sábado, 24 de abril de 2010

DE PASEO POR NUESTRAS BATALLAS

La vida es lucha que dijo, según creo, José Antonio Primo de Ribera y que me perdonen los justicieros de arrabal por citarle, pero es que en este caso tenía razón. La vida es lucha, demasiada, y a veces hasta lucha sin cuartel, lo mismo a nivel de las personas que a nivel nacional. Tanto es así que, atendiendo a las naciones, se pude seguir su historia fijándose en sus luchas, en las batallas en que han participado, ya que marcan, señalan los cambios habidos en el transcurso de los tiempos y nos indican claramente cada etapa.


Un paseo sin prisas por la Historia de nuestra Patria, enumerando sus batallas principales, las más trascendentales, es una forma clarificadora de conocer nuestro pasado. Empecemos el paseo, pero dejemos a iberos, celtas, fenicios, griegos, cartagineses y romanos. También a los visigodos, a los suevos y a los alanos. Todos ellos fueron nuestros antecedentes, los que nos formaron; de ellos venimos. Fijémonos para empezar en la primera batalla decisiva, rompedora, trascendente y que trastocó nuestro destino, el que se marcaba en toda Europa caída Roma. Se trata de la batalla de Guadalete con la que en el 711 se inició la invasión musulmana que dicen que fue muy rápida, pero que tardó siete años en completarse, lo que relativiza esa rapidez teniendo en cuenta, además, que gran parte de los españoles ni se enteró en un principio de lo ocurrido. Luego hay que señalar la de Covadonga entablada sobre el 718, que algunos tratan de quitarle importancia, pero que tan simbólica resultó para el renacer de España.


Tras ella vinieron, ya se sabe, muchas luchas, enfrentamientos sin cuento, moros contra cristianos, cristianos contra moros, paso a paso conquistando las tierras hasta que en 1212 con la batalla de las Navas de Tolosa, y con todos los reinos españoles unidos, se decide ya el éxito de la Reconquista y España, una vez libre de la amenaza mora se expande, se abre al Mediterráneo, a Italia como deseo y destino tan disputado también por Francia. La batalla de Ceriñola en 1503 pone las cosas más claras: se vence a los franceses y la infantería española alcanza la fama que, desde entonces, se reconoce en todo el ámbito europeo, mientras Nápoles pasa a dominio español. Fue el Gran Capitán el artífice que ese mismo año entablaría otro combate contra un poderoso ejército que Francia envío con el deseo de desquitarse de la derrota sufrida. Pero la suerte tampoco la acompañó. En la batalla de Garigliano que constituyó, se ha dicho, un paso decisivo en la estrategia militar moderna, los franceses sufieron otro descalabro total. Pero no cejaron, luego, veintidós años más tarde, en 1525 llegó otro enfrentamiento en la más conocida batalla, la de Pavía en que hasta se hizo prisionero al rey francés, Francisco I al que se trajo a Madrid. Durante dos siglos, la ciudad de Pavía, en a Lombardía, fue española.


Y sigamos, como vemos, con nuestro paseo triunfal recordando las andanzas españolas hasta otra batalla, la de San Quintín en 1557, cuyo balance fue: 2000 franceses prisioneros, 6000 muertos y poquísimas bajas españolas como claro contraste. Nuestra hegemonía, con todo esto, queda bien cimentada en Europa y muy reconocida. El Monasterio del Escorial se construye como agradecimiento por esta victoria y hoy queda como muestra clara de aquellos siglos y de nuestra fortaleza.

Pero el esfuerzo es continuo y amplio que la vida es lucha dijimos. Hay que ir hasta la América recién descubierta. Allá, en ese entonces tan lejano lugar del mundo, poco antes, en 1520 con la batalla definitiva de Otumba España acaba la conquista de México y nuestra presencia y asentamiento en la otra orilla se hace patente. Mas no hay descanso porque otros acontecimientos también trascendentales hace que tengamos que fijarnos otra vez en Europa y llegar hasta Lepanto, donde en 1571 se libra la trascendental batalla que aleja de Europa Occidental la amenaza turca. En esa batalla, recordemos nuestro Cervantes pierde un brazo, pero se basta con el otro para ragalarnos con sus obras y retratarnos en su Don Quijote y Sancho Panza.

