lunes, 7 de junio de 2010

EL TRABAJO

¿Es el trabajo una maldición? Hay opiniones. Desde luego si hacemos caso de los libros sagrados, observamos que tuvimos un aviso al menos de algo aproximado: "Ganarás el pan con el sudor de tu frente", nos dijeron. Y ese sudor, aunque crean que exagero, debió, en muchos casos, ser un sudor de sangre. Sino echemos una ojeada al diccionario de Coromines que equipara la acción de trabajar a sufrir y esforzarse. Pero hay más, la palabra proviene del latín "tripaliare" que significa torturar que, a su vez, se deriva de "tripalium" una especie de cepo o instrumento de tortura. Expliquémoslo, el "tripalium", era un artilugio formado por tres palos o tres maderos cruzados al cual se ataba al reo. Y ya atado, digamos para entendernos y que me perdonen los puristas, el reo empezaba a "tripaliar" es decir a trabajar, a sufrir si respetamos el sentido etimológico que tiene la palabreja, trabajo igual a "sufrimiento, a dolor".

Esas tenemos, pero, gracias a Dios, en la actualidad nadie toma ya el trabajo tan por la tremenda, ni siquiera cuando a primeras horas de la mañana suena el despertador que nos obliga a tirarnos de la cama con rapidez para no llegar tarde al tajo. E incluso hay optimistas que afirman que el trabajo es salud, auque en mi época se respondía irónicamente a tal afirmación diciendo que "si el trabajo es salud, viva la tuberculosis".

En fin, no exageremos, aunque haya que admitir que hasta en el mundo de la Física se une trabajo a resistencia. Y en la actualidad nadie separa el término trabajo del término esfuerzo, incluso de dificultad. Y yendo más lejos llegamos al colmo con los trabajos forzados o con los forzosos que sin constituir una condena resultan obligatorios para tantos, ineludibles. Es decir, nunca el concepto de trabajo se desarrolla sin vencer alguna resistencia, igualito -no somos nada- que en ámbito de la ciencia física.

Dicho todo lo anterior, si consideramos el concepto del trabajo a lo largo de la historia de nuestro mundo, la cosa mejora y comprobamos cómo se ha ido elevando en la consideración de las gentes. Esa apreciación que casi lo aristocratiza, se la debemos a Calvino, hay que reconocérselo, sí el reformador que presentaba la actividad profesional como un símbolo de la bendición divina, en contra de los que tachaban hasta de pecaminosa la actitud que tendía al lucro.

Hay que recordar que el mundo de los señores feudales se estaba superando, mientras que en los países europeos alejados de los beneficios que de América provenían, no tuvieron más remedio que encauzarse por otros caminos, consiguiendo con ello que surgiera pujante la vida urbana, la actividad comercial y la manufacturera. En esas sociedades ya burguesas, las enseñanzas de Calvino fueron bien acogidas, con lo que surgió una realidad nueva, una forma de vida de la que fueron nutriéndose todos los europeos, aún los aferrados a la economía agrícola tradicional. El trabajo pasaba de ser una condena a considerarla tan sólo, una obligación. Quien no trabaje que no coma, vino a decir el bueno de Calvino.

En esto el reformista francés acertó, pero su intransigencia en otras cuestiones fue notable. No olviden lo que hizo a nuestro Miguel Servet, el descubridor de la circulación de la sangre: él mismo dió orden, no de que lo ataran al "tripalium", para que "tripaliara", es decir, para que trabajara en el sentido que antes se gastaban, sinó que fué más contundente y ordenó sencillamente que le quemaran vivo. Y así acabó sin tanto trabajo, pero sin dejar de sufrir. Sufrir, del latín "sufferre", soportar, tolerar, aguantar. Y ya saben, trabajar y aguantar son dos palabras que van juntas desde hace mucho tiempo, se complementan. Lo dice el diccionario y será verdad, aparte de la advertencia de Calvino que también lo es.

