas, sabiendo que muy posiblemente puede llegar, como ha llegado, la gran tragedia.
Es que los humanos con nuestros adelantos, ensoberbecidos, nos hemos separado demasiado de lo natural, como si la Naturaleza fuera solo algo a lo que hay que dominar y no como ese algo tan importante, porque de ella formamos parte, en la que hay que vivir de acuerdo con sus leyes, aunque no sea más que para guarecernos convenientemente cuando necesario sea. Ante un desastre tan grande como el sufrido ahora, el hombre, impotente, no se diferencia mucho de un pequeño ratón: ambos sucumben sin remedio. Quizá la gaviota, tan previsora y que barrunta los cambios, se haya alejado lo suficiente y a tiempo como suele hacer, de la zona afectada, a la espera de que la tranquilidad la permita volver a su vida tan ajustada a lo natural.
El hombre no, desprecia parece a esa Naturaleza a la que pertenece y asienta su vida ayudado por la avanzada técnica que ha conseguido, construyéndose su habitat antinatural en unas zonas -Japón, por ejemplo, en este caso- de las que conoce su característica más llamativa y peligrosa: la inestabilidad sísmica, con lo que se convierte en la primera víctima cuando ocurre lo que tanto lloramos.
Hasta ahora, aparte de tantas desgracias humanas, sabemos que Japón, por efecto del terremoto, se ha acercado unos metros más al continente como queriendo buscar cobijo más seguro. También nos cuentan que el eje de la tierra se ha movido unos centímetros. Yo no sé que puede ocurrir con tanto vaivén, si a la larga o la corta pasará factura o no. Mientras, las centrales nucleares amenazan. El resultado lo sabremos pronto. Acaso un apocalipsis para muchos, Dios no lo quiera, pero el comisario europeo de Energía, lo ha pronosticado. Quizá se pase, ojalá.
Veo que nos llegan estas desgracias como por sorpresa y hay que señalar que, lamentablemente, son desgracias anunciadas aunque sin fecha de llegada y que, por tanto, deberían ser esperadas con mucha atención. Los científicos duchos en estas verdades terrenas lo saben. La tierra, el universo entero responde a un orden según las teorías que muchos aceptan, mas este orden resulta impredecible en sus manifestaciones por lo que para el común de la gente bien se podría calificar, porque así lo ven, de un orden caótico si estos dos conceptos no fueran contradictorios. Y es que ese orden que vemos como un caos, responde a unas leyes siquiera físicas, establecidas y conocidas en su mayor parte con las que el universo entero se rige para su continuidad cambiante de aparente destrucción, seguida, sin duda, de un resurgimiento aunque quizá con nuevas formas y circunstancias. En el fondo, exactamente esto ocurre con la vida humana que es en definitiva un continuo trajín de venidas y de idas, digámoslo así para parecer más suaves. Aunque para vivir con cierto sosiego hay que aconsejar, confesémoslo, no pensar demasiado en esa realidad de la vida, hay que vivirla tan sólo. Seguir el camino que se nos abra sorteando los baches, a la espera de la solución salvadora al final de este "valle de lágrimas" como lo definió tan acertadamente San Pedro de Mezonzo en la oración que compuso, en la Salve.
En realidad, si bien se mira, este consejo quizá conveniente a nivel individual, se viene cumpliendo, muy peligrosamente, con el tema de los desastres naturales tan conocidos y repetidos en demasía. Japón tiembla, por ejemplo, aunque con baja intensidad, un mes sí y otro no por lo menos. Y ahí permanece este pueblo admirable por tantas virtudes conocidas, sabiendo que muy posiblemente puede llegar, como ha llegado, la gran tragedia.
