El olvido es la cesación de la memoria que se tenía, lo que tantas veces se debe a la pérdida del afecto. Ahora parece que se ha olvidado a un personaje imprescindible, cumbre en la investigación y crítica literaria, filosófica e histórica. Un sabio que puso todos sus conocimientos vastísimos al servicio de España, construyendo para siempre nuestra historia espiritual. Me refiero a don Marcelino Menéndez y Pelayo, imprescindible para conocer nuestro pasado y del que precisamente ahora se cumplen cien años de su fallecimiento. Pero su obra no ha muerto y a ella debemos acudir si queremos conocernos mejor. Ahí está "La Ciencia Española", un catálogo formidable de científicos negados en algunos sectores, porque toda su obra está dirigida a valorar la enorme importancia que el espíritu español ha tenido en la historia del mundo. Recordemos también a "La Historia de las ideas estéticas en España" y sobre todo la sorprendente "Historia de los heteredoxos españoles". A ella quería yo llegar, porque quizá las ideas allí expuestas adquieren sorprendente actualidad. Se asegura que la grandeza de España radica precisamente en la unidad. Y fijándose en ella escribe con la fuerza y la rotundidez que caracteriza a todos sus escritos: "Dios nos concedió la victoria y premio a nuestro esfuerzo perseverante, dándonos el destino más alto entre todos los destinos de la historia humana: el de completar el plantea, el de borrar los antiguos linderos del mundo". Y se regodea: "¡Dichosa edad aquella, de prestigios y maravillas, edad de juventud y de robusta vida! España era o se creía, el pueblo de Dios". Y así destacando nuestro quehacer, ("nada parecía imposible a aquellos hombres") se recrea cantando a tan sorprendentes triunfos, que basa, en gran parte, en nuestra raíz espiritual cristiana siempre destacada en la obra de don Marcelino y que, en aquella época, era innegable. Acaso el olvido de su aniversario sea más que nada una pretendida negación de sus ideas conservadoras y religiosas no muy de moda entre tantos de los ahora tachados de intelectuales.
Pero mal que pese a tantos que clasifican a nuestras personalidades, verdaderas cumbres muchas de ellas, según las tendencias de su pensamiento actual, a Menéndez Pelayo hay que acudir para saber con profundidad la verdad de nuestro pasado, cuando España era "evangelizadora de la mitad del mundo" y "martillo de herejes". Y completaremos la visión del discurrir de nuestro pueblo acudiendo también, solo así, a las obras que nos brindan otras lumbreras de cada momento, independientemente de sus tendencias. Además resulta un auténtico disfrute el recorrido. Fijémonos en otro gigante de la época, Angel de Ganivet que nos da una lección muy aprovechable para los momentos en que vivimos. Aparece en su obra "Idearium" y dice: "Una restauración de la vida entera de España no puede tener otro punto de arranque que la concentración de nuestras energías dentro de nuestro territorio". Porque él pregonaba la necesidad de una "reconstitución interior" a la vez que nos recuerda que nuestro espíritu de españoles se encierra en el misticismo, muy claro, creo, en los siglos XVI y XVII e incluso hasta el XIX y "en la dignidad con que soportamos la adversidad que califica de estoicismo aunque puntualiza al referirse al "estoicismo natural y humano de Séneca", ese con el que Ganivet aconseja que "ante los hechos mezquinos que forman la trama del diario vivir" hay que mantenerse " firme y erguido que al menos se pueda decir siempre de ti que eres un hombre".
Y siguiendo el interesante camino iniciado en el rastreo de nuestro pasado, nos topamos con un Joaquín Costa que viene a abundar en las ideas de la "reconstitución nacional" ya citadas, y que desde su inneglable y profundo espíritu patriótico pide la reorganización económica, se ocupa de la educación y solicitando el abandono de todo posible sueño imperialista, lanza su famoso consejo: "Despensa, escuela y siete llaves al sepulcro del Cid".
Y en el recorrido en que nos hemos enfrascado, llegamos hasta casi el final del XIX y nos topamos con el Noventa y Ocho en el que no tuvimos necesidad de abandonar las ideas imperialistas, ya que nos las arrebataron como parecía ineludible dada nuestra situación. Pero nació una Generación que reaccinó saludablemente a la conmoción sufrida y que nos brindó, además de sus indudables éxitos literarios, unas ideas nuevas sobre España que enseñaron a considerar nuestra autenticidad y nuestros valores. Unamuno, Machado, Azorín, Baroja... nos destacaron la belleza de nuestros paisajes y desempolvaron otras riquezas artísticas muy nuestras, a la vez que nacía una interesante intento de europeizción.