viernes, 4 de junio de 2010

LA PESADEZ DE CADA DÍA

Los periódicos se caen de las manos. Resulta ya demasiado el constante manoseo a los tristes problemas que nos afligen a todos, las críticas tan merecidas y tan repetidas al culpable de todos ellos o al menos, el responsable de su agravamiento. ¿Y las soluciones? Esas quedan ocultas tras los palos de ciego que da el Gobierno. Y en medio de todo surgen como una ironía, algunos casos que casi pueden producir al menos una sonrisa, por ejemplo, la cuestión laboral , el enfrentamiento entre empresarios y sindicatos y la decisión que va a tomar el Gobierno para intentar solucionar el asunto tal como le indican. Con esto se da la paradoja de que los sindicalistas defienden y se aferran a las normas laborales establecidas por Franco para proteger y contentar a los trabajadores, normas todavía en vigor y a las que se aferran por serles muy beneficiosas. Y será el presidente de un Gobierno socialista el que acabará con ellas con grave perjuicio para los que todavía tienen empleo en España. Franco más socialista que el Psoe, más que Zapatero, el destructor, el que presumía de ser defensor mayor del proletariado. Y por otro lado para hacer aún más triste la sonrisa, los sindicatos, dirigidos por unos paniaguados que para existir no cuentan más que con la ayuda estatal debido a que sus afiliados, si alguno tienen, no pagan, se sienten incapaces de actuar como cabría esperar de unas organizaciones serias. Sin embargo, a pesar de esa su situación y su dependencia, CC.OO. y la UGT deben fingir enfado y oposición al desguace de la norma franquista por lo que se ven obligados, con la boca más chiquita posible, a fingir un rigor sindical que no existe y organizar alguna huelga que les salve del bochornoso espectáculo que hasta ahora han dado, al menos frente a tanto espectador desengañado.

Y en medio de estas ironías, tristezas y mentiras, la sorpresa de una foto que ilustraba la portada del "ABC" en que se ve a Aido, la Bibiana, la de la Igualdad, la autora de ese mapa de las partes íntimas de las féminas destinado para la ilustración y disfrute de los adolescentes, bajando unas escaleras sujetándose al parecer para no caer, del brazo de un hombre, del brazo del alcalde de Madrid, que además es del PP. La fotografía merece una consideración y un estudio más detallado: ¿Cual es el motivo pronfundo que empujó a la Bibiana a ese toqueteo del miembro superior derecho de Gallardón? O bien la Bibiana se desmentía a sí misma y con el gesto denunciaba la inferioridad física de ella, una mujer, y la necesidad de una ayuda masculina para no precipitarse escaleras abajo, o simplemente intentaba poner en práctica las enseñanzas -las suyas- que se imparten en las escuelas para que el disfrute físico apague necesidades naturales que nacen de cintura para abajo, y no me refiero al simple alivio digestivo. Hay que destacar que ninguna de las dos posibilidades se deben rechazar. La Aido mostraba una sonrisita cómplice, mientras que Gallardón, muy en su papel de alcalde y caballero parecía volcado en impedir tan sólo una bajada precipitada de la dama rodando escalón tras escalón. Y como me dijo una "progue" a la que comenté la situación: "Encima presumiendo de machista, del PP tenía que ser". Típico.

En fin, curiosidades aparte, los periódicos con la crisis, su aburrido monotema diario. Y en la TV, la Fernández desmintiendo lo que todo el mundo sabe, comprueba y ve, mientras aparece con su modelito nuevo y su despeinado de siempre. Un detalle, observen las banderas que se ven en esos momentos a su espalda. La española y la europea colocadas siempre, sin variación, de tal forma que la segunda franja roja de la española desparece tapada por el azul de la europea que con la visión rápida que ofrece la TV, bien puede parecer morada. Rojo, amarillo y morado, la República de la memoria histórica vindicativa de su Gobierno. Sólo con la Fernández sucede invariablemente tal situación. Normalmente en otros lugares las dos banderas se distancian unos centímetros, se acompañan, no se impone una a otra.

