Mientras los catalanes zarandeados por Arturo Mas se preparan para sus próximas elecciones, los vascos se encuentran ya en la digestión de las suyas. Vascos y catalanes a lo largo de los años se han hecho carantoñas políticas por tratar de emparejar sus pretensiones nacionalistas al menos, sino separatistas. Pero su situación es diferente por lo menos hasta ahora. En las tres provincias vascongadas como una consecuencia de la triste labor de Zapatero en el Gobierno que lo ha facilitado, el triunfo de los separatistas ha sido rotundo, masivo puede decirse, y esto, al menos, asusta.
El problema es viejo y para comprender algo hay que remotarse hasta 1839 cuando, terminadas las guerras carlistas con el Convenio de Vergara, se mermaron algunas libertades de las que gozaban los vascos, en la actualidad, sin duda, acrecentadas. Pero después de esa fecha, con el tiempo, en los albores de la República sobre todo, políticos y eclesiásticos aferrados a sus extremismos carlistas y teniendo como meta la segregación, maquinaban de forma poco clara, apoyándose unas veces en las izquierdas cuando se pretendían temas políticos o bien en la derecha si se tocaban asuntos religiosos.
El PNV ha liderado siempre esa estrategia tortuosa y poco franca que no debe chocarnos teniendo en cuenta quien fue su creador: un impresentable vasco de nombre Sabino Arana Goiri que echaba la culpa de todos los males del pueblo vasco al resto de los españoles, "una raza inferior" -decía- que "no sabe ni andar" y que si resulta "apuesto es tipo feminil", mientras añadía que "el español es corto de inteligencia y carece de maña para los trabajos más sencillos". Así que vamos listos. Pero lo malo no es que haya aparecido un pobre imbécil capaz de decir tantas tonterías, lo verdaderamente penoso es que entre los vascos haya tantos, todos los seguidores del PNV que continúan en tal formación. Unos señoritos estos peneuvistas que ahora tendrán que seguir con sus marrullerías políticas para poder gobernar, teniendo a una izquierda de desarrapados indeseables para la gente de bien, proveniente de las tenebrosidades de un terrrorismo que no condenan pisándoles los talones, como se desprende del claro y triste resultado que han dado las urnas. Y más allá, las minorías: el PSOE, una organización más apegada a una ideología ya superada que decidida a solucionar de manera conveniente los problemas que se le van presentando al país. Y un PP acaso más claro en su postura política como conservador que es, pero que con sus escasos votos poco podrá decidir.
Ese es el panorama preocupante que se presenta con los apoyos de siempre, políticos y eclesiáticos, a los que hay que añadir otros extremismos que abrazan los seguidores de los del tiro en la nuca. Sin embargo, lo verdaderamente triste es que a tan indignas tendencias, las han encumbrado una mayoría del pueblo vasco.
lunes, 29 de octubre de 2012
sábado, 20 de octubre de 2012
EN PRIMERA LÍNEA
En primera línea, pero no atacando, sino resistiendo, quiero decir viviendo cara al mañana que llega siempre puntual, pero no sabemos con qué intenciones. Y más en estas épocas de crisis y tanta merma de valores. Eso sí preparado como estoy aunque con las escasas armas que me van quedando.
Hay siempre, veo o acaso solo lo creo, un horizonte lejano al que desde mi posición costera como es, quiero decir abierta y receptora, se distingue limpio, rectilíneo, porque que desde la lejanía parece que las olas, a veces sorprendentes por su tamaño, no le afectan, lo que ya sé yo que es falso, porque el peligro que trae el acontecer de cada momento siempre hay que pensarle al menos latente y supuestamente amenazador para todos, hasta para esa lejanía que llamamos horizonte y que desde la distancia podemos pensar prometedor gracias a esa ayuda que tantas veces nos puede brindar la esperanza.
____________________
Así, en esta primera línea en que me encuentro, no de Maginot que intento que esté bien defendida, aunque acaso, poniéndonos pesimistas y en lo peor, que sea al menos de Rocroi, junto con el espìritu tan correoso que se la va poniendo a uno gracias esa especie de estoicismo que alguien calificó de típico de nuestra gente, blasámico casi añado yo, se puede seguir avanzando mientras se intenta que esta primera línea en que me hallo, se vaya acercando, poco a poco al menos, a ese horizonte deseado. Y mientras, sin abandonar la persistencia, se puede incluso encarar el futuro y casi me atrevería a decir, cumplir aunque no sea más que por pura satisfación personal, con esa lección de quijotismo que enseña Unamuno cuando se pregunta: "¿Qué vamos a hacer mientras marchamos?" o sea, aclaro, mientras vivimos "¿Qué? ¡Luchar! ¿Y cómo? ¿Como? ¿Tropezais con uno que miente?" (Mas, respondemos nostros y todos los políticos de Cataluña que hasta la Historia cambian valga de ejemplo entre otros muchos) "Gritarle a la cara: ¡Mentira! y ¡adelante. "¿Tropezais con uno que roba?" (¡Tantos! pensamos) Gritarle:¡Ladrón! y ¡adelante! ¿Tropezais con uno que dice tonterías, a quien oye toda una muchedumbre con la boca abierta? Gritarle: ¡Estúpidos! y ¡adelante! ¡Adelante siempre!".