Y con todo, rescatado ya del olvido Menéndez y Pelayo, mi primer propósito y recogidos los sabios consejos que también ofrecieron personajes ilustres como Ganivet, Costa y la interesante Generación del Noventa y Ocho, acerquémonos para acabar a otro personaje, el nicaragüense Rubén Darío, poeta, el más importante sin duda de su época, que también nos da un consejo muy a propósito para los tiempos que estamos viviendo en que se hace tan necesario no decaer sino seguir siempre: "Y que bogue entre las olas espumantes,/y bogue la galera, que yo he visto/como son las tormentas de inconstantes/que la Raza está en pie y el brazo listo..."
sábado, 13 de octubre de 2012
sábado, 22 de septiembre de 2012
LA HONRADEZ HISTÓRICA Y LA ACTUALIDAD
Si digo que España ha pagado muy cara su honradez histórica, algunos soltarán una carcajada, otros tan solo se sonreirán despectivamente y algunos, espero, frunciendo un poco el ceño, quizá esbocen un cierto gesto de curiosidad. Para ellos repetiré como inicio de mi razonamiento lo que, más menos, escribí ya hace unos tres años. Dije entonces al echar una mirada al pasado que el Descubrimiento y la labor desarrollada en América fue "nuestra gran aportación a la Historia" y añadía que "el precio que España pagó al ocuparse durante siglos de aquellas tierras que íbamos introduciendo en la Historia fue que nuestros campos y ciudades se despoblaron, mientras nos alejábamos de las nuevas tendencias que se iniciaban en Europa, nuestro entorno. Aunque, hay que decirlo, esas tendencias que surgían, paradójicamente se iniciaban por influencia de lo que nosotros realizábamos nada menos en la otra orilla del Oceano. Me refiero al nacimiento del mercantilismo con la nueva consideración del dinero como signo y fuente de riqueza. España traía de América metales preciosos y se enriquecía, pero el resto de Europa, para conseguirlo, tuvo que echar mano de la exportación y por tanto de la creación de fuentes de riqueza, en resumidas cuentas, se hizo más productiva. Ya España en el XVII lanzó la alarma del peligro que corrían nuestra fábricas y telares desbordadas por la competencia del exterior a pesar de establecer un rigor aduanero mayor. Este fue un precio que pagó España por ser primera potencia y haber agrandado el mundo, a la vez, dijimos,que se despoblaban nuestro campos.
Luego llegó la Reforma protestante y esa primera potencia que era nuestra patria, tuvo que tomar partido y no pudo ser otro estando Carlos I en el Trono que el de la Contrarreforma en la que se empeñó con argumentos y con las armas. Salvó a media Europa con más ahinco que el propio Papado, pero como contrapartida se encerró en sus propios argumentos exagerandolos sin duda, cerrando las fronteras a los nuevos pensamientos e ideas que con el transcurso del tiempo fueron apareciendo en el Continente. Desde el principio, Lutero y Calvino, actualizando las ideas de San Pablo, proclamaron como una nueva consigna de obligado cumplimento que el que no trabajara no tendría derecho a comer. Aquí, casi a la vez, se afianzaba el misticismo, doctrina religiosa y filosófica que enseña la comunicación tan deseada y beneficiosa, repito, beneficiosa, inmediata y directa del hombre con la Divinidad, pero que -hay que decirlo- cuando es a costa de negar todas las obligaciones que como humanos creados por Dios tenemos, resulta perjudicial para el individuo, las familias y sin duda, para la sociedad e, incluso, la nación.
España, país de apasionados. "He aquí unos hombres que quisieron ser demasiado", según nos definía Nietzsche. Y fuimos mucho en muchos sentidos e, incluso, exageramos en diversos momentos hasta que el cansancio llegó, aunque -no hay que olvidarlo- quedaran fuerza y ánimo suficientes para no perder el tren del progreso que tomamos en marcha, sí. España,la de los frutos tardíos, pero que los conseguía y de calidad óptima. Y ha pasado el tiempo hasta que desembocamos en una actualidad, ésta que soportamos, en la que la confusión y la duda imperan, mientras el pesimismo se instala. Con el tren del tiempo imparable dudamos sobre el camino a seguir.
Y en esas estamos los apasionados de siempre que quisieron ser demasiado, exagerando nuestras sin duda grandes calamidades de hoy, como si no hubieramos remontado con éxito peores momentos tantas veces. Los viejos del lugar podrían enumerarlos, Escuchémosles, nos darán ánimos para proseguir con la enegía de otros momentos.