Y al fin en nuestro paseo tenemos que cambiar de signo, no podemos evitarlo, hay que dar la cara y llegar hasta la población francesa de Rocroy de 1643. Allí sí, nuestras tropas fueron derrotadas y los historiadores de la época se sorprenden al comprobar la tenaz y dura resistencia de nuestra infantería hasta entonces victoriosa. Desde entonces, se dice, comienza el declive de nuestro poderío militar. Y deben de transcurrir casi dos siglos para que se corroborara esa decadencia. Fue en 1805 en la batalla naval deTrafalgar, esta vez debida sobre todo a la alianza con Francia y a la torpe y quizá cobarde actuación del frances Villeneuve que mandaba el bando aliado. La valentía de los Alcalá-Galiano, los Gravina y de otros reconocidos héroes, no sirvió para frenar al poderío naval inglés que, si bien perdió a Nelson, a partir de esa batalla se impondría en el mundo.

España ya no sería una gran potencia a pesar de todas sus posesiones, pero aún en Bailén fue lo suficiente para, en 1808, infringir a Napoleón su primera derrota europea que luego, con la alcanzada en Vitoria en 1813 conseguiría poner fin a la Guerra de Independencia y que el rey francés usurpador, huyera.


Nos quedaba América y Filipinas víctimas sin duda del desbarajuste interno por la recien acabada Guerra de Independencia, por las ideas surgidas en Europa, sobre todo en Francia y por la labor de la Masonería adentrándose en algunas mentes. Con todo se llegaría a que nuestra presencia en aquellas tierras tocara a su fin. Era 1824 y Sucre consigue la victoria sobre las tropas realistas en Ayacucho ¿Quienes formaban estas tropas realistas? En su mayoría eran peruanos, lo que convertía tanta lucha en una confrontación civil. Con ella acababa el dominio español en el continente. Ayacucho, en quechua, "rincón de muertos", y ese fue su fin.


Sólo Filipinas y Cuba permanecían unidas a España. 1898 fue el año final en lucha con los norteamericanos a los que, precisamente, ayudamos a alcanzar su independencia. A partir de esa fecha la Historia de España se hizo sólo española, doméstica sí, pero no tan domesticada según observamos. Por eso, en este final de nuestro paseo comprobamos que cuando nos entran ganas de pelear -lo vemos ahora- lo hacemos sólo entre nosotros. Y como parece que no tenemos agallas para intentarlo en serio, nos conformamos con reavivar y echarnos en cara, la última vergüenza sufrida, tan superada. Y en eso estamos actualmnente, desgastándonos.

martes, 20 de abril de 2010

EL CAMINO A SEGUIR

Inicié el Camino de Santiago. Era, es, el siglo XXI, siglo como veis con resonancias de futuro, (para un viejo, desde luego) a pesar de que el que me empujaba a iniciar la andadura era el XV cuando la modernidad entraba con fuerza hasta las ojivas anhelantes de Dios, de un gótico ya establecido. Un gótico, todo hay que decirlo, vanidoso y manipulador de la humilde fe más humana y sincera que se albergaba , tan íntima, en la sólida sinceridad de un románico que se olvidaba. Siglo, el XV heredero además del cuatrocientos italiano, en que el equilibrio clásico renacido se rompía con brillos y exageraciones ostentosas.

Pero el siglo XV observémosle desde otro punto de vista, iluminaba ya con su propia luz y el horizonte se alargó tanto que alcanzaba la otra orilla de nuevos mundos, en el fondo, confesémoslo, iguales, pero que se escondían tras diferente disfraz. Sin embargo, el camino emprendido, el de Santiago seguía siendo el de siempre, el marcado con pisadas de años. Era el que debía seguir aunque la mente volaba ya hacia la lejanía de la que llegaban aires nuevos que llevaba a la imaginación hacia lo desconocido que atraía como un imán de posibilidades.