Y comentado lo comentado y efectuado por hoy mi acto de presencia en La Horadada, a la hora dada, y cumplidas también mis otras obligaciones, voy, a pesar de todo lo dicho y su pesadez habitual, a comprar el periódico nuestro de cada día. Al menos me reiré, espero, con alguno de sus chistes y me enteraré de la única novedad posible: el pronóstico del tiempo aunque no hay que hacerse ilusiones, en estas fechas tampoco cambia mucho. Monotonía.

lunes, 31 de mayo de 2010

DE LA PRIMAVERA AL OTOÑO

Fue una sorpresa abierta como una sonrisa amplia la de aquel día que se iniciaba. Caminaba yo fruncido el ceño de todas las mañanas calle abajo, cuando entre unos hierbajos que se esforzaban por crecer entre las losas grises de la acera, vi la llamada de un punto amarillo casi de oro, como un sol diminuto del que surgía la blancura de unos pétalos confiados y generosos. "Una flor", me dije. Me agaché para contemplarla cuando, de pronto, me iluminé por dentro y comprendí: "ya ha llegado la primavera", casi grité, mientras alguien que se cruzaba en mi camino, también con el ceño fruncido de sus mañanas, no pareció vibrar con la noticia y continuó con su paso resignado.

Ya no pude esperar y al paso más rápido que pude permitirme fui en pos del campo abierto, había que ver aquello en plena Naturaleza. Recorrí calles tristres, desiertas y amplias avenidas como desnudas porque aún no se habían enterado de la noticia y ofrecían el espectáculo de las retorcidas ramas de sus árboles, casi esqueletos que alzaban sus brazos a un cielo absorto. No me importó porque yo sí conocía la grata noticia, era el 21 de mazo, primavera y "mi" flor, la de mi calle, tan puntual, me lo avisó.

Sin embargo, la llegada a aquel campo que con timidez o con miedo parecía iniciarse, quizá por el empuje de la gran ciudad, no inducía al optimismo. La sequedad de un terreno endurecido apenas se aliviaba algún trecho con algún matorral incipiante. La primavera parecía aún más lejana que en mi calle. No obstante di algunos pasos y allá unos arbustos con alguna hierba a sus pies, sí tapizaba un espacio de la sequedad de aquella tierra tan parda. Para allá me encaminé y fueron unas hormigas en perfecta formación las que me recibieron aunque no me rindieron honores ni siquiera detuvieron su marcha. Sin embargo yo sí las presté atención y comprobé que la larga fila de su desfile, respetuosamente, bordeaba un pequeño montículo en el que, oh milagro, lucía ya la primavera: tres florecitas amarillas se ufanaban sin duda por cumplir con el calendario. Me senté en el suelo, casi acurrucado para contemplarlas a ellas y al desfile de las hormigas tan madrugadoras como ellas y tan cumplidoras con la estación. Eran, quise conformarme, ellas y las flores las gratas embajadoras que se adelantaban al verdadero estallido, sin duda esplendoroso de más flores y verdor.

Un buen rato estuve allí agachado. Al cabo, conformándome con esa esperanza, intenté ponerme de pie como si mis coyunturas fueran tan elásticas y rápidas de reacción como mi deseo. Vano intento y fue entonces cuando una voz que yo juraría nacida en mi propio interior pero que parecía elevarse hasta no sé que alturas, resonó dentro de mí como una gran verdad indiscutible: "Levántate con cuidado, me dijo, a ti ya no te sonríen los despertares primaverales, ya eres sólo un producto del triste otoño". Y con tan cruel realidad, todo cambió para mí. La ilusión, infantil sin duda que tenía y que tanto me alegraba, se esfumó en un instante y mientras me erguía, aceptémoslo con gran dificultad, me dio tiempo para como en una fea venganza, rechazar la que ya consideraba provocadora exhibición de aquellas pobres florecilas, cuyo otoño, les espeté, tan cercano estaba también para ellas. Y a las hormigas, al pasar -he de confesarlo- sé que descompuse su monótona formación y hasta dejé en el camino alguna víctima con mis pisadas.