Es que los humanos con nuestros adelantos, ensoberbecidos, nos hemos separado demasiado de lo natural, como si la Naturaleza fuera solo algo a lo que hay que dominar y no como ese algo tan importante, porque de ella formamos parte, en la que hay que vivir de acuerdo con sus leyes, aunque no sea más que para guarecernos convenientemente cuando necesario sea. Ante un desastre tan grande como el sufrido ahora, el hombre, impotente, no se diferencia mucho de un pequeño ratón: ambos sucumben sin remedio. Quizá la gaviota, tan previsora y que barrunta los cambios, se haya alejado lo suficiente y a tiempo como suele hacer, de la zona afectada, a la espera de que la tranquilidad la permita volver a su vida tan ajustada a lo natural.
El hombre no, desprecia parece a esa Naturaleza a la que pertenece y asienta su vida ayudado por la avanzada técnica que ha conseguido, construyéndose su habitat antinatural en unas zonas -Japón, por ejemplo, en este caso- de las que conoce su característica más llamativa y peligrosa: la inestabilidad sísmica, con lo que se convierte en la primera víctima cuando ocurre lo que tanto lloramos.
Hasta ahora, aparte de tantas desgracias humanas, sabemos que Japón, por efecto del terremoto, se ha acercado unos metros más al continente como queriendo buscar cobijo más seguro. También nos cuentan que el eje de la tierra se ha movido unos centímetros. Yo no sé que puede ocurrir con tanto vaivén, si a la larga o la corta pasará factura o no. Mientras, las centrales nucleares amenazan. El resultado lo sabremos pronto. Acaso un apocalipsis para muchos, Dios no lo quiera, pero el comisario europeo de Energía, lo ha pronosticado. Quizá se pase, ojalá.
viernes, 4 de marzo de 2011
DE NUEVO EN CAMISA DE ONCE VARAS
En camisas de once varas", así se titulaba un artículo que el 29 de octubre del año pasado aparecía en esta Hora Dada donde a veces mi conciencia se entreabre. Bien, ahora vuelvo a retomar el mismo asunto como anteriormente, con la humildad de un cristiano de a pie, lego en casi todo y como verán sin duda, ignorante, pero que, sin embargo, como los atrevidos se permite en ocasiones opinar. El tema de entonces y que revivo aquí es el del divorcio y la supuesta e insuperable disolución, desde una posición católica, del vínculo matrimonial ya roto. Un problema social, casi epidémico que nos sorprende y entristece a tantos. Y ha sido el propio Papa, ese intelectual de primera línea que nos va abriendo caminos tan provechosos para la interpretación de la vida y de los comportamientos y señalando los peligros actuales en el mundo y hasta de la mejor comprensión de las Escrituras, el que me ha dado pie para insistir en el tema del que me ocupé en mi artículo citado del 29 de octubre pasado y que ahora resulta un complemento de lo que aquí pretendo señalar.
Próximo a publicarse -el próximo día 10 exáctamnente- la segunda parte de su obra, "Jesús de Nazaret", leo que con motivo de la exoneración de los judios de la muerte de Jesús por parte de la Iglesia, el Sumo Pontífice en su obra corrige al propio evagelista San Mateo cuando afirma que "todo el pueblo" (el judío, claro) pidió la crucifixión de Cristo. El Papa, tajante, asegura que con esta frase "no se expresa un hecho histórico". Y se pregunta: "¿Cómo habría podido todo el pueblo estar presente en ese momento para pedir la muerte de Jesús?" para asegurar a continuación que la verdad de lo ocurrido lo expresan mejor el evangelista Juan y, sobre todo, con más detalle Marcos, lo que da pie al Pontífice para afirmar categóricamente que "El verdadero grupo de los acusadores (de Jesús) fueron los círculos contemporáneos del templo y la masa que apoyaba a Barrabás".
Para el Papa resulta importante esta puntualización que hace y que corrobora lo que ya el Concilio Vaticano II proclamó retirando las acusaciones de deicidio contra los judíos que tanta persecuciones y sufrimientos ocasionaron a tan admirable pueblo durante siglos. Mateo, pues, no lo hizo bien, al menos así parece según los textos en uso.