Yo intentaba aquietar aquellas ansias de no sé qué centrándome en la unica verdad que comprendía: la de los nuevos nacimientos que traían nuevos amaneceres con que alargaba la realidad que me sostenía. Y observaba al andar, allá los robledales erguidos en zonas intrincadas, después los montes que parecían arañar al cielo gris tan bajo que se creería que intentaba posarse en el blanco tan frío de las cumbres nevadas. Más lejos, después de horas o de días, el cielo se abrió como el trigal que alfombraba una amplia llanura a la que sólo frenába unas suaves colinas. Y a todo esto, jornada tras jornada, iba dejando atrás tantos paisajes, tantas sensaciones, a los robledales, a las cumbres y a las llanuras, mientras seguía la Ruta que me llevaría a la única verdad a mi alcance, la legendaría verdad de la Tumba, a lo auténtico, Santiago y abre España. Grito de ilusión y fuerza, y de esperanza también que había que mantener hasta que las nubes arremolinadas, grises sin duda y presurosas anunciaran la cercanía de la meta. Alcanzada, el camino termina. Cumplí con lo que pude. Pero dentro de mí, perdurarían, aquellos nuevos mundos que el horizonte nos acercó con el siglo y que yo imaginaba y hasta anhelaba. Nunca los alcanzaré. ¿Y los robledales, y las cumbres nevadas, y los trigales?. Esos quedan para el recuerdo.

domingo, 18 de abril de 2010

PROBLEMA CON UN PSICÓPATA

Zapatero psicópata, incluso psicópata desalmado. ¿Qué es un psicópata?. Dicho pronto, un sujeto que conociendo el mal que hace no tiene inconveniente en seguir haciéndolo. Por eso cuando delinquen se les aplica la pena correspondiente sin más contemplaciones.


Zapatero, al menos a los ojos de un no profesional en medicina puede parecerlo, porque el presidente que nos ha tocado en suerte, o mejor en desgracia, está poniendo a España patas arriba a conciencia y sabiendo lo que hace; en todos los órdenes, política y económicamente; cara al exterior y de puertas adentro. Entre otras cosas, como es un fracasado en su cometido político trata de tapar sus fracasos con artimañas, sin importarle el daño que crea.


Ahora está acabando, parece, con el gran éxito de la normalización nacional finalizada la dictadura. Izquierdas y derechas se pusieron de acuerdo en aquellas fechas. El esfuerzo encomiable de Felipe González por mantener ese equilibrio alcanzado entre las llamadas dos Españas, lo resquebraja este Zapatero valiéndose de la morralla sindical y de los detritus "artísticos/intelectuales" de pacotilla. Ahora ha sido Garzón la disculpa cuando el Gobierno se siente incapaz de reflotar la economía. Había que distraer a la gente, crear otra tensión, sistema al que tanto acude ZP para evitarse más críticas directas. La escena: un fondo de banderas republicanas y necrófilos recuerdos de un franquismo inexistente, útiles para resucitar los lamentables y tristes momentos de una Segunda República cabalgando hacia el 36 cuando ya Stalin era el ejemplo. Mover y remover lo más despreciable de nuestro pasado reciente. Hay que intentar que no se piense en el hundimiento económico y en los fracasos de allende las fronteras nacionales. La fórmula, resucitar el rencor de las dos Españas utilizando a los grupos más despreciables.


Antes fue el aborto el tema empleado para alejar la mirada de los auténticos problemas del momento. La Bibiana, ministra de la desvergüenza, fue la utilizada. También, en otra ocasión, se aireó el espinoso y doloroso tema de la eutanasia para encrespar al personal el tiempo necesario en el que ocultar algo impresentable.