Y me volví pensando en las famosas "Cuatro estaciones", las de Vivaldi, el italiano que tan armoniosamente vió lo que sólo es, como mucho, la prórroga de una condena.

sábado, 29 de mayo de 2010

LA VERDAD SABIDA

Me abracé a mi cayado para sentirme y seguir recibiendo al tiempo que llega disfrazado de días por influjo del sol. Días que para distinguirlos los hemos bautizado: hoy es lunes en honor a la luna, mañana martes por aquel dios romano de la guerra, miércoles por Mercurio... y así en un rosario de tantos soles que alternan con las lunas que crecen y decrecen hasta desapaparecer, sin duda para que podamos añorarlas como una novedad esperada. Todo ello con la cierta presencia de los recuerdos como realidad única que forma nuestra personalidad y que ha ido dejando sus huellas que se pierden, unas en la lejanía junto a otras tan presentes que hasta duelen o alegran y a las que tendemos la mano para sentirlas, para atraerlas aunque apenas podemos rozarlas, porque esas huellas nuestras son, ya, los otros que también tienen que abrazarse a su propio cayado para esperar y sentir la brisa de su tiempo disfrazado de los días que les amanecen de continuo.

Y allá, más allá del sol, el Sol de la Verdad contemplándolo todo y esperando.

viernes, 28 de mayo de 2010

ALGUNOS HASTA APLAUDEN

Que las verdades escasean, se comprueba fácilmente. Pensaba yo el otro día en los distintos regímenes políticos que nos han zarandeado en los últimos tiempos y llegué a la conclusión de que su vigencia, en sus respectivos momentos, ha servido sobre todo para comprobar su fracaso. Sin ir más lejos la democracia por ejemplo tan cacareada, el menos malo de todos los sistemas políticos según se dice, resulta en la hora de ahora al menos, una negación de su propio concepto. Nacida allá en la Grecia clásica también con sus limitaciones todo hay que decirlo, al excluir a las mujeres, y a los esclavos por supuesto, y renacido con el liberalismo, nos llega en la actualidad con un calificativo que la condiciona y limita. Ahora es una democracia representativa, al fin no más que una ficción por la que el ciudadano se priva de intervenir en la organización de su entorno y queda a la espera de las órdenes del elegido, casi siempre en la práctica, un enfatuado personaje que siempre barre para casa e impone sus órdenes que casi nunca se parecen a lo que prometió para que fuera el preferido.

No hay solución a la vista, porque lo pasado fue peor. Fijémonos en el comunismo, el sistema que asoló medio mundo, pero que incomprensíblemente atrajo a pueblos enteros y a tantos intelectuales, y que todavía hoy permanece vigente en las desamuebladas cabezas de algunos. El mito inicial con el que nació, el de la comunidad de bienes, sirvió para que vía Marx con su ilusión de la dictaduara del proletariado, desembocara en el atroz comunismo ruso o en el chino, el de antes tan duro o el actual más disimulado, o llevara el desbarajuste a Cuba o terminara en el hermético y férreo de Corea del Norte.

Otro movimiento-solución acabaría con su iniciador colgado cabeza abajo por el pueblo que antes lo aclamaba. Me refiero al fascismo italiano que no se anduvo con hipocresías y se declaró dictatorial desde sus inicios en 1922 hasta 1945. La idea le nació Musolini en 1919. Había en Italia un descontento generalizado entre las clases medias y entre los campesinos y cierto ardor nacionalista. El fascio, haz de varas de álamo o abedul como emblema se impuso con facilidad y llegó el totalitarismo con un estilo que se extendería por Europa como algo nuevo y vigoroso, pero todo en exceso, en el fondo y en las formas tan exageradas.