Pero una vez que se ha gritado, a las alturas incluso, tantas verdades y tan justas protestas, en la ineludible realidad de la primera línea en que uno persiste, se sigue notando la fría brisa que surge de la soledad, mientras se trata de hacer balence de las fuerzas con que uno todavíacuenta.
Hay siempre, veo o acaso solo lo creo, un horizonte lejano al que desde mi posición costera como es, quiero decir abierta y receptora, se distingue limpio, rectilíneo, porque que desde la lejanía parece que las olas, a veces sorprendentes por su tamaño, no le afectan, lo que ya sé yo que es falso, porque el peligro que trae el acontecer de cada momento siempre hay que pensarle al menos latente y supuestamente amenazador para todos, hasta para esa lejanía que llamamos horizonte y que desde la distancia podemos pensar prometedor gracias a esa ayuda que tantas veces nos puede brindar la esperanza.
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Así, en esta primera línea en que me encuentro, no de Maginot que intento que esté bien defendida, aunque acaso, poniéndonos pesimistas y en lo peor, que sea al menos de Rocroi, junto con el espìritu tan correoso que se la va poniendo a uno gracias esa especie de estoicismo que alguien calificó de típico de nuestra gente, blasámico casi añado yo, se puede seguir avanzando mientras se intenta que esta primera línea en que me hallo, se vaya acercando, poco a poco al menos, a ese horizonte deseado. Y mientras, sin abandonar la persistencia, se puede incluso encarar el futuro y casi me atrevería a decir, cumplir aunque no sea más que por pura satisfación personal, con esa lección de quijotismo que enseña Unamuno cuando se pregunta: "¿Qué vamos a hacer mientras marchamos?" o sea, aclaro, mientras vivimos "¿Qué? ¡Luchar! ¿Y cómo? ¿Como? ¿Tropezais con uno que miente?" (Mas, respondemos nostros y todos los políticos de Cataluña que hasta la Historia cambian valga de ejemplo entre otros muchos) "Gritarle a la cara: ¡Mentira! y ¡adelante. "¿Tropezais con uno que roba?" (¡Tantos! pensamos) Gritarle:¡Ladrón! y ¡adelante! ¿Tropezais con uno que dice tonterías, a quien oye toda una muchedumbre con la boca abierta? Gritarle: ¡Estúpidos! y ¡adelante! ¡Adelante siempre!".
Pero una vez que se ha gritado, a las alturas incluso, tantas verdades y tan justas protestas, en la ineludible realidad de la primera línea en que uno persiste, se sigue notando la fría brisa que surge de la soledad, mientras se trata de hacer balence de las fuerzas con que uno todavíacuenta.
martes, 16 de octubre de 2012
EL ARTE DE LA GUERRA
Arte marcial. Se llama arte a la acción de matar con efecacia. Para obtener esa eficacia hay como para todos los propósitos que se pretendan alcanzar en esta vida, que forzar el cacumen, pensar de que forma se puede aumentar el número de víctimas. Cuando las cabilaciones han sido muchas, con el paso de los siglos se ha llegado a prácticamente poder acabar con este mundo que tanto cuesta abandonar individualmente. Ahí está la bamba atómica o las bombas, las que se necesiten, que las grandes potencias las guardan en abundancia y alguna otra no tan grande que pretende asustar a sus vecinos. El arte de la guerra ha llegado a ser un arte temible no solo para los propios contendientes sino para cualquiera por muy apartado del escenario de la contienda.
Retrocedamos cinco siglos: el abordaje fue el sistema de lucha en el mar preferida por los españoles, en aquella época en que no se ponía el sol para nosotros. Chocar las embarcaciones para saltar al buque enemigo con las armas a propósito para atacar -en realidad, defenderse- del ataque previo generalmente de ingleses u holandeses. Lucha cuerpo a cuerpo siguiendo en el amplio mar el sistema de lucha que caracterizó a nuestros Tercios, esos regimientos de la infantería española de los siglos XVI y XVII famosos y tan temidos. Así se ganó en Lepanto y se libró el Mediterráneo del peligro turco. Pero en otro intento con el mismo sistema de lucha se perdió la Armada Invencible. Había que haber dado un paso más en el arte de la guerra naval y, ese paso, no lo dio la España de Felipe II sino que lo hizo Inglaterra, siempre con el mar tan próximo, lo que le permitió comprender antes que la pelea en ese medio, tenía que ganarla el barco, evitando, precisamente, el abordaje con ligereza de maniobra y con la ventaja que proporcionaban los cañones. Y si además se podía contar con los "elementos" como gran ayuda, mejor que un buen temporal zarandea sin compasión a los barcos pesados y a sus tripulaciones.