Y por debajo de esa política disolvente, promoviéndolo, surge ese carácter psicopático, alentado todo con el pobre ideario de un hombre atascado en unas fórmulas superadas ya en el mundo, las de un izquierdismo, el suyo, que se agiganta y maniefiesta con el rencor sobre el que pretende que la derrota sufrida en el 39 se convierta en su victoria personal tan vengativa, y vuelvan a votarle que es de lo que se trata, ayudado en esa tarea por el pueblo más encanallado, al que piensa que puede atraer.


Y lo peor es que consigue que la tensión crezca. Una prueba son estas líneas que algo encolerizado escribo y las que aparecen en tantos periódicos y que llenan las conversaciones del día a día. Los parados, los sin techo, mientras, dormitan casi en un segundo plano, refugiados en un rincón de la sección de economía.

domingo, 11 de abril de 2010

LOS ALCALDES Y EL BIEN COMÚN

Hasta los alcaldes le pueden amargar a uno la vida de vez en cuando. No ya sólo la suegra para algunos, o el vecino ruidoso de arriba, o el jefe demasiado exigente, o incluso el empleado insolente al que las leyes actuales (las franquistas que ahora, dicen, se eliminan) hacen tan díficil desprenderse de él. Los alcaldes también. En mi caso son dos de los que me quejo. El del lugar donde vivo habitualmente, Madrid, y el de mi lugar de nación, Santander. El primero sobre todo por su voracidad. No es que me muerda, no, es que es insaciable por su necesidad de dinero, seguramente para poder cerrar tantas zanjas como abre por todo Madrid. Ahí están las multas exageradas a costa del automóvil que uno se ve en la necesidad de utilizar y los impuestos que sube aunque él diga lo contrario. No hace caso con ello a la política recaudatoria de su partido, el PP, tendente, según presume, a bajarlos como forma más a propósito para ayudar a salir de la crisis ésta que nos ahoga a casi todos.

¿Y el de Santander? ¡Ay el de Santander! Nos ha salido moderno y poco a poco va transformando la ciudad sin tener en cuenta el estilo de la que encontró, cambiando lo tradicional para desembocar en la frialdad rectilinea y vacía de la nada.

--¿No es conservador entonces?.

--No, a pesar de ser del PP. Un ejemplo: la Plaza de las Farolas de toda la vida, la ha convertido en la plaza del vacío al sol. Las farolas, unas buenas farolas es la verdad que popularmente daban nombre a la zona, las quitó. Dejó sólo una, la que alumbra al busto del rey Alfonso XIII, como para que no olvidemos lo bonitas que eran.

Pero hay más. La Plaza del Ayuntamiento. Borró la Historia por obedecer órdenes y quitó la estatua de Franco. También, como contrapartida, se llevó el escudo rapublicano que reposaba muy cerca del dictador, nada de recuerdos. Y nos dejó la plaza desguarnecida y empobrecida, dicen que a la espera de un monumento modernista que erigirán no sé cuando. Veremos cuando llegue ese nueva obra de arte modernista como combina con el triste alumbrado que ha instalado frente a la sorprendida acera de Becedo. Que "Ludy" le regale una brújula para que sepa hacia donde camina el hombre, me refiero al alcalde.

Pero no es eso lo peor. Lo peor es que este joven alcalde se ha olvidaddo de eso que se llama el bien común, concepto que siempre debe de estar muy presente en la actuación de todo gobernante. ¿Qué se entiende por bien común? pues miren, eso que deben de proporcionar los Estados y por tanto su representación más cercana, los ayuntamientos, a todos los miembros de la sociedad para que todos y cada uno disfruten de binestar y de felicidad. Así de fácil y así de escaso tantas veces. Como ejemplo entre otros, la calle de Juan de Herrera, tan céntrica y que al convertirla en peatonal resulta, muchas veces, tan incómoda para sus moradores. ¿Se han fijado en lo deficultoso que le resulta al viajero que con su coche llega de viaje y tiene que trasladar sus pesadas maletas desde la lejanía en que ha podido aparcar hasta su domicilio?. Y cuando este viajero es entrado en años la dificultad casi se conviete en insuperable.