En España se llamaría Falange, fundada por José Antonio y crecida entre los universitarios que adoptaban aires fascistas, empleaban la "dialéctica de los puños" y que al final acabaría mixtificada por la acción de Franco que la utilizó y la moldeó a su coinveniencia, hasta que apagó su influencia en la organización del Estado porque necesitó el buen hacer del Opus para levantar económicamente a España.

El lado peor de estos movimientos nacionalistas que surgieron desde Italia, se materializó con el socialismo alemán también denominado nazismo, triunfante a causa de la crisis de 1929 y abrazado por el pueblo ante la situación en que quedó Alemania después de la Guerra Europea. Hitler con su libro "Mi Lucha", recogía las ideas fascistas de Musolini, pero más acusadas, introduciendo el racismo y desembocando en un totalitarismo extremo que llevó, nada menos, a la Segunda Guerra Mundial.

Con lo que, señores, como ven no hay remedio a la vista, así que ante las duras soluciones que se han inventado para allanar los problemas de la sociedad, el comunismo por un lado y el fascismo por el otro, dos extremos que se igualan en lo concerniente a su dureza, no me queda más remedio que resignarme con lo que me toca hoy, este sistema que se finge del pueblo, ("demos", pueblo) y que constituye la gran mentira que tantos tragan. Y que algunos hasta la aplauden.

martes, 25 de mayo de 2010

RETRATOS DEL ALMA

Se ha dicho que los sinónimos no existen, que cada palabra tiene algún matiz que la hace única, puede ser, pero si no nos metemos en profundidades excesivas hay que aceptarlos porque convienen para dotar de alguna variedad y precisión al lenguaje. Me he encontrado con la palabra deslealtad y a bote pronto me he podido topar con casi veinte sinónimos que tomados en su conjunto con los matices que se quiera dar a cada uno, comprobamos que convergen, todas las veces, en un mismo sujeto. Y no digamos si nos fijamos en las palabras análogas, con ellas se puede conseguir el perfil exacto de cada individuo, su retrato importante, el del alma que, a veces, en contra de lo que dice el refrán no se refleja en la cara. Vean, es un juego lo que les propongo: si a la deslealtad citada la acompaño, usando esto de las analogías de, por ejemplo, la falsedad, el fingimiento, el disimulo, la mentira, el engaño, la vileza, la traición...y así podríamos seguir, ya resulta muy fácil adivinar quien es el sujeto al que le viene como anillo al dedo todos estos adjetivos que lo describen y casi lo señalan. ¿Quién es a ojos vistas falso, quién finge, quién engaña? ¿Ya lo han adivinado?. Efectívamente, nuestro presidente del Gobierno, el ZP que sufrimos porque desde hace seis años, habla y miente, habla y se contradice a sabiendas, y disimula mientras, cíninicamente, sonríe y sonríe. Así una vez y otra y otra.

Esto es cosa sabida y se ha hablado demasiado ello, pero en lo que a mi concierne faltaban los calificativos que aquí incluyo sin tacañería, todos juntos. Me he querido dar el gustazo. Además creo que eran necesarios ya que algunos todavía fingen ver a ZP agigantado, hasta el punto de que le han llegado a comparar con Maquiavelo nada menos; qué ignorancia, si el florentino, allá en el XVI derrochó habilidad que luego recogió para que lo comprobaramos en su obra "El Príncipe". Y a nuestro ZP lo que le falta es habilidad precisamente y le sobra vileza. Y ya que estamos de sinónimos y analogías, citemos junto a la vileza a la pillería, a la deshonestidad, a la indignidad, a la falta de vergüenza y a más que me callo por aburrimiento, que todos cuadran con la persona que miente y engaña sin consideración.