Luego llegó la Reforma protestante y esa primera potencia que era nuestra patria, tuvo que tomar partido y no pudo ser otro estando Carlos I en el Trono que el de la Contrarreforma en la que se empeñó con argumentos y con las armas. Salvó a media Europa con más ahinco que el propio Papado, pero como contrapartida se encerró en sus propios argumentos exagerandolos sin duda, cerrando las fronteras a los nuevos pensamientos e ideas que con el transcurso del tiempo fueron apareciendo en el Continente. Desde el principio, Lutero y Calvino, actualizando las ideas de San Pablo, proclamaron como una nueva consigna de obligado cumplimento que el que no trabajara no tendría derecho a comer. Aquí, casi a la vez, se afianzaba el misticismo, doctrina religiosa y filosófica que enseña la comunicación tan deseada y beneficiosa, repito, beneficiosa, inmediata y directa del hombre con la Divinidad, pero que -hay que decirlo- cuando es a costa de negar todas las obligaciones que como humanos creados por Dios tenemos, resulta perjudicial para el individuo, las familias y sin duda, para la sociedad e, incluso, la nación.
España, país de apasionados. "He aquí unos hombres que quisieron ser demasiado", según nos definía Nietzsche. Y fuimos mucho en muchos sentidos e, incluso, exageramos en diversos momentos hasta que el cansancio llegó, aunque -no hay que olvidarlo- quedaran fuerza y ánimo suficientes para no perder el tren del progreso que tomamos en marcha, sí. España,la de los frutos tardíos, pero que los conseguía y de calidad óptima. Y ha pasado el tiempo hasta que desembocamos en una actualidad, ésta que soportamos, en la que la confusión y la duda imperan, mientras el pesimismo se instala. Con el tren del tiempo imparable dudamos sobre el camino a seguir.
Y en esas estamos los apasionados de siempre que quisieron ser demasiado, exagerando nuestras sin duda grandes calamidades de hoy, como si no hubieramos remontado con éxito peores momentos tantas veces. Los viejos del lugar podrían enumerarlos, Escuchémosles, nos darán ánimos para proseguir con la enegía de otros momentos.
miércoles, 19 de septiembre de 2012
DOS VISIONES DE LA REALIDAD EUROPEA
Los obstáculos
Ojalá acierte Rajoy en ese complicado camino que se ve obligado a seguir. No ha tenido suerte el hombre con su llegada a la presidencia. El panorama asusta. Lo que encontró dentro del país ha sido demasiado y las respuestas de Europa parecen dudosas y son lentas. España y también Italia con su deuda enorme auque con menos paro, tendrán, se dice, ayuda si la piden, serán rescatadas hablando con claridad. Pero ¿qué rescate es ese que por exigir unas condiciones muy duras debilitarían más aún las renqueantes economías de los dos países? Quizá por eso Rajoy se resiste, ratrasa al menos lo que puede esa solicitud de ayuda que ofrecen ahora. No obstante todo esto y es lo grave, según parece, es la única salida a la vista, porque la recuperación en solitario se juzga impensable.
Y los economistas, esos señores que tanto pontifican aunque no acierten la mayoría de las veces, aconsejan que la petición del rescate se haga cuanto antes, aún con la seguridad de que al menos a corto plazo, se continuará con el deterioro económico. Pero todavía el problema se agiganta más, ya que las reformas tan necesarias que se llevan a cabo, solo a la larga mejorarán la productividad. A la corta, en la actualidad, agravan la crisis, lo que a la vez lleva a disminuir más la demanda y se impide el surgimiento de la oferta. Con ello el consumo no crece y la creación de empleo habrá que dejarla para mejor ocasión.
Y Alemania, mientras tanto, con su tema: reducción del deficit comercial aunque la lógica diga que todos no podrán alcanzar ese superavit deseado. Creo que habrá alguna norma comercial que señale que para que alguno disfrute de superavit, otro, al menos, tendrá que soportar un deficit en sus intercambios. Con todo esto la incertudumbre se extiende en toda Europa, las ideas no está claras, tanto que hasta la CEOE habla de los problemas del euro, con lo que las incognitas se multiplican y en ese ambiente tan turbio, Rajoy debe seguir con sus difíciles equilibrios, pues no se ve otra alternativa.
______________________________-
La unión deseada
A pesar de todo Europa está unida con el euro como estandarte principal, que la economía manda, no las ideas ya tan uniformes ni las creencias, olvidadas al menos públicamente. Somos europeos, queremos serlo dicen, necesitamos serlo parece para enfrentarnos con alguna personalidad aceptable a la avalancha que se pronostica de los ojos oblícuos, de la China imparable.