Esas consideraciones me dan pie a mi para, con mi tema, acercarme hasta el propio San Marcos nada menos, al evangelio (10, 1-12) en el que trata del divorcio y a las puntualizaciones de Jesús que recoge, dirigidas a unos fariseos a los que acusa de "terquedaz". Dice así el propio Jesús según el evangelista: "Al principio de la creación Dios los creo hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre". De acuerdo como no podía ser de otra manera, la orden resulta tajante, "lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre". Pero observamos que el hombre no obedece siempre. ¿Obedeció Adán y Eva las órdenes de su propio Creador? ¿Se obedecen y cumplen siempre los diez mandamientos? ¿Se ha dejado de matar y de robar a lo largo de los siglos?.
También vemos que Jesús explica que unidos hombre y mujer "ya no son dos, sino una misma carne". Y así ocurre gracias a Dios tantas veces, aunque no todas por desgracia. Efectuada la promesa matrimonial, lo vemos tan a menudo, hombre y mujer siguen siendo dos muy notoriamente, no solo porque desde el principio hicieron separación de bienes, sino también de intenciones, actitudes y comportamiento. La orden de Jesús no se ha cumplido. La unión no se ha realizado en tantos casos e incluso cuando ha sido así, cuando la unión sí se efectuó, uno u otro o quizá los dos, la rompen tan frecuentemente. Es decir, no obedecieron el mandato de Cristo, tan claramente expuesto. Porque Cristo no dijo según San Marcos que la unión era irrompible, inseparable, sino que no fuera separada, rota por el hombre; bien claro está en el evangelio.
Dicho lo dicho digo ahora que doctores tiene la Santa Madre Iglesia que me sabrán responder como antes aprendíamos. Los intrígulis de la Teología pueden resultar laberínticos para un lego, pero considerado el tema como lo he hecho y atendiendo a lo que me dicta mi conciencia y entendimiento, debo añadir que el problema de las rupturas matrimoniales y sus consecuencias y derivaciones, debe de sacarse de la jurisdicion de los Tribunales en el que los doctores de la Iglesia tratan de brujulear (¿inquisitorialmente?) en las conciencias de los cristianos para dictar sentencias bienintencionadas, pero no sé si siempre acertadas como humanos que son. Los católicos tienen la confesión y, finalmente, el juició de Dios mismo. Con eso se arregla el cristiano para zanjar sus otros problemas morales algunos quizá muy graves, ¿por qué no los que puedan surgir del matrimonio en el que en tantas ocasiones alguna de las partes no es culpable de nada, sinó víctima únicamente?.
Próximo a publicarse -el próximo día 10 exáctamnente- la segunda parte de su obra, "Jesús de Nazaret", leo que con motivo de la exoneración de los judios de la muerte de Jesús por parte de la Iglesia, el Sumo Pontífice en su obra corrige al propio evagelista San Mateo cuando afirma que "todo el pueblo" (el judío, claro) pidió la crucifixión de Cristo. El Papa, tajante, asegura que con esta frase "no se expresa un hecho histórico". Y se pregunta: "¿Cómo habría podido todo el pueblo estar presente en ese momento para pedir la muerte de Jesús?" para asegurar a continuación que la verdad de lo ocurrido lo expresan mejor el evangelista Juan y, sobre todo, con más detalle Marcos, lo que da pie al Pontífice para afirmar categóricamente que "El verdadero grupo de los acusadores (de Jesús) fueron los círculos contemporáneos del templo y la masa que apoyaba a Barrabás".
Para el Papa resulta importante esta puntualización que hace y que corrobora lo que ya el Concilio Vaticano II proclamó retirando las acusaciones de deicidio contra los judíos que tanta persecuciones y sufrimientos ocasionaron a tan admirable pueblo durante siglos. Mateo, pues, no lo hizo bien, al menos así parece según los textos en uso.