Pero aclaremos que no es él solo, el llamado Zapatero, el que se hace acreedor a tantos calificativos. Con el juego que les he brindado, si observamos bien el significado de cada palabra, comprobaremos que se las podemos enjaretar, con toda justicia, a otros muchos, Veamos de nuevo: viles, pillos, indignos, deshonestos y faltos de vergüenza son también todos los paniaguados zampabollos que, sin ideales, se amoldan a las desvergüenzas del presidente. Me refiero a los ministros que le siguen y que le aplauden afirme lo que afirme el jefe, niegue lo que niegue el jefe. Todos, desde la de los pelos, la Fernández, hasta la Viviana, esa que le gusta hablar de porquerías. Todos ellos seguidos, no los vamos a olvidar, de los demás chupones de su partido encabezados por la Pajín, campeona de la doblez y por supuesto, de los mandamás de los Sindicatos que con sus buenos sueldos y sus medidos pasos, a nadie engañan.

Y junto a tanta humillación y tanto deterioro que sufrimos, empezando por el propio Psoe, partido importante para el equilibrio de las fuerzas políticas y al que tanto desacreditan y ya que estamos de aclaraciones, no vamos a dejar de señalar otros perjuicios que padecemos, los que nos afectan tan claramente al bolsillo por ejemplo, y de los que tantos se aprovechan, desde los ayuntamientos con el cuento de sus contratas y subcontratas que encarecen tanto cualquier servicio y a tantos benefician, hasta el despilfarro innecesario de las autonomías, verdadera sangría buscada y aceptada por los partidos, principales beneficiados de tan tremenda dispersión.

Y acabo. Dejo para otro día un especial dedicado a Montilla. No le califico ahora porque en realidad se descalifica él sólo. Habrá otro también especial para el Senado ahora políglota, tan innecesario del que el andaluz renegado se ha aprovechado. Sin olvidar a la Justicia que ya no parece ciega de tan politizada como está y que también se merece nuestra especial atención.

Como ven esto es un no parar, se me van a acabar los sinónimos y las analogías. No sé si habrá para todos.

jueves, 20 de mayo de 2010

RIÑAS DE FAMILIA

Recordaba viendo estos días la cara de Evo Morales, el boliviano otra vez aquí entre nosotros, el mismo que nos confesó con orgullo, y no es para menos pienso, que él era indio lo que ya sabíamos con sólo mirarle, y al observar como, desde su cargo de presidente de Bolivia, y con la carga ideológica tan rompedora que exhibe y tan claramente reivindicativa y a veces, digámoslo, ofensiva para nosotros los españoles, recordaba yo decía, una batalla, la de Ayacucho, allá en su tierra que fue como la puntilla con la que nos obligaron a salir del continente americano. Y lo recordaba precisamente al ver su cara de indio porque se me hizo casi actualidad la tal batalla que se entabló, nada menos, en 1824. Un ejército, el realista, contra otro de los partidarios de la emancipación de España. Los defensores de la Monarquía española fueron ampliamente derrotados. Y ese ejército lo componían unos 8.500 bolivianos, indios en su mayoría, y tan sólo unos 500 españoles de la Península, con lo que el enfrentamiento armado podía muy bien calificarse de contienda civil. Y si analizamos los primeros movimientos de tendencia política que en América se iniciaron, se comprueba que no fueron originados por una afán de separación, aunque luego acabaran trayendo la independencia de aquellas tierras. Y Evo y los demás evos, lo deberían tener en cuenta para enjuiciar cabalmente todo el proceso histórico que les llevó a la situación actual de nuestros días que tanto lamentan, ya que nosotros se lo dejamos todo cuidado y ordenado, muy listo para que prosiguiera el progreso de sus bien trazadas ciudades, de sus campos en plena producción, de sus minas...

Ahora se cumplen los 200 años de la iniciación de aquellos acontecimientos. España ardía con la invasión francesa y se esforzaba en recuperar su independencia, mientras que en las Españas de más allá del Occéano, se agigantaba el temor. Napoleón era despreciado y temido también en aquellas orillas. Se observaba la situación europea y las posibles apetencias expansivas del Emperador. Había que organizarse para evitar lo que tanto temían. España se esforzaba levantada en armas y los españoles americanos, también con ardor defensivo, organizaron unas juntas que sirvieran para gobernarse ante el temor de que Francia aspirase a cruzar el Atlántico. Esas juntas defendían los derechos de su rey Fernando VII, exactamente como acontecía aquí en la Península.