En fin, nos ha tocado un alcalde que no hace caso de la comodidad. Se considera moderno y le priva la línea recta que ya sé que resulta el camino más corto entre dos puntos, pero que no siempre es aplicable cuando se necesitaría el atractivo de unas buenas curvas. Y no piensen mal, me refiero a las curvas que pueden hacer comodos los bancos de la vía pública en vez de lo pétreos y tan fríos que nos ha brindado, prácticamente inutilizables.

No veo la solución a mi caso, ya ven sufro a dos alcaldes. Cada uno con su estilo.

sábado, 27 de marzo de 2010

UN VIAJE GRATUITO

Cuando todo lo de alrededor me resulta chato, ruin y desde luego aburrido, yo, personalmente, ya que no tengo en mi poder la llave de un futuro con el que entretenerme y al que me lanzaría con el mejor ánimo, miro por el retrovisor que eso sí está en mi poder y me desplazo en el tiempo como si tuviera un aparato especial que me trasladara hacia el pasado que yo elija en cada caso. En él aterrizo y me recreo.

Hoy, por ejemplo, a punto de desembocar en una nueva Semana Santa me trasladé a propósito a otra anterior, esta vez a la que tuvo lugar en la Nueva Extremadura del año, nada menos de "mil y quinientos e cincuenta e ocho años", tal como entonces lo nombraban, exactamente al 18 de abril que fue domingo de Cuasimodo, no el que ustedes se imaginan, no, sino el primer domingo después de Pascua que así decían recordando las palabras en latín con que iniciaban el introito de la misa del día: "Quasi modo". Bien, también les aclararé que esa Nueva Extremadura que apunté, es, era, Chile que así lo bautizó Pedro de Valdivia su descubridor. Y nos vamos en esa fecha a la ciudad de Santiago, fundada también por él, justo en el momento, pasados ya los días de penitencia de la Semana de Pasión, a la conmemoración de un nuevo acontecimiento del que acababan de tener noticia aquellos esforzados españoles. Exactamente el de la entronización allá en la lejana España, del nuevo rey, Felipe II.

La noticia les llegó, nada menos, que del mismo Carlos I de España y V de Alemania en un documento que resulta todo un testimonio de la sencillez y naturalidad que sólo un gran hombre puede adoptar al tratar de temas tan importantes. También, ese documento, ofrece matices que recogen sentimientos íntimos del monarca.

"Ya teneis entendido el suceso que han tenido nuestras cosas, y como emprendí la guerra en Alemania por lo tocante a la religión". Es decir, nada menos que Carlos V organizando una Europa dividida entonces por la reforma emprendida por Lutero. El monarca español inició la guerra, "por la obligación que tenía a reducirlos y volverlos al gremio de la Iglesia" como explica. Pero no acaba aquí su deseo de organizar y dirigir la política continental, sino que hizo por su parte, todo lo posible para que se convocase el Concilio, "procurando que se concluyese e hiciese la reformación necesaria para mejor atraer a los que se han apartado y desviado de la fe", rompiendo con ello la unidad continental en un tema como era el religioso entonces tan primordial. El Emperador con esto, presionaba a la propia Iglesia para que acabase con la serie de motivos que dieron lugar a las protestas de Lutero.

Continúa el monarca contando también a sus vasallos de Ultramar como "el rey de Francia rompio últimamente la guerra por mar y tierra, sin tener ninguna justa causa ni fundamento, ayudándose de los alemanes que contra su fidelidad hicieron liga con él, y trayendo la armada del turco con tanto daño para la cristiandad y especialmente de nuestros estados y señoríos queriéndoles invadir". Claro que de poco le sirvió al rey francés Francisco I tantas ayudas, porque fue derrotado en Pavía y traído prisionero a Madrid.