Esas consideraciones me dan pie a mi para, con mi tema, acercarme hasta el propio San Marcos nada menos, al evangelio (10, 1-12) en el que trata del divorcio y a las puntualizaciones de Jesús que recoge, dirigidas a unos fariseos a los que acusa de "terquedaz". Dice así el propio Jesús según el evangelista: "Al principio de la creación Dios los creo hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre". De acuerdo como no podía ser de otra manera, la orden resulta tajante, "lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre". Pero observamos que el hombre no obedece siempre. ¿Obedeció Adán y Eva las órdenes de su propio Creador? ¿Se obedecen y cumplen siempre los diez mandamientos? ¿Se ha dejado de matar y de robar a lo largo de los siglos?.
También vemos que Jesús explica que unidos hombre y mujer "ya no son dos, sino una misma carne". Y así ocurre gracias a Dios tantas veces, aunque no todas por desgracia. Efectuada la promesa matrimonial, lo vemos tan a menudo, hombre y mujer siguen siendo dos muy notoriamente, no solo porque desde el principio hicieron separación de bienes, sino también de intenciones, actitudes y comportamiento. La orden de Jesús no se ha cumplido. La unión no se ha realizado en tantos casos e incluso cuando ha sido así, cuando la unión sí se efectuó, uno u otro o quizá los dos, la rompen tan frecuentemente. Es decir, no obedecieron el mandato de Cristo, tan claramente expuesto. Porque Cristo no dijo según San Marcos que la unión era irrompible, inseparable, sino que no fuera separada, rota por el hombre; bien claro está en el evangelio.
Dicho lo dicho digo ahora que doctores tiene la Santa Madre Iglesia que me sabrán responder como antes aprendíamos. Los intrígulis de la Teología pueden resultar laberínticos para un lego, pero considerado el tema como lo he hecho y atendiendo a lo que me dicta mi conciencia y entendimiento, debo añadir que el problema de las rupturas matrimoniales y sus consecuencias y derivaciones, debe de sacarse de la jurisdicion de los Tribunales en el que los doctores de la Iglesia tratan de brujulear (¿inquisitorialmente?) en las conciencias de los cristianos para dictar sentencias bienintencionadas, pero no sé si siempre acertadas como humanos que son. Los católicos tienen la confesión y, finalmente, el juició de Dios mismo. Con eso se arregla el cristiano para zanjar sus otros problemas morales algunos quizá muy graves, ¿por qué no los que puedan surgir del matrimonio en el que en tantas ocasiones alguna de las partes no es culpable de nada, sinó víctima únicamente?.
jueves, 17 de febrero de 2011
TODO RESUELTO
Desde que las mujeres visten pantalones -digámoslo con claridad- los culos han dejado de ser un secreto, se adivinan. No hay que ir hasta Benidorm: ese de allí es generoso, aquel demasiado escualido, el otro, sin duda, excesivo. La mayoría, compruebo, no resultan académicos. ¿Pero es que hay también una academia que clasifica las posaderas?. No exactamente, pero sí existen unas medidas clásicas, como cánones no de belleza -que de eso, como de los gustos, no hay nada escrito- sí de la normalidad. No todos van a ser como los de las "Tres Gracias" tan necesitados de unas buenas clases de pilates.
Decían los clásicos, que lo medían todo, que un hombre como es debido debe medir lo mismo que siete cabezas una encima de otra. Algunos se pasan, como Gasol y otros no llegan. En los hombros deben caber una cabeza en cada uno. ¿Y los culos?. De esos no se habla porque resulta una oredinariez y forman parte de lo que denominamos las vergüenzas. ¿Y hay que taparlas? Al menos disimularlas, sí. Los cronistas españoles de la colonización de América enfatizaban en sus crónicas que los indios las traían cubiertas, lo que no hacen todos en la actualidad, ya ven ustedes, que las muestran con descaro tanto las de cintura para abajo donde debe comenzar la honestidad, como las del alma, donde debe surgir la honradez. Y tanto unas vergüenzas como otras campan libremente y se airean tanto que ya apenas nos escandalizamos al observar su proliferación.