Parece que no hay inconvenientes insalvables a pesar de las apariencias para que esa unión se afiance. Solo la economía manda, pero hay que embridarla y en eso estamos empeñados. Importa lo que tienes, no lo que eres, además somos bastante idénticos losde arriba y los de abajo, los del norte y los del sur digan lo que digan las encuestas y otros comenarios. Es la aldea global donde como siempre ocurrió en las aldeas el dinero, únicamente el dinero marca las diferencias, es decir, las sonrisas y los desprecios, la presunción en fin, pero en este caso a nivel continental.
Un continente por otro lado, hay que reconocerlo, que por mucho que se estire resulta, eso sí, poco más que una aldea a la hora de compararlo y de enfrentarse con la avalancha china e, incluso, india que también surge, anuncian, con ímpetu a pesar de su pueblo pobre, hundido en y por unas creencias que en vez de elevarlo le han sumergido, siglo tras siglo, en el hoyo oscuro de lo incomprensible.
Pero no hay deciamos inconvenientes insalvables, para esa unión europea. España la quiere, la quiso desde que con la Transición pudo normalizarse con el mejor y más natural remedio: proclamendo su realidad histórica y geográfica. No como ocurría en el siglo XVIII en que la apertura a Europa costó lo suyo, tantos "motines de Esquilache" después de que nustro país, con los Austrias en el Trono y el poderío militar incuestionable en el mundo, pretendió con la Contrarreforma, restablecer la unidad religiosa en Europa con un ahinco no igualado ni por en Papado siempre más atento a la seguridad de sus estados que a otra cosa. Esa Contrarreforma con tanta fuerza llevada a cabo que hasta las fronteras europeas del pensamiento se cerraron para no contaminarnos con ellas.
Ahora no, ya estamos contaminados o enriquecidos. Las ideas, los gustos, las modas, de sur a norte, de este a oeste son las mismas. El descreimiento nos une y solo nos podría separar la economía, las deudas, como a cualquier hijo de vecino para codearse con los importantes.
Sin embargo, hay que sañalar que esos países pujantes, esas naciones más ricas ahora, no tolerarán la ausencia de países como España e Italia. Sin ellas, esa Unión Europea no estaría completa y marcharía cojeando y con dos flancos abiertos en el intento de soportar la avalancha asiática que se avecina.
Ojalá acierte Rajoy en ese complicado camino que se ve obligado a seguir. No ha tenido suerte el hombre con su llegada a la presidencia. El panorama asusta. Lo que encontró dentro del país ha sido demasiado y las respuestas de Europa parecen dudosas y son lentas. España y también Italia con su deuda enorme auque con menos paro, tendrán, se dice, ayuda si la piden, serán rescatadas hablando con claridad. Pero ¿qué rescate es ese que por exigir unas condiciones muy duras debilitarían más aún las renqueantes economías de los dos países? Quizá por eso Rajoy se resiste, ratrasa al menos lo que puede esa solicitud de ayuda que ofrecen ahora. No obstante todo esto y es lo grave, según parece, es la única salida a la vista, porque la recuperación en solitario se juzga impensable.
Y los economistas, esos señores que tanto pontifican aunque no acierten la mayoría de las veces, aconsejan que la petición del rescate se haga cuanto antes, aún con la seguridad de que al menos a corto plazo, se continuará con el deterioro económico. Pero todavía el problema se agiganta más, ya que las reformas tan necesarias que se llevan a cabo, solo a la larga mejorarán la productividad. A la corta, en la actualidad, agravan la crisis, lo que a la vez lleva a disminuir más la demanda y se impide el surgimiento de la oferta. Con ello el consumo no crece y la creación de empleo habrá que dejarla para mejor ocasión.
Y Alemania, mientras tanto, con su tema: reducción del deficit comercial aunque la lógica diga que todos no podrán alcanzar ese superavit deseado. Creo que habrá alguna norma comercial que señale que para que alguno disfrute de superavit, otro, al menos, tendrá que soportar un deficit en sus intercambios. Con todo esto la incertudumbre se extiende en toda Europa, las ideas no está claras, tanto que hasta la CEOE habla de los problemas del euro, con lo que las incognitas se multiplican y en ese ambiente tan turbio, Rajoy debe seguir con sus difíciles equilibrios, pues no se ve otra alternativa.
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La unión deseada
A pesar de todo Europa está unida con el euro como estandarte principal, que la economía manda, no las ideas ya tan uniformes ni las creencias, olvidadas al menos públicamente. Somos europeos, queremos serlo dicen, necesitamos serlo parece para enfrentarnos con alguna personalidad aceptable a la avalancha que se pronostica de los ojos oblícuos, de la China imparable.