A pesar de todo, conviene aclarar que Felipe II lo que pretendía era desembacar y derrocar a la reina inglesa e invadir el país, para lo que llevó hasta sus costas nada menos que 30.000 hombres en 130 barcos. Porque ya en Pavía, 63 años antes España dio un paso importante en el arte de guerrear. En esa batalla que permitió hasta hacer prisionero al rey francés Fracisco I, la infantería española empleó una táctica nueva que aligeraba el cuerpo a cuerpo definitivo: los arcabuceros españoles, desde la distancia, iban eliminando franceses como una forma moderna de lucha.
Pero todo se puede mejorar y eso hicieron los franceses en Rocroi 55 años después: arcabuces en la distancia y caballería con lo que los duros brazos de los Tercios no fueron suficientes y ahí, dicen, comenzó la decadencia militar española que, sin embargo, siguía siendo temible bien avanzado el siglo XVII.
Resumiendo, hay que aceptar que desde que el hombre es hombre el afán de matar, atacando o defendiéndose, no ha cesado. Porque siempre el hombre encuentra disculpas o motivos que justifican en su opinión la confrontación. Y no digamos las naciones. Actualmente Estados Unidos, digámoslo a manera de ejemplo, sintiéndose gran potencia disfrazó su belicosidad y ansias de dominio, poniendo como disculpa la defensa de la democracia. De Inglaterra no hablemos. En los tiempos en que España era potencia se creía en la obligación de defender la fé que tanto esfuerzo requería, pero cabe también observar que detrás de ese motivo religioso, no siempre podía ocultar un afán de dominio. Era la gran potencia y no podía bajar la guardia que requería su autoridad. Porque el dominio y la prepotencia parece que son los motivos principales para la imposición sobre los demás. Con las armas como ha sido en general a lo largo de la historia o, más modernamente, con el arma tan eficaz del dinero que si no mata, al menos elimina al oponente como contrincante de consideración. Ahora hay un ejemplo bien claro que tanto nos afecta: Alemania, fracasada siempre a la postre en sus intentos de imponerse con las armas y de conseguir un gran imperio, trata de dominar con el nuevo arma del euro y no facilita a los que lo necesita, la ayuda que, sin embargo, pregona. Es decir, las lucha continúa aunque se haga con otras armas y con la sonrisa fingida de los políticos.
Retrocedamos cinco siglos: el abordaje fue el sistema de lucha en el mar preferida por los españoles, en aquella época en que no se ponía el sol para nosotros. Chocar las embarcaciones para saltar al buque enemigo con las armas a propósito para atacar -en realidad, defenderse- del ataque previo generalmente de ingleses u holandeses. Lucha cuerpo a cuerpo siguiendo en el amplio mar el sistema de lucha que caracterizó a nuestros Tercios, esos regimientos de la infantería española de los siglos XVI y XVII famosos y tan temidos. Así se ganó en Lepanto y se libró el Mediterráneo del peligro turco. Pero en otro intento con el mismo sistema de lucha se perdió la Armada Invencible. Había que haber dado un paso más en el arte de la guerra naval y, ese paso, no lo dio la España de Felipe II sino que lo hizo Inglaterra, siempre con el mar tan próximo, lo que le permitió comprender antes que la pelea en ese medio, tenía que ganarla el barco, evitando, precisamente, el abordaje con ligereza de maniobra y con la ventaja que proporcionaban los cañones. Y si además se podía contar con los "elementos" como gran ayuda, mejor que un buen temporal zarandea sin compasión a los barcos pesados y a sus tripulaciones.
A pesar de todo, conviene aclarar que Felipe II lo que pretendía era desembacar y derrocar a la reina inglesa e invadir el país, para lo que llevó hasta sus costas nada menos que 30.000 hombres en 130 barcos. Porque ya en Pavía, 63 años antes España dio un paso importante en el arte de guerrear. En esa batalla que permitió hasta hacer prisionero al rey francés Fracisco I, la infantería española empleó una táctica nueva que aligeraba el cuerpo a cuerpo definitivo: los arcabuceros españoles, desde la distancia, iban eliminando franceses como una forma moderna de lucha.
Pero todo se puede mejorar y eso hicieron los franceses en Rocroi 55 años después: arcabuces en la distancia y caballería con lo que los duros brazos de los Tercios no fueron suficientes y ahí, dicen, comenzó la decadencia militar española que, sin embargo, siguía siendo temible bien avanzado el siglo XVII.