Hay que aceptar, sin embargo, que las que podemos tachar de vergüenzas físicas resultan poco variadas. De las otras, las del alma, las hay para todos los gustos o mejor, para todos los disgustos. Los políticos, con su vida pública no pueden ocultar su repertorio de lo más variado que, algunos, no niegan. Tal, como simple ejemplo, el de un viejo, Santiago Carrillo que, encima, no se arrepiente de nada ni siquiera de lo de Paracuellos, porque él es ateo según explicó, con lo que parece que niega hasta lo que ya los clásicos griegos sabían y hasta trataban de encontrar su aposento dentro de cada cuerpo, me refiero al alma, por lo que quien no la acepta, no la reconoce, pasa a ser directamente un desalmado, con todo lo que la palabra expresa.
En fin, no profundicemos y aligeremos el tema, vayamos a lo del principio que hoy no me quiero alejar del camino de la frivolidad. Solo una consideración sobre la conveniencia de superar la desvergüenza y, como los indios, cubrámonos, aunquer no sea más que para dar la oportunidad a que la imaginación actúe como hacían los señores antiguos cuando se recreaban viendo pasar a las damas. Y eso que en vez de pantalones ajustados, portaban miriñaques, con lo que el esfuerzo de la imaginación tenía que ser grande. No como ahora que te lo dan todo resuelto.
Decían los clásicos, que lo medían todo, que un hombre como es debido debe medir lo mismo que siete cabezas una encima de otra. Algunos se pasan, como Gasol y otros no llegan. En los hombros deben caber una cabeza en cada uno. ¿Y los culos?. De esos no se habla porque resulta una oredinariez y forman parte de lo que denominamos las vergüenzas. ¿Y hay que taparlas? Al menos disimularlas, sí. Los cronistas españoles de la colonización de América enfatizaban en sus crónicas que los indios las traían cubiertas, lo que no hacen todos en la actualidad, ya ven ustedes, que las muestran con descaro tanto las de cintura para abajo donde debe comenzar la honestidad, como las del alma, donde debe surgir la honradez. Y tanto unas vergüenzas como otras campan libremente y se airean tanto que ya apenas nos escandalizamos al observar su proliferación.
Hay que aceptar, sin embargo, que las que podemos tachar de vergüenzas físicas resultan poco variadas. De las otras, las del alma, las hay para todos los gustos o mejor, para todos los disgustos. Los políticos, con su vida pública no pueden ocultar su repertorio de lo más variado que, algunos, no niegan. Tal, como simple ejemplo, el de un viejo, Santiago Carrillo que, encima, no se arrepiente de nada ni siquiera de lo de Paracuellos, porque él es ateo según explicó, con lo que parece que niega hasta lo que ya los clásicos griegos sabían y hasta trataban de encontrar su aposento dentro de cada cuerpo, me refiero al alma, por lo que quien no la acepta, no la reconoce, pasa a ser directamente un desalmado, con todo lo que la palabra expresa.
En fin, no profundicemos y aligeremos el tema, vayamos a lo del principio que hoy no me quiero alejar del camino de la frivolidad. Solo una consideración sobre la conveniencia de superar la desvergüenza y, como los indios, cubrámonos, aunquer no sea más que para dar la oportunidad a que la imaginación actúe como hacían los señores antiguos cuando se recreaban viendo pasar a las damas. Y eso que en vez de pantalones ajustados, portaban miriñaques, con lo que el esfuerzo de la imaginación tenía que ser grande. No como ahora que te lo dan todo resuelto.
viernes, 4 de febrero de 2011
LOS LEJANOS BENEFICIOS
Uno de economía sabe más bien poco. Lo que mejor sabe hacer es gastar, aunque conoce el acierto de un refrán que le enseñó una vieja que a fuerza de ahorrar se hizo rica: "No hay mejor lotería que una buena economía", decía. Ahí esta el quid de la cuestión, saber y poder encontrar el verdadero camino que conduce a esa buena economía. Nuestro Gobierno está en ello y parece ser que siguiendo las órdenes de Bruselas vía la Merkel y Sarkozi, y en un principio hasta atendiendo la admonición del mismo Obama, disfrazada, claro, con la elegancia que puede otorgar la lejanía, está consiguiendo el beneplácito de los que mandan.