Bien es verdad que luego, expulsados los franceses, la calimitosa, vergonzosa y tan perjudicial actitud de ese rey, el Deseado como se le calificó, que tantos desajustes, trastornos, luchas y desilusiones esparció por España, llevó también a que aquellas juntas creadas para defender sus derechos en América, se inclinaran hacia los conocidos movimientos de emancipación que pueden considerarse como una defensa lógica ante la situación triste a que nos llevó Fernando VII. Un ejemplo lo tenemos en el general San Martín, argentino, del Real Seminario de Nobles de Madrid y héroe en España en varias batallas, la de Bailén entre otras y en América, su tierra, en las de emancipación. Todo ello avivado por supuesto también, por las ideas filosófico-políticas que hacían vibrar asimismo a tantos europeos.

Habría que explicarle a ese Evo Morales que airea como un eco las ideológías que ensombrecen hoy, cada vez más, a tantos países de aquella orilla (recordemos a Chávez, a Castro desde luego y a otros que oscilan entre un Pinto y Valdemnoro político tan confuso) que sus compatriotas del pasado, tan indios como él, casi en su totalidad defendíeron hasta el final la españolidad de sus tierras y peleaban encuadrados en las filas reales, en aquella especie de guerra civil que se entabló y acabó en Ayacucho como decíamos. Hubo sí personajes cuya actitud lamentable y excesiva, la de Bolívar, por ejemplo, soldado que se enfrentó a su bandera con un odio que esparció entre sus seguidores y que ahora recoge un Chávez con claras aspiraciones a conseguir un caudillismo quizá similar al que intentó Bolívar, personaje al que trata de mitificar aún más ocultando la gran oposición armada que encontró el llamado Libertador entre las poblaciones indígenas de tantas zonas. Su triste final, abandonado, solo, viejo a pesar de su poca edad y enfermo, hasta morir en Santa Marta, no debería ser olvidado por el tal Chávez y sus imitadores.

Evo Morales, presidente electo de Bolivia es indio, sí y presume de ello dijimos, hace bien, pero me pregunto: ¿será él, acaso, descendiente de aquellos que no deseaban que los "libertara" el llamado Libertador y que se resistían hasta con las armas? No hay peor cosa que como pueblo negarse a sí mismos y buscar una personalidad inexistente sin atender o despreciando la propia historia. Los Bolívar y los que le han mitificado lo hacen. Bolívar dijo, más o menos, que un español por el hecho de serlo es siempre culpable, y un americano aunque sea culpable no lo es o algo muy por el estilo. Con frases como estas poco podemos esperar.

A pesar de todo, digamos esperanzados por último, que junto con el idioma y las costumbres comunes que tenemos, esos Evos Morales, aunque sean tan indios como presumen, se les reconoce en seguida como a alguien de la familia y si surgen diferencias y encontronazos, hay que dejarlas tan sólo, como las calificaba don José Zorrilla cuando estuvo en Méjico, en meras "riñas de familia". Conviene hacerlo.

La Historia nos ayuda a ver la realidad más claramente y muchos cuando se sinceran la ponen de manifiesto, tal Cristina Fernández, presidenta de la República Argentina,y ya que estamos con la Historia puntualicemos, de la antigua Gobernación del Río de la Plata, en el Virreinato del Perú que sorprendentemente nos estampó a la cara ciertas críticas a una institución nuestra como si de algo suyo se tratara, lo que no fue bonito. O cuando por el contrario, tan amablemente recordó en su discurso aquí en Madrid, en nombre de los demás presidentes hispanoamericanos a don Juan Carlos aún convaleciente, dijo: "Su Majestad ha sabido construir vínculos muy fuertes con todos nosotros y realmente lo sentimos un Rey muy próximo". Lo que digo, de la familia.