Resumiendo, hay que aceptar que desde que el hombre es hombre el afán de matar, atacando o defendiéndose, no ha cesado. Porque siempre el hombre encuentra disculpas o motivos que justifican en su opinión la confrontación. Y no digamos las naciones. Actualmente Estados Unidos, digámoslo a manera de ejemplo, sintiéndose gran potencia disfrazó su belicosidad y ansias de dominio, poniendo como disculpa la defensa de la democracia. De Inglaterra no hablemos. En los tiempos en que España era potencia se creía en la obligación de defender la fé que tanto esfuerzo requería, pero cabe también observar que detrás de ese motivo religioso, no siempre podía ocultar un afán de dominio. Era la gran potencia y no podía bajar la guardia que requería su autoridad. Porque el dominio y la prepotencia parece que son los motivos principales para la imposición sobre los demás. Con las armas como ha sido en general a lo largo de la historia o, más modernamente, con el arma tan eficaz del dinero que si no mata, al menos elimina al oponente como contrincante de consideración. Ahora hay un ejemplo bien claro que tanto nos afecta: Alemania, fracasada siempre a la postre en sus intentos de imponerse con las armas y de conseguir un gran imperio, trata de dominar con el nuevo arma del euro y no facilita a los que lo necesita, la ayuda que, sin embargo, pregona. Es decir, las lucha continúa aunque se haga con otras armas y con la sonrisa fingida de los políticos.
sábado, 13 de octubre de 2012
UN PASADO MUY ACTUAL
El olvido es la cesación de la memoria que se tenía, lo que tantas veces se debe a la pérdida del afecto. Ahora parece que se ha olvidado a un personaje imprescindible, cumbre en la investigación y crítica literaria, filosófica e histórica. Un sabio que puso todos sus conocimientos vastísimos al servicio de España, construyendo para siempre nuestra historia espiritual. Me refiero a don Marcelino Menéndez y Pelayo, imprescindible para conocer nuestro pasado y del que precisamente ahora se cumplen cien años de su fallecimiento. Pero su obra no ha muerto y a ella debemos acudir si queremos conocernos mejor. Ahí está "La Ciencia Española", un catálogo formidable de científicos negados en algunos sectores, porque toda su obra está dirigida a valorar la enorme importancia que el espíritu español ha tenido en la historia del mundo. Recordemos también a "La Historia de las ideas estéticas en España" y sobre todo la sorprendente "Historia de los heteredoxos españoles". A ella quería yo llegar, porque quizá las ideas allí expuestas adquieren sorprendente actualidad. Se asegura que la grandeza de España radica precisamente en la unidad. Y fijándose en ella escribe con la fuerza y la rotundidez que caracteriza a todos sus escritos: "Dios nos concedió la victoria y premio a nuestro esfuerzo perseverante, dándonos el destino más alto entre todos los destinos de la historia humana: el de completar el plantea, el de borrar los antiguos linderos del mundo". Y se regodea: "¡Dichosa edad aquella, de prestigios y maravillas, edad de juventud y de robusta vida! España era o se creía, el pueblo de Dios". Y así destacando nuestro quehacer, ("nada parecía imposible a aquellos hombres") se recrea cantando a tan sorprendentes triunfos, que basa, en gran parte, en nuestra raíz espiritual cristiana siempre destacada en la obra de don Marcelino y que, en aquella época, era innegable. Acaso el olvido de su aniversario sea más que nada una pretendida negación de sus ideas conservadoras y religiosas no muy de moda entre tantos de los ahora tachados de intelectuales.
Pero mal que pese a tantos que clasifican a nuestras personalidades, verdaderas cumbres muchas de ellas, según las tendencias de su pensamiento actual, a Menéndez Pelayo hay que acudir para saber con profundidad la verdad de nuestro pasado, cuando España era "evangelizadora de la mitad del mundo" y "martillo de herejes". Y completaremos la visión del discurrir de nuestro pueblo acudiendo también, solo así, a las obras que nos brindan otras lumbreras de cada momento, independientemente de sus tendencias. Además resulta un auténtico disfrute el recorrido. Fijémonos en otro gigante de la época, Angel de Ganivet que nos da una lección muy aprovechable para los momentos en que vivimos. Aparece en su obra "Idearium" y dice: "Una restauración de la vida entera de España no puede tener otro punto de arranque que la concentración de nuestras energías dentro de nuestro territorio". Porque él pregonaba la necesidad de una "reconstitución interior" a la vez que nos recuerda que nuestro espíritu de españoles se encierra en el misticismo, muy claro, creo, en los siglos XVI y XVII e incluso hasta el XIX y "en la dignidad con que soportamos la adversidad que califica de estoicismo aunque puntualiza al referirse al "estoicismo natural y humano de Séneca", ese con el que Ganivet aconseja que "ante los hechos mezquinos que forman la trama del diario vivir" hay que mantenerse " firme y erguido que al menos se pueda decir siempre de ti que eres un hombre".
Y siguiendo el interesante camino iniciado en el rastreo de nuestro pasado, nos topamos con un Joaquín Costa que viene a abundar en las ideas de la "reconstitución nacional" ya citadas, y que desde su inneglable y profundo espíritu patriótico pide la reorganización económica, se ocupa de la educación y solicitando el abandono de todo posible sueño imperialista, lanza su famoso consejo: "Despensa, escuela y siete llaves al sepulcro del Cid".