Hasta ahora este desgobierno que tenemos, para ahorrar se mete con los viejecitos que no pueden ni chillar y les siembra el camino, sin duda ya corto, de rebajas y de inconvenientes que les hará más difícil su existencia. Pero es que son muchos esos viejecitos y pocos los trabajadores que cotizan, parece ser la justificación que esgrimen. Y ahí vuelve a estar el quid de la cuestión: los casi cinco millones de parados a los que están dejando al parecer inermes, indefensos en verdad hasta no se sabe cuando. A la Merkel, a Bruselas les importa más bien poco las angustias privadas. Uno observa a las granes empresas españolas avanzar viento en popa por esos mundos de Dios y se alegra de verdad. ¿Pero y esas tachadas de pequeñas y medianas empresas que forman el verdadero tejido laboral del país? Esas, las PYMES, se encuentran olvidadas cuando son las verdaderas necesitadas de ayuda y las que en realidad proporcionarían puestos de trabajo en abundancia como ocurría antes de que el PSOE con Rodríguez a la cabeza, tomara las riendas del poder y, con sus negativas de lo patente, ocasionara el estropicio que nos aflige.
Verdaderamente hay que decir que el problema real lo constituye el propio Gobierno y profundizando en el tema debemos extender esa consideración a los políticos en general, tan mal valorados en las encuestas. Está claro que los partidos por un lado esgrimen sus ideologías, entendámonos, sus intereses de partido, tratando por el otro de que el pueblo, quizá un tanto narcotizado, crea que está representado por ellos, los políticos esos tan limitados. Así van las cosas.
Ahora también mira ese desgobierno a las Cajas de Ahorros, esos entes financieros que eran muy útiles cuando se crearon y terminaban con la coletilla de Monte de Piedad tan socorrido para el muy necesitado que, sin propiedades de fuste con que garantizar un préstamo, entregaba por ejemplo al acabar el invierno su abrigo que ya no necesitaba y que pasaría a recogerlo cuando los fríos asomaran de nuevo por el horizonte, previo abono, naturalmente, de lo prestado. Ahora ya no admiten esas bagatelas, ahora las Cajas son más importantes y algunas al notar que se fijaban demasiado en ellas, se transforman en bancos corrientes y molientes, pero más respetados. Tal la Caixa de Barcelona que dentro de muy poco pasará a llamarse Caixa Bank, sin la o de banco y con la k de kilo, en inglés, para entendernos mejor. Porque en Cataluña por lo que se ve, los letreros se pueden poner en inglés, pero no en castellano, que te multan.
En fin yo -que ya dije no soy entendido en economía- no sé en que va a consistir el beneficio con que socorrer las necesidades perentorías, las de hoy y las de mañana de los parados, porque el 2027 que ponen como meta del "beneficio" de lo de las pensiones, coge un poco alejado para los que tienen hambre hoy mismo. Si sé que estos arreglos que califican de estructurales, son al parecer necesarios y por eso sin duda, son muy bien acogidos y exigidos por los que mandan en la Unión Europea, porque España no es Grecia, ni Irlanda ni Portugal, España es grande y su rescate, dicen, pondría en peligro al euro y a la Unión misma. Que España es grande, ya nos lo dijo Franco. Una, grande y libre se decía en aquel entonces. Grande parece seguir siéndolo fijándonos en el temor de la Merkel y compañía; una ya no, ahora son o serán si continúan en sus poltronas los que mandan 17 miniespañas como algunos temen, y libre tampoco parece demasiado con Bruselas al tanto siempre ojo avizor. En fin, es lo que nos ha tocado en suerte. Los parados que descansen mientras tanto y piensen que cuando les llegue la edad de su jubilación será peor todavía.