Se lamenta Carlos V de que "por lo uno y lo otro, fui forzado y necesitado a levantar los ejércitos que he juntado, que se me han seguido grandes trabajos". Y sigue, "tratar negocios tan continuos y pesados" han sido causa "de la mayor parte de las enfermedades e indisposiciones tan largas que he tenido y tengo de algunos años a esta parte, y hallarme tan impedido y falto de salud." Esta es la razón que le llevó a ceder sus poderes y así lo comunica al "Consejo, justicia, regidores, caballeros, escuderos, oficiales, y hombres buenos de la ciudad de Santiago del Nuevo Extremo". Su heredero para el que pide la "lealtad y amor que a mi habeis tenido" no es otro que el "serenísimo rey de Inglaterra y Nápoles, príncipe de España, nuestro amado hijo". Es decir, Felipe II.

Para conmemorar tales acontecimientos, los del Cabildo de la ciudad de Santiago a las "ocho de la mañana" del domingo de Cuasimodo, "vestidos de ropas rozagantes de raso carmesí" y el pueblo entero, escoltaba el estandarte que por una parte "llevaba las armas de Su Majestad, y por la otra banda las que Su Majestad hacía merced a la ciudad". Y "a la tarde -nos cuentan- hubo grandes regocijos de toros y juegos de cañas en loor del rey don Felipe nuestro Señor".

¡Qué bien! eran los tiempos en que una España destacada influía en gran parte del mundo conocido y que, desgraciadamente, mucho contrasta con la actual en que tanto se airea y se agradece cuando a nuestro jefe del Gobierno, tan sólo, le invitan a algo por ahí afuera. Por eso yo me traslado, haciendo un esfuerzo de memoria a épocas más felices. Y además es gratis.

sábado, 20 de marzo de 2010

LA FELICIDAD, LA FILOSOFÍA Y LA QUÍMICA

La palabra cínico tiene mala prensa y con razón, pero si nos referimos a los filósofos griegos con esta denominación, la cosa cambia. Su escuela defendía principios muy aprovechables. Esos griegos de unos 400 años a. de C. se distinguían, según se cuenta, por el rechazo a los convencionalismos sociales, esa como una losa, hay que aceptarlo, que a veces nos pesa demasiado. Una postura ésta, por tanto, la de los cínicos, para tener en cuenta. Claro que Diógenes, uno de sus principales representantes, exageró hasta tal punto que, como se sabe, su desprecio fue tanto que le llevó a vivir en un tonel, lo que fue demasiado, sobre todo en invierno, digo yo.

Los cínicos buenos a los que me refiero, los antiguos, también cultivaron la diatriba, que a veces, debemos comprenderlo y digámoslo en su defensa, surge espontánea, como un impulso incontenible ante tantas injusticias como se ven. También cultivaban la sátira con lo que me imagino, se divertirían la mar. No es para despreciarles por tanto. Además, y es a lo que quería llegar, buscaban, como todos, la felicidad y para encontrarla iban en mi opinión por la dirección acertada, ya que marchaban en pos de la tranquilidad como principio imprescindible. La tranquilidad tan deseada y que tantas veces cuesta tanto encontrar.

Yo me apunto a esta tendencia. Creo que al estar tranquilo, todo lo demás se puede dar por añadidura.

Aunque no siempre se ha pensado así. Eran griegos también los que, por un atajo u otro, querían alcanzar esa felicidad, fin último, y la buscaban en el placer, o la mera posesión de bienes materiales, o en la virtud, o en el conocimiento... Pero ya me dirán ustedes como se llega hasta todas esas metas sin la tranquilidad imprescindible para disfrutarlas. Aristóteles por esta vez me falla porque se fija en todos esos detalles o metas que identifica con la felicidad.

Lo que no cabe duda es que esa sensación de sentirse feliz tan deseada y tan buscada llega de afuera de nosotros, pero para verla, reconocerla y acogerla, necesitamos de esa postura tranquila y sosegada que nos permita tener el alma digamos si me lo permiten, con todas sus puertas abiertas a los acontecimientos para que podamos elegir los más convenientes.