Parece que no hay inconvenientes insalvables a pesar de las apariencias para que esa unión se afiance. Solo la economía manda, pero hay que embridarla y en eso estamos empeñados. Importa lo que tienes, no lo que eres, además somos bastante idénticos losde arriba y los de abajo, los del norte y los del sur digan lo que digan las encuestas y otros comenarios. Es la aldea global donde como siempre ocurrió en las aldeas el dinero, únicamente el dinero marca las diferencias, es decir, las sonrisas y los desprecios, la presunción en fin, pero en este caso a nivel continental.
Un continente por otro lado, hay que reconocerlo, que por mucho que se estire resulta, eso sí, poco más que una aldea a la hora de compararlo y de enfrentarse con la avalancha china e, incluso, india que también surge, anuncian, con ímpetu a pesar de su pueblo pobre, hundido en y por unas creencias que en vez de elevarlo le han sumergido, siglo tras siglo, en el hoyo oscuro de lo incomprensible.
Pero no hay deciamos inconvenientes insalvables, para esa unión europea. España la quiere, la quiso desde que con la Transición pudo normalizarse con el mejor y más natural remedio: proclamendo su realidad histórica y geográfica. No como ocurría en el siglo XVIII en que la apertura a Europa costó lo suyo, tantos "motines de Esquilache" después de que nustro país, con los Austrias en el Trono y el poderío militar incuestionable en el mundo, pretendió con la Contrarreforma, restablecer la unidad religiosa en Europa con un ahinco no igualado ni por en Papado siempre más atento a la seguridad de sus estados que a otra cosa. Esa Contrarreforma con tanta fuerza llevada a cabo que hasta las fronteras europeas del pensamiento se cerraron para no contaminarnos con ellas.
Ahora no, ya estamos contaminados o enriquecidos. Las ideas, los gustos, las modas, de sur a norte, de este a oeste son las mismas. El descreimiento nos une y solo nos podría separar la economía, las deudas, como a cualquier hijo de vecino para codearse con los importantes.
Sin embargo, hay que sañalar que esos países pujantes, esas naciones más ricas ahora, no tolerarán la ausencia de países como España e Italia. Sin ellas, esa Unión Europea no estaría completa y marcharía cojeando y con dos flancos abiertos en el intento de soportar la avalancha asiática que se avecina.
miércoles, 11 de julio de 2012
EL BILBAO Y EL BARCELONA
Con los impresentables, tantos, hay un problema de concepto: no responden ni obedecen al diccionario que los define tan solo como no dignos de presentarse o de ser presentados. Pero como esos impresentables perdieron el sentido de lo digno lo hacen, se presentan y aparecen por todas partes con el agravante muchas veces de que dependemos de ellos y hasta que dirigen o interfieren en nuestras vidas. Otras, al menos, resultan tan molestos y hasta agresivos que resulta difícil resistirlos. De estos últimos hemos podido contarlos en Madrid por miles. Vascos y catalanes, cerca de cuarenta mil según dicen que azuzados por los políticos -auténticos impresentables todos ellos- vinieron a Madrid a agredirnos con silvidos y gritos, con motivo del partido de futbol entre el Barcelona y el Bilbao, ofreciendo el contrasentido de que tanto desprecio y rechazo como querían mostrar hacia España, chocaba con su deseo, también ruidosamente manifestasdo, de querer ganarse la copa del Campeonato de la España que fingían rechazar y que era donada por el Rey.
Cerca de ellos otro tipo de impresentables no tan agresivos, pero que con las ideas confusas de que eran capaces, se atrevieron a tachar de fascistas a los que se oponían a aceptar tanta agresión.
Impresentables ellos, impresentables los políticos que los azuzan mientras viven de la España que dicen rechazar. La democracia en tantas ocasiones se convierte en el cobijo de los peores.
Siento decirlo.
.
martes, 8 de mayo de 2012
LAS INCÓGNITAS
España como una ecuación con dos, tres o sabe Dios cuantas incognitas. O acaso sean únicamente dudas. Solo una seguridad se le presenta al lector de periódicos y para eso no resulta muy convincente: la del Real Madrid campeón, pero un campeón con un solo antagonista de importancia, el Barcelona. Los demás -Getafe, Villarreal, Racing, Sporting, etc.- pertenecen a otra galaxia deportiva. Florentino Pérez, olvida voluntariamente a Munich y exagera el éxito en la Liga.
Pero quizá haya otra realidad tangible animando el paisaje, la que corresponde a las dos jefas madrileñas, Aguirre y Botella y que tan gráficamente nos la muestran en las fotografías que nos brindan los diarios; son dos realidades que no calificaré de palpables para evitar críticas y suspicacias, pero sí muy convincentes porque atañen precísamente a sus físicos: Ana está muy bien sostenida con la fortaleza de su muslamen tan generosamenmte expuesto y Esperanza, ya abuela , pero que controla, vemos, la exposición de unas piernas tan firmes todavía, lo que proporciona tranquilidad a la ciudadanía en general por la seguridad de las dos cariátides que sostienen el edificio madrileño. Aguantarán bien las acometidas de sus contrincantes.