Hasta ahora este desgobierno que tenemos, para ahorrar se mete con los viejecitos que no pueden ni chillar y les siembra el camino, sin duda ya corto, de rebajas y de inconvenientes que les hará más difícil su existencia. Pero es que son muchos esos viejecitos y pocos los trabajadores que cotizan, parece ser la justificación que esgrimen. Y ahí vuelve a estar el quid de la cuestión: los casi cinco millones de parados a los que están dejando al parecer inermes, indefensos en verdad hasta no se sabe cuando. A la Merkel, a Bruselas les importa más bien poco las angustias privadas. Uno observa a las granes empresas españolas avanzar viento en popa por esos mundos de Dios y se alegra de verdad. ¿Pero y esas tachadas de pequeñas y medianas empresas que forman el verdadero tejido laboral del país? Esas, las PYMES, se encuentran olvidadas cuando son las verdaderas necesitadas de ayuda y las que en realidad proporcionarían puestos de trabajo en abundancia como ocurría antes de que el PSOE con Rodríguez a la cabeza, tomara las riendas del poder y, con sus negativas de lo patente, ocasionara el estropicio que nos aflige.
Verdaderamente hay que decir que el problema real lo constituye el propio Gobierno y profundizando en el tema debemos extender esa consideración a los políticos en general, tan mal valorados en las encuestas. Está claro que los partidos por un lado esgrimen sus ideologías, entendámonos, sus intereses de partido, tratando por el otro de que el pueblo, quizá un tanto narcotizado, crea que está representado por ellos, los políticos esos tan limitados. Así van las cosas.
Ahora también mira ese desgobierno a las Cajas de Ahorros, esos entes financieros que eran muy útiles cuando se crearon y terminaban con la coletilla de Monte de Piedad tan socorrido para el muy necesitado que, sin propiedades de fuste con que garantizar un préstamo, entregaba por ejemplo al acabar el invierno su abrigo que ya no necesitaba y que pasaría a recogerlo cuando los fríos asomaran de nuevo por el horizonte, previo abono, naturalmente, de lo prestado. Ahora ya no admiten esas bagatelas, ahora las Cajas son más importantes y algunas al notar que se fijaban demasiado en ellas, se transforman en bancos corrientes y molientes, pero más respetados. Tal la Caixa de Barcelona que dentro de muy poco pasará a llamarse Caixa Bank, sin la o de banco y con la k de kilo, en inglés, para entendernos mejor. Porque en Cataluña por lo que se ve, los letreros se pueden poner en inglés, pero no en castellano, que te multan.
En fin yo -que ya dije no soy entendido en economía- no sé en que va a consistir el beneficio con que socorrer las necesidades perentorías, las de hoy y las de mañana de los parados, porque el 2027 que ponen como meta del "beneficio" de lo de las pensiones, coge un poco alejado para los que tienen hambre hoy mismo. Si sé que estos arreglos que califican de estructurales, son al parecer necesarios y por eso sin duda, son muy bien acogidos y exigidos por los que mandan en la Unión Europea, porque España no es Grecia, ni Irlanda ni Portugal, España es grande y su rescate, dicen, pondría en peligro al euro y a la Unión misma. Que España es grande, ya nos lo dijo Franco. Una, grande y libre se decía en aquel entonces. Grande parece seguir siéndolo fijándonos en el temor de la Merkel y compañía; una ya no, ahora son o serán si continúan en sus poltronas los que mandan 17 miniespañas como algunos temen, y libre tampoco parece demasiado con Bruselas al tanto siempre ojo avizor. En fin, es lo que nos ha tocado en suerte. Los parados que descansen mientras tanto y piensen que cuando les llegue la edad de su jubilación será peor todavía.