Y en el recorrido en que nos hemos enfrascado, llegamos hasta casi el final del XIX y nos topamos con el Noventa y Ocho en el que no tuvimos necesidad de abandonar las ideas imperialistas, ya que nos las arrebataron como parecía ineludible dada nuestra situación. Pero nació una Generación que reaccinó saludablemente a la conmoción sufrida y que nos brindó, además de sus indudables éxitos literarios, unas ideas nuevas sobre España que enseñaron a considerar nuestra autenticidad y nuestros valores. Unamuno, Machado, Azorín, Baroja... nos destacaron la belleza de nuestros paisajes y desempolvaron otras riquezas artísticas muy nuestras, a la vez que nacía una interesante intento de europeizción.
Y con todo, rescatado ya del olvido Menéndez y Pelayo, mi primer propósito y recogidos los sabios consejos que también ofrecieron personajes ilustres como Ganivet, Costa y la interesante Generación del Noventa y Ocho, acerquémonos para acabar a otro personaje, el nicaragüense Rubén Darío, poeta, el más importante sin duda de su época, que también nos da un consejo muy a propósito para los tiempos que estamos viviendo en que se hace tan necesario no decaer sino seguir siempre: "Y que bogue entre las olas espumantes,/y bogue la galera, que yo he visto/como son las tormentas de inconstantes/que la Raza está en pie y el brazo listo..."
Pero mal que pese a tantos que clasifican a nuestras personalidades, verdaderas cumbres muchas de ellas, según las tendencias de su pensamiento actual, a Menéndez Pelayo hay que acudir para saber con profundidad la verdad de nuestro pasado, cuando España era "evangelizadora de la mitad del mundo" y "martillo de herejes". Y completaremos la visión del discurrir de nuestro pueblo acudiendo también, solo así, a las obras que nos brindan otras lumbreras de cada momento, independientemente de sus tendencias. Además resulta un auténtico disfrute el recorrido. Fijémonos en otro gigante de la época, Angel de Ganivet que nos da una lección muy aprovechable para los momentos en que vivimos. Aparece en su obra "Idearium" y dice: "Una restauración de la vida entera de España no puede tener otro punto de arranque que la concentración de nuestras energías dentro de nuestro territorio". Porque él pregonaba la necesidad de una "reconstitución interior" a la vez que nos recuerda que nuestro espíritu de españoles se encierra en el misticismo, muy claro, creo, en los siglos XVI y XVII e incluso hasta el XIX y "en la dignidad con que soportamos la adversidad que califica de estoicismo aunque puntualiza al referirse al "estoicismo natural y humano de Séneca", ese con el que Ganivet aconseja que "ante los hechos mezquinos que forman la trama del diario vivir" hay que mantenerse " firme y erguido que al menos se pueda decir siempre de ti que eres un hombre".
Y siguiendo el interesante camino iniciado en el rastreo de nuestro pasado, nos topamos con un Joaquín Costa que viene a abundar en las ideas de la "reconstitución nacional" ya citadas, y que desde su inneglable y profundo espíritu patriótico pide la reorganización económica, se ocupa de la educación y solicitando el abandono de todo posible sueño imperialista, lanza su famoso consejo: "Despensa, escuela y siete llaves al sepulcro del Cid".
Y en el recorrido en que nos hemos enfrascado, llegamos hasta casi el final del XIX y nos topamos con el Noventa y Ocho en el que no tuvimos necesidad de abandonar las ideas imperialistas, ya que nos las arrebataron como parecía ineludible dada nuestra situación. Pero nació una Generación que reaccinó saludablemente a la conmoción sufrida y que nos brindó, además de sus indudables éxitos literarios, unas ideas nuevas sobre España que enseñaron a considerar nuestra autenticidad y nuestros valores. Unamuno, Machado, Azorín, Baroja... nos destacaron la belleza de nuestros paisajes y desempolvaron otras riquezas artísticas muy nuestras, a la vez que nacía una interesante intento de europeizción.
Y con todo, rescatado ya del olvido Menéndez y Pelayo, mi primer propósito y recogidos los sabios consejos que también ofrecieron personajes ilustres como Ganivet, Costa y la interesante Generación del Noventa y Ocho, acerquémonos para acabar a otro personaje, el nicaragüense Rubén Darío, poeta, el más importante sin duda de su época, que también nos da un consejo muy a propósito para los tiempos que estamos viviendo en que se hace tan necesario no decaer sino seguir siempre: "Y que bogue entre las olas espumantes,/y bogue la galera, que yo he visto/como son las tormentas de inconstantes/que la Raza está en pie y el brazo listo..."