Lo demás que vemos pertenece al intrincado mundo de la incognita tan difícil de desentrañar. Ayer nos enteramos de que Rato se nos va otra vez desaprovechando su talento tan comprobado. Rajoy y Rato son dos potencias muy próximas, pero difíciles de encajar siendo tan aprovechables las dos. La Banca exige ayuda para que continúe el sistema que nos ha llevado a la triste situación actual. ¿Quién es capaz de inventarse otro sin que la revolución nos estalle de nuevo? La verdad, la nuestra, es que el ladrillo, dicen, pesa mucho y como son demasiados, atosigan. No se sabe que hacer con ellos. Quizá intentar venderlos casi en pública subasta con la dificultad que existe para fijar un precio que resulte salvador.
Luego las autonomías que parcelan España cada una queriendo exhibir una personalidad que no tienen y entorpeciendo la implantación de las exigentes normas con que se intenta salir del atolladero. Otra dificultad, articial esta, para nuestra España. Destaquemos a las Vascongadas caídas en manos, parcilamente al menos, de un socialista de apellido Pérez, al que se le despega la corbata, sin duda por falta de uso con todo lo que ella pueda representar todavía. Y luego allá en Cataluña, Mas el presidente al que se le cayó el acento, pero que no le importa, con falta de ortografía y todo el sigue pidiendo más, más y más. Porque ellos, los catalanes, piensan sobre todo en las reivindicaciones dinerarias, el ajuste fiscal, por ejemplo. Siempre el dinero, contándolo. Si hasta para bailar cuentan, ahí tiene a la sardana, uno, dos... pasito a pasito. Y dejemos a la Andalucía irredenta ahora con Izquierda Unida añadida al tan demostrado fracaso político de sus gobiernos.
En fin, asomémonos al exterior, pero dejemos a la Grecia de hoy que sigue sin encontrar una postura adecuada casi desde que los otomanos se alejaron de ella; la división, la balcanización predomina y cuenta únicamente con el dato positivo del interés de Occidente que quiere considerarla como la frontera que nos distancie del Cercano Oriente. Y queda el resto de nuestra Europa que tanto cojea y con una Merkel que la capitanea con el ahorro como lema único, incapaz como resulta el continente entero de matizar tanta dureza. El nuevo presidente francés puede ser para algunos, ese matizador. Hollande ya lanzó el kikirikí del sempiterno gallo francés. No está Francia para tirar cohetes tampoco, pero el gallo ya se ha hecho notar y hasta la Merkel se ha puesto en guardia. Veremos que resulta. Otra incógnita sin duda esta a nivel continental.
Y pasa el tiempo. Dos, tres años, algunos señalan cinco al menos para que el horizonte se aclare A esperar pues. El que pueda, claro.
sábado, 7 de abril de 2012
HABLAREMOS DEL GOBIERNO
Me acusan de que ya no me meto con el Gobierno y efectivamente es así. Alejado Zapatero de la escena pública con sus dos buenos sueldos de por vida y alguna conferencia que pueda pronunciar por esos mundos de Dios, aunque no sea más que en países como en la Venezuela de hoy tan maltratada, donde ha conseguido que le escuchen y que le den además por su perorata nada menos que 60.000 euros, el hombre se va arreglando y gracias a Dios ya no le vemos. Ahora solo sufrimos el resultado de su inoperancia como presidente. Por eso, al Gobierno actual ni tocarlo todavía. Ya dará tiempo de lanzar el adecuado juicio cuando vayan dando algún resultado las medidas que está poniendo en práctica con la intención de arreglar el desaguisado heredado que tanto sufrimos y que es tan notorio que hasta le ha servido a Sarkozy de lema para su campaña electoral.
Tenemos a la vista, eso sí, el panorama general de esta España nuestra que parece que va saliendo de la sequía tan pertinaz como se calificaban allá por los años cuarenta las que se sufrieron entonces. En aquellos años hubo sequías y escasez de casi todo. Se salía de una guerra y había otra asolando y entenebreciendo el mundo. Ahora a la falta de lluvia que hemos sufrido se junta la gran amenaza de un hundimiento general si nos fallan las decisiones decididas por Rajoy. (Algunos agoreros del ancho mundo lo comentan). Antes era diferente, en aquellos años cuarenta ya se estaba en el fondo profundo de un hoyo que no ofrecía más solución para tratar de superarlo que escalar las empinadas paredes de la nada en busca de luz. Ahora, en cambio, hemos llegado, nos han llevado, hasta el borde de un precipicio y hay que procurar que el vértigo no nos haga precipitarnos al abismo. En realidad no sé que es peor. Antes se necesitaba esfuerzo, ahora contención.
Luego, en el amplio panorama general que decimos, siempre hay personajillos que enturbian más el ambiente. Algunos caducos en realidad, pero desagradables siempre. Me refiero al catalán Pujol siempre retorcido y complicado, con su Ferrusola y su Pujolito impertinente, que se ha destapado: quiere claramente la independencia de Cataluña. Su oscura trayectoria se ha hecho totalmente negra. Claro que más perjudiciales resultan en este momento, cuando se necesita la cooperación de todos para evitar la amenaza del precipicio, otros individuos tales como Méndez y Toxo, sindicalistas que, asombrosamente, viven del Estado al que tanto perjudican, guiados no únicamente por una ideología desprestigiada que se ha hecho tan destructiva sino también y sobre todo por miserables intereses de grupo. Y por si fuera poco y cuando más unidos debemos estar, un abispo, el de Ciudad Real, arremete en su periódico diocesano contra los recortes anunciados por el Gobierno y contra la reforma laboral como si ese fuera su adecuado campo de actuación, lo que ha obligado a Dolores de Cospedal a decir que ella "no valora las palabras de los obispos", con lo que el tal purpurado ha armado la marimorena. Todo se agrava con otros documentos también críticos con las medidas del Gobierno emitidos por la Juventud Obrera Cristiana y por la Hermandad Obrera de Acción Católica. La autoridad del cardenal Rouco Varela se hizo notar muy adecuadamente prohibiendo tales documentos, aunque los del Obispo de Ciudad Real ya son públicos y notorios.
En esas estamos, con tantos entorpeciendo el camino, con los bancos apretando los tornillos de su avaricia y muchos, demasiados, buscando el duro. Pero la primavera adorna ya los campos y nosotros cuando llegue el momento sí que hablaremos del Gobierno. ¡Faltaría más!
Tenemos a la vista, eso sí, el panorama general de esta España nuestra que parece que va saliendo de la sequía tan pertinaz como se calificaban allá por los años cuarenta las que se sufrieron entonces. En aquellos años hubo sequías y escasez de casi todo. Se salía de una guerra y había otra asolando y entenebreciendo el mundo. Ahora a la falta de lluvia que hemos sufrido se junta la gran amenaza de un hundimiento general si nos fallan las decisiones decididas por Rajoy. (Algunos agoreros del ancho mundo lo comentan). Antes era diferente, en aquellos años cuarenta ya se estaba en el fondo profundo de un hoyo que no ofrecía más solución para tratar de superarlo que escalar las empinadas paredes de la nada en busca de luz. Ahora, en cambio, hemos llegado, nos han llevado, hasta el borde de un precipicio y hay que procurar que el vértigo no nos haga precipitarnos al abismo. En realidad no sé que es peor. Antes se necesitaba esfuerzo, ahora contención.
Luego, en el amplio panorama general que decimos, siempre hay personajillos que enturbian más el ambiente. Algunos caducos en realidad, pero desagradables siempre. Me refiero al catalán Pujol siempre retorcido y complicado, con su Ferrusola y su Pujolito impertinente, que se ha destapado: quiere claramente la independencia de Cataluña. Su oscura trayectoria se ha hecho totalmente negra. Claro que más perjudiciales resultan en este momento, cuando se necesita la cooperación de todos para evitar la amenaza del precipicio, otros individuos tales como Méndez y Toxo, sindicalistas que, asombrosamente, viven del Estado al que tanto perjudican, guiados no únicamente por una ideología desprestigiada que se ha hecho tan destructiva sino también y sobre todo por miserables intereses de grupo. Y por si fuera poco y cuando más unidos debemos estar, un abispo, el de Ciudad Real, arremete en su periódico diocesano contra los recortes anunciados por el Gobierno y contra la reforma laboral como si ese fuera su adecuado campo de actuación, lo que ha obligado a Dolores de Cospedal a decir que ella "no valora las palabras de los obispos", con lo que el tal purpurado ha armado la marimorena. Todo se agrava con otros documentos también críticos con las medidas del Gobierno emitidos por la Juventud Obrera Cristiana y por la Hermandad Obrera de Acción Católica. La autoridad del cardenal Rouco Varela se hizo notar muy adecuadamente prohibiendo tales documentos, aunque los del Obispo de Ciudad Real ya son públicos y notorios.