Tranquilicémonos, pues, y si no lo conseguimos naturalmente, olvidémonos de la filosofía y echemos mano de la química, de los calmantes y de los somníferos, dan resultado por un tiempecito. Pruébenlo y hasta mañana si Dios quiere.

sábado, 6 de marzo de 2010

DE LAS IDEAS

Un papel en blanco es tentador unas veces y otras descorazonador cuando se quiere llenar de algunas ideas y esas ideas susceptibles de ser reflejadas por escrito se han escondido tanto en la parte del cerebro donde se guarden esas cosas, ignoro cual es, que no hay manera de dar con ellas. Porque las ideas son algo distinto de las preocupaciones, tanto que cuando estas agobian en demasía las ideas parece que quedan atascadas allá adentro. No existen fontaneros, plomeros los denominan en América, que se dediquen a estos desatrancos.

La idea surge con el ocio. Pero para que haya ocio debe haber tranquilidad y, desde luego, ausencia de preocupaciones. La negación del ocio es el negocio.Pero cuando no hay negocio surgen las preocupaciones, un lío. Sin embargo, los griegos, los de antes, lo tenían claro. Sólo en el ocio -eso que ahora tanto se desprecia- surgen las ideas nuevas, las que brillan y de las que tantas veces nacieron beneficios claros. Creo que fue un tal Denosameno, griego, no podía ser otra cosa con ese nombre, el que se alejaba de todos e incluso apartaba la vista de cualquier objeto para, ocioso horas y horas, poner en funcionamiento su masa gris, verdadera fuente de ideas, que luego trasmitía en la plaza pública a sus paisanos para que, recogidas por ellos, las pusieran en práctica y negándoles de esta forma, por lo que veo, el disfrute del ocio creador. Lo malo fue queDenosameno murió devorado por una fiera en las soledades que tanto buscaba. Ocioso en demasía el griego ni siquiera se molestaba en echar una ojeada al entorno en que se refugiaba. No hay que exagerar.

Otro, este alemán, Gunter Cuxhaven, escribió "La ocultación del pensamiento" y aunque su intención era médica más bien, rozó en su trabajo el comportamiento del intelecto en su función más noble, el de la creación. Aconsejaba realizar el trabajo imprescindible para materializar lo ideado, pero no despreciaba el ocio, al contrario, insistía en lo que denominaba ocio creador que en resumidas cuentas no es más que la consecución de la calma necesaria para que la mente pueda desarrollar sin otras distraciones, el germen del que surgirá la idea califiquémosla de importante.



Aceptada, pues, la necesidad de disfrutar del necesario ocio aunque no sea más que para poder coadyuvar al beneficio de la sociedad, contemos ahora lo que Pietro Marcetti, un italiano, creo que genovés, nos cuenta en su novela "El momento". Trata en ella de una especie de santón que atraía a las masas con sus peregrinass ideas. Marcetti debio de tener noticia de lo que el griego Denosameno predicaba y ni corto ni perezoso, lo incluyó en las predicaciones del protagonista de sus novela y en los ejercicios de concentración que organizaba. Lo malo fue que esa su intención chocó con el característico talante de sus paisanos calabreses. Los alentaba a practicar la concentración sí, sentando comodamente a sus seguidores para pasar durante un cierto tiempo a disfrutar de lo que él también denominaba ocio creador. Lo malo era que la tal concentración resultaba tan profunda, buscada, además, en una posición de gran comodidad que el "dolce far niente" del ocio buscado, acababa por introducir a la mayoría de sus seguidores en el tranquilo reino del diós Morfeo. Se dormían en una palabra.



Así que esto del ocio hay que tomárselo con cautela y más cuando acucia la necesidad de lo material y diario, me refiero la de conseguir la manduca imprescindible. Porque cuando escasea, digan lo que digan los griegos antiguos, también surgirán nuevas ideas sin necesidad de ningún ocio, pero no las creadoras y beneficiosas que dijimos, sino las brotan de la necesidad acuciante, quizá no tan plausibles como las otras, pero imprescindibles también y desde luego reparadoras.



Y con esto, el papel en blanco tentador que dije al principio y acaso también descorazonador, queda completito por hoy, sin necesidad del ocio, sólo echando mano a la imaginación.