sábado, 22 de septiembre de 2012
LA HONRADEZ HISTÓRICA Y LA ACTUALIDAD
Si digo que España ha pagado muy cara su honradez histórica, algunos soltarán una carcajada, otros tan solo se sonreirán despectivamente y algunos, espero, frunciendo un poco el ceño, quizá esbocen un cierto gesto de curiosidad. Para ellos repetiré como inicio de mi razonamiento lo que, más menos, escribí ya hace unos tres años. Dije entonces al echar una mirada al pasado que el Descubrimiento y la labor desarrollada en América fue "nuestra gran aportación a la Historia" y añadía que "el precio que España pagó al ocuparse durante siglos de aquellas tierras que íbamos introduciendo en la Historia fue que nuestros campos y ciudades se despoblaron, mientras nos alejábamos de las nuevas tendencias que se iniciaban en Europa, nuestro entorno. Aunque, hay que decirlo, esas tendencias que surgían, paradójicamente se iniciaban por influencia de lo que nosotros realizábamos nada menos en la otra orilla del Oceano. Me refiero al nacimiento del mercantilismo con la nueva consideración del dinero como signo y fuente de riqueza. España traía de América metales preciosos y se enriquecía, pero el resto de Europa, para conseguirlo, tuvo que echar mano de la exportación y por tanto de la creación de fuentes de riqueza, en resumidas cuentas, se hizo más productiva. Ya España en el XVII lanzó la alarma del peligro que corrían nuestra fábricas y telares desbordadas por la competencia del exterior a pesar de establecer un rigor aduanero mayor. Este fue un precio que pagó España por ser primera potencia y haber agrandado el mundo, a la vez, dijimos,que se despoblaban nuestro campos.
Luego llegó la Reforma protestante y esa primera potencia que era nuestra patria, tuvo que tomar partido y no pudo ser otro estando Carlos I en el Trono que el de la Contrarreforma en la que se empeñó con argumentos y con las armas. Salvó a media Europa con más ahinco que el propio Papado, pero como contrapartida se encerró en sus propios argumentos exagerandolos sin duda, cerrando las fronteras a los nuevos pensamientos e ideas que con el transcurso del tiempo fueron apareciendo en el Continente. Desde el principio, Lutero y Calvino, actualizando las ideas de San Pablo, proclamaron como una nueva consigna de obligado cumplimento que el que no trabajara no tendría derecho a comer. Aquí, casi a la vez, se afianzaba el misticismo, doctrina religiosa y filosófica que enseña la comunicación tan deseada y beneficiosa, repito, beneficiosa, inmediata y directa del hombre con la Divinidad, pero que -hay que decirlo- cuando es a costa de negar todas las obligaciones que como humanos creados por Dios tenemos, resulta perjudicial para el individuo, las familias y sin duda, para la sociedad e, incluso, la nación.
España, país de apasionados. "He aquí unos hombres que quisieron ser demasiado", según nos definía Nietzsche. Y fuimos mucho en muchos sentidos e, incluso, exageramos en diversos momentos hasta que el cansancio llegó, aunque -no hay que olvidarlo- quedaran fuerza y ánimo suficientes para no perder el tren del progreso que tomamos en marcha, sí. España,la de los frutos tardíos, pero que los conseguía y de calidad óptima. Y ha pasado el tiempo hasta que desembocamos en una actualidad, ésta que soportamos, en la que la confusión y la duda imperan, mientras el pesimismo se instala. Con el tren del tiempo imparable dudamos sobre el camino a seguir.
Y en esas estamos los apasionados de siempre que quisieron ser demasiado, exagerando nuestras sin duda grandes calamidades de hoy, como si no hubieramos remontado con éxito peores momentos tantas veces. Los viejos del lugar podrían enumerarlos, Escuchémosles, nos darán ánimos para proseguir con la enegía de otros momentos.
Luego llegó la Reforma protestante y esa primera potencia que era nuestra patria, tuvo que tomar partido y no pudo ser otro estando Carlos I en el Trono que el de la Contrarreforma en la que se empeñó con argumentos y con las armas. Salvó a media Europa con más ahinco que el propio Papado, pero como contrapartida se encerró en sus propios argumentos exagerandolos sin duda, cerrando las fronteras a los nuevos pensamientos e ideas que con el transcurso del tiempo fueron apareciendo en el Continente. Desde el principio, Lutero y Calvino, actualizando las ideas de San Pablo, proclamaron como una nueva consigna de obligado cumplimento que el que no trabajara no tendría derecho a comer. Aquí, casi a la vez, se afianzaba el misticismo, doctrina religiosa y filosófica que enseña la comunicación tan deseada y beneficiosa, repito, beneficiosa, inmediata y directa del hombre con la Divinidad, pero que -hay que decirlo- cuando es a costa de negar todas las obligaciones que como humanos creados por Dios tenemos, resulta perjudicial para el individuo, las familias y sin duda, para la sociedad e, incluso, la nación.
España, país de apasionados. "He aquí unos hombres que quisieron ser demasiado", según nos definía Nietzsche. Y fuimos mucho en muchos sentidos e, incluso, exageramos en diversos momentos hasta que el cansancio llegó, aunque -no hay que olvidarlo- quedaran fuerza y ánimo suficientes para no perder el tren del progreso que tomamos en marcha, sí. España,la de los frutos tardíos, pero que los conseguía y de calidad óptima. Y ha pasado el tiempo hasta que desembocamos en una actualidad, ésta que soportamos, en la que la confusión y la duda imperan, mientras el pesimismo se instala. Con el tren del tiempo imparable dudamos sobre el camino a seguir.
Y en esas estamos los apasionados de siempre que quisieron ser demasiado, exagerando nuestras sin duda grandes calamidades de hoy, como si no hubieramos remontado con éxito peores momentos tantas veces. Los viejos del lugar podrían enumerarlos, Escuchémosles, nos darán ánimos para proseguir con la enegía de otros momentos.
miércoles, 19 de septiembre de 2012
DOS VISIONES DE LA REALIDAD EUROPEA
Los obstáculos
Ojalá acierte Rajoy en ese complicado camino que se ve obligado a seguir. No ha tenido suerte el hombre con su llegada a la presidencia. El panorama asusta. Lo que encontró dentro del país ha sido demasiado y las respuestas de Europa parecen dudosas y son lentas. España y también Italia con su deuda enorme auque con menos paro, tendrán, se dice, ayuda si la piden, serán rescatadas hablando con claridad. Pero ¿qué rescate es ese que por exigir unas condiciones muy duras debilitarían más aún las renqueantes economías de los dos países? Quizá por eso Rajoy se resiste, ratrasa al menos lo que puede esa solicitud de ayuda que ofrecen ahora. No obstante todo esto y es lo grave, según parece, es la única salida a la vista, porque la recuperación en solitario se juzga impensable.
Y los economistas, esos señores que tanto pontifican aunque no acierten la mayoría de las veces, aconsejan que la petición del rescate se haga cuanto antes, aún con la seguridad de que al menos a corto plazo, se continuará con el deterioro económico. Pero todavía el problema se agiganta más, ya que las reformas tan necesarias que se llevan a cabo, solo a la larga mejorarán la productividad. A la corta, en la actualidad, agravan la crisis, lo que a la vez lleva a disminuir más la demanda y se impide el surgimiento de la oferta. Con ello el consumo no crece y la creación de empleo habrá que dejarla para mejor ocasión.
Y Alemania, mientras tanto, con su tema: reducción del deficit comercial aunque la lógica diga que todos no podrán alcanzar ese superavit deseado. Creo que habrá alguna norma comercial que señale que para que alguno disfrute de superavit, otro, al menos, tendrá que soportar un deficit en sus intercambios. Con todo esto la incertudumbre se extiende en toda Europa, las ideas no está claras, tanto que hasta la CEOE habla de los problemas del euro, con lo que las incognitas se multiplican y en ese ambiente tan turbio, Rajoy debe seguir con sus difíciles equilibrios, pues no se ve otra alternativa.
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La unión deseada
A pesar de todo Europa está unida con el euro como estandarte principal, que la economía manda, no las ideas ya tan uniformes ni las creencias, olvidadas al menos públicamente. Somos europeos, queremos serlo dicen, necesitamos serlo parece para enfrentarnos con alguna personalidad aceptable a la avalancha que se pronostica de los ojos oblícuos, de la China imparable.
Parece que no hay inconvenientes insalvables a pesar de las apariencias para que esa unión se afiance. Solo la economía manda, pero hay que embridarla y en eso estamos empeñados. Importa lo que tienes, no lo que eres, además somos bastante idénticos losde arriba y los de abajo, los del norte y los del sur digan lo que digan las encuestas y otros comenarios. Es la aldea global donde como siempre ocurrió en las aldeas el dinero, únicamente el dinero marca las diferencias, es decir, las sonrisas y los desprecios, la presunción en fin, pero en este caso a nivel continental.
Un continente por otro lado, hay que reconocerlo, que por mucho que se estire resulta, eso sí, poco más que una aldea a la hora de compararlo y de enfrentarse con la avalancha china e, incluso, india que también surge, anuncian, con ímpetu a pesar de su pueblo pobre, hundido en y por unas creencias que en vez de elevarlo le han sumergido, siglo tras siglo, en el hoyo oscuro de lo incomprensible.
Pero no hay deciamos inconvenientes insalvables, para esa unión europea. España la quiere, la quiso desde que con la Transición pudo normalizarse con el mejor y más natural remedio: proclamendo su realidad histórica y geográfica. No como ocurría en el siglo XVIII en que la apertura a Europa costó lo suyo, tantos "motines de Esquilache" después de que nustro país, con los Austrias en el Trono y el poderío militar incuestionable en el mundo, pretendió con la Contrarreforma, restablecer la unidad religiosa en Europa con un ahinco no igualado ni por en Papado siempre más atento a la seguridad de sus estados que a otra cosa. Esa Contrarreforma con tanta fuerza llevada a cabo que hasta las fronteras europeas del pensamiento se cerraron para no contaminarnos con ellas.
Ahora no, ya estamos contaminados o enriquecidos. Las ideas, los gustos, las modas, de sur a norte, de este a oeste son las mismas. El descreimiento nos une y solo nos podría separar la economía, las deudas, como a cualquier hijo de vecino para codearse con los importantes.
Sin embargo, hay que sañalar que esos países pujantes, esas naciones más ricas ahora, no tolerarán la ausencia de países como España e Italia. Sin ellas, esa Unión Europea no estaría completa y marcharía cojeando y con dos flancos abiertos en el intento de soportar la avalancha asiática que se avecina.
Ojalá acierte Rajoy en ese complicado camino que se ve obligado a seguir. No ha tenido suerte el hombre con su llegada a la presidencia. El panorama asusta. Lo que encontró dentro del país ha sido demasiado y las respuestas de Europa parecen dudosas y son lentas. España y también Italia con su deuda enorme auque con menos paro, tendrán, se dice, ayuda si la piden, serán rescatadas hablando con claridad. Pero ¿qué rescate es ese que por exigir unas condiciones muy duras debilitarían más aún las renqueantes economías de los dos países? Quizá por eso Rajoy se resiste, ratrasa al menos lo que puede esa solicitud de ayuda que ofrecen ahora. No obstante todo esto y es lo grave, según parece, es la única salida a la vista, porque la recuperación en solitario se juzga impensable.
Y los economistas, esos señores que tanto pontifican aunque no acierten la mayoría de las veces, aconsejan que la petición del rescate se haga cuanto antes, aún con la seguridad de que al menos a corto plazo, se continuará con el deterioro económico. Pero todavía el problema se agiganta más, ya que las reformas tan necesarias que se llevan a cabo, solo a la larga mejorarán la productividad. A la corta, en la actualidad, agravan la crisis, lo que a la vez lleva a disminuir más la demanda y se impide el surgimiento de la oferta. Con ello el consumo no crece y la creación de empleo habrá que dejarla para mejor ocasión.
Y Alemania, mientras tanto, con su tema: reducción del deficit comercial aunque la lógica diga que todos no podrán alcanzar ese superavit deseado. Creo que habrá alguna norma comercial que señale que para que alguno disfrute de superavit, otro, al menos, tendrá que soportar un deficit en sus intercambios. Con todo esto la incertudumbre se extiende en toda Europa, las ideas no está claras, tanto que hasta la CEOE habla de los problemas del euro, con lo que las incognitas se multiplican y en ese ambiente tan turbio, Rajoy debe seguir con sus difíciles equilibrios, pues no se ve otra alternativa.
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La unión deseada
A pesar de todo Europa está unida con el euro como estandarte principal, que la economía manda, no las ideas ya tan uniformes ni las creencias, olvidadas al menos públicamente. Somos europeos, queremos serlo dicen, necesitamos serlo parece para enfrentarnos con alguna personalidad aceptable a la avalancha que se pronostica de los ojos oblícuos, de la China imparable.
Parece que no hay inconvenientes insalvables a pesar de las apariencias para que esa unión se afiance. Solo la economía manda, pero hay que embridarla y en eso estamos empeñados. Importa lo que tienes, no lo que eres, además somos bastante idénticos losde arriba y los de abajo, los del norte y los del sur digan lo que digan las encuestas y otros comenarios. Es la aldea global donde como siempre ocurrió en las aldeas el dinero, únicamente el dinero marca las diferencias, es decir, las sonrisas y los desprecios, la presunción en fin, pero en este caso a nivel continental.
Un continente por otro lado, hay que reconocerlo, que por mucho que se estire resulta, eso sí, poco más que una aldea a la hora de compararlo y de enfrentarse con la avalancha china e, incluso, india que también surge, anuncian, con ímpetu a pesar de su pueblo pobre, hundido en y por unas creencias que en vez de elevarlo le han sumergido, siglo tras siglo, en el hoyo oscuro de lo incomprensible.
Pero no hay deciamos inconvenientes insalvables, para esa unión europea. España la quiere, la quiso desde que con la Transición pudo normalizarse con el mejor y más natural remedio: proclamendo su realidad histórica y geográfica. No como ocurría en el siglo XVIII en que la apertura a Europa costó lo suyo, tantos "motines de Esquilache" después de que nustro país, con los Austrias en el Trono y el poderío militar incuestionable en el mundo, pretendió con la Contrarreforma, restablecer la unidad religiosa en Europa con un ahinco no igualado ni por en Papado siempre más atento a la seguridad de sus estados que a otra cosa. Esa Contrarreforma con tanta fuerza llevada a cabo que hasta las fronteras europeas del pensamiento se cerraron para no contaminarnos con ellas.
Ahora no, ya estamos contaminados o enriquecidos. Las ideas, los gustos, las modas, de sur a norte, de este a oeste son las mismas. El descreimiento nos une y solo nos podría separar la economía, las deudas, como a cualquier hijo de vecino para codearse con los importantes.
Sin embargo, hay que sañalar que esos países pujantes, esas naciones más ricas ahora, no tolerarán la ausencia de países como España e Italia. Sin ellas, esa Unión Europea no estaría completa y marcharía cojeando y con dos flancos abiertos en el intento de soportar la avalancha asiática que se avecina.
miércoles, 11 de julio de 2012
EL BILBAO Y EL BARCELONA
Con los impresentables, tantos, hay un problema de concepto: no responden ni obedecen al diccionario que