En esas estamos, con tantos entorpeciendo el camino, con los bancos apretando los tornillos de su avaricia y muchos, demasiados, buscando el duro. Pero la primavera adorna ya los campos y nosotros cuando llegue el momento sí que hablaremos del Gobierno. ¡Faltaría más!
domingo, 1 de abril de 2012
LA MEMORIA GUARDADA
Me asalta una duda a que me lleva mi ignorancia en esto de los adelantos de la vida moderna que tanto me sorprenden: ¿qué durará más lo impreso en papel o lo captado por internet?. Lo que quiero preguntar es si mis reflexiones de cuatro años nada menos, aparecidas aquí y cobijadas en esta Horadada persistirán en esta red sorprendente por más tiempo que en su nueva presentación en papel impreso que acaban de ver la luz bautizadas ahora, "Memorias de anteayer-lo que pasó y lo que pensé". A mí, personalmente, me satisface mucho poder manosear y hojear sus más de doscientas sesenta páginas. Además, gracias a esta nueva forma corpórea casi, su eco se ha ampliado a través de las ondas radiofónicas, otro invento no tangible, pero como más antiguo quizá más comprensible para mí, además de, por otro lado, haber obtenido alguna respuesta visible y legible en la Prensa diaria. Claro que el resultado de esta llamémosla satisfacción o, si quieren, vanidad por verse atendido y elogiado en los "papeles", hasta hoy no ha sido mucho más, entre las gentes con que me codeo, que una cierta ponderación tan solo a meras cuestiones físicas: "Estas muy bien en la foto, muy natural". Pero de ir a comprar el libro, nada.
En fin, veremos dentro de dos o tres meses la difusión que haya podido alcanzar el tal libro que para mí es uno más que me satisface tener y que me da ánimo para seguir introduciéndome en mí mismo con objeto de obtener alguna reflexión aceptable y sacarla a la luz o a las luces que la técnica nos vayan ofreciendo. Hasta ahora mismo, a mi alcance, la red esta que me abre la ventana a la que me asomo y desde la que vuelo o la muy deseable y satisfactoria del papel impreso en el que siempre me he cobijado. Porque uno, que ya lleva mucho tiempo a sus espaldas, ha convivido desde los veinte años nada menos con las linotipias, generosas puertas de salida al exterior. Libros y periódicos, páginas y páginas escritas, alternando en aquellos principios, vestido como iba con mi uniforme caqui de la honrosa "mili", el alegre esfuerzo a que me empujaba la vocación, con al necesario valor que se me suponía según rezaba una de las observaciones de mi cartilla militar, para seguir, risueño siempre, mundo adelante.
Y actualmente, ya sin uniforme distinguible, pero intentando conservar al menos el suficiente valor sin duda también exigible actualmente por tantos motivos, prosigo, intento hacerlo, por mi camino. Y ustedes, si se topan con algo de mi autoría en esta red o en el tradicional papel, se enterarán de mis nuevas reflexiones o ideas expuestas en prosa o en verso que de todo puede haber, todas, eso sí, aptas para su publicación. Las otras me las guardaré para mí solo como he hecho siempre y no pasarán a esa eternidad de las bibliotecas ni al desconocido tiempo de vida que les pueda conceder esta red que tan transitada se haya.
En fin, veremos dentro de dos o tres meses la difusión que haya podido alcanzar el tal libro que para mí es uno más que me satisface tener y que me da ánimo para seguir introduciéndome en mí mismo con objeto de obtener alguna reflexión aceptable y sacarla a la luz o a las luces que la técnica nos vayan ofreciendo. Hasta ahora mismo, a mi alcance, la red esta que me abre la ventana a la que me asomo y desde la que vuelo o la muy deseable y satisfactoria del papel impreso en el que siempre me he cobijado. Porque uno, que ya lleva mucho tiempo a sus espaldas, ha convivido desde los veinte años nada menos con las linotipias, generosas puertas de salida al exterior. Libros y periódicos, páginas y páginas escritas, alternando en aquellos principios, vestido como iba con mi uniforme caqui de la honrosa "mili", el alegre esfuerzo a que me empujaba la vocación, con al necesario valor que se me suponía según rezaba una de las observaciones de mi cartilla militar, para seguir, risueño siempre, mundo adelante.
Y actualmente, ya sin uniforme distinguible, pero intentando conservar al menos el suficiente valor sin duda también exigible actualmente por tantos motivos, prosigo, intento hacerlo, por mi camino. Y ustedes, si se topan con algo de mi autoría en esta red o en el tradicional papel, se enterarán de mis nuevas reflexiones o ideas expuestas en prosa o en verso que de todo puede haber, todas, eso sí, aptas para su publicación. Las otras me las guardaré para mí solo como he hecho siempre y no pasarán a esa eternidad de las bibliotecas ni al desconocido tiempo de vida que les pueda conceder esta red que tan transitada se haya.
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