jueves, 3 de febrero de 2011
CON MARCHA ATRÁS
Eran los primeros años 40 del siglo pasado. Nuestra Guerra Incivil había acabado y la Guerra Mundial y Despiadada no había terminado. España, como era neutral, no sufría ya de bombazos y muertes, solo la necesidad hacía mella en los sufridos españolitos, testigos mudos y resignados de lo que acontecía pasados los Pirineos. Pero había humor gracias a Dios para imaginarse tiempos mejores, aunque esa mejoría fuera solo la ilusión de unos pobres que con poco se resignaban. Se cantaba entonces una canción que delataba la verdad de la situación. Decía así: "En el año 45/ según dicen los profetas/ será el año de la paz/volverán las vacas gordas/ los huevos a peseta y muchas cosas más..." En mi Santander, después del incendio del 41 que la asoló, se oían las campanadas del reloj de una iglesia -la de los jesuitas exactamente- que entonaba una muy bonita melodía religiosa, pero sin letra. La letra se la puso la gente de entonces que se sostenía únicamente con el racionamiento que daban cada lunes; una gente aquella creyente y esperanzada al menos en la Virgen y que le cantaba: "Del cielo ha bajado la madre de Dios/ a traernos patatas, azúcar y arroz". Y que se remataba: "Danos, danos, danos pan blanco..."
Y el milagro pedido con humor fue llegando, aunque lo hacía con cierta lentitud. En el 45 ya no se oía el eco de bomba alguna, pero las vacas siguieron flacas un tiempo más. La historia de los acontecimientos está ya en la memoria de todos y con ellos en el recuerdo aquí nos hemos plantado, en el 2011 nada menos que para mí tiene resonancias de futuro. Y nos encontramos con las vacas que no es que hayan enflaquecido demasiado este último par de años, pero que sí se las ve un tanto desmejoradas porque, en realidad, este supuesto viaje al futuro que hemos hecho, con muchas paradas, interrupciones y algún sobresalto que todo hay que decirlo, parece que nos está intruciéndo en un tunel, quizá en una especie de viaje al pasado en el que espero que no haya que pedirle a la Virgen patatas, azúcar y arroz, pero en el que, desde luego, no surge por lo que se ve, ningún profeta creible que augure tiempos de bonanza como en aquel 1940 de las bombas y el racionamiento. Es decir, nos falta hasta la ilusión, por lo que ahora parece que hay que ir a buscarla a la industriosa y desciplinada Alemania que nos la brinda y nos pide técnicos y personal cualificado. En fin la emigración de nuevo, España país de emigrantes, así hicimos América. Vaya consuelo. Y ya que estamos con canciones, cantemos una que por desgracia viene a cuento: "Adios mi patria querida, dentro de mi alma te llevo metida/ y aunque soy un emigrante jamás en la vida podré olvidarle..."
Y el milagro pedido con humor fue llegando, aunque lo hacía con cierta lentitud. En el 45 ya no se oía el eco de bomba alguna, pero las vacas siguieron flacas un tiempo más. La historia de los acontecimientos está ya en la memoria de todos y con ellos en el recuerdo aquí nos hemos plantado, en el 2011 nada menos que para mí tiene resonancias de futuro. Y nos encontramos con las vacas que no es que hayan enflaquecido demasiado este último par de años, pero que sí se las ve un tanto desmejoradas porque, en realidad, este supuesto viaje al futuro que hemos hecho, con muchas paradas, interrupciones y algún sobresalto que todo hay que decirlo, parece que nos está intruciéndo en un tunel, quizá en una especie de viaje al pasado en el que espero que no haya que pedirle a la Virgen patatas, azúcar y arroz, pero en el que, desde luego, no surge por lo que se ve, ningún profeta creible que augure tiempos de bonanza como en aquel 1940 de las bombas y el racionamiento. Es decir, nos falta hasta la ilusión, por lo que ahora parece que hay que ir a buscarla a la industriosa y desciplinada Alemania que nos la brinda y nos pide técnicos y personal cualificado. En fin la emigración de nuevo, España país de emigrantes, así hicimos América. Vaya consuelo. Y ya que estamos con canciones, cantemos una que por desgracia viene a cuento: "Adios mi patria querida, dentro de mi alma te llevo metida/ y aunque soy un emigrante jamás en la vida podré olvidarle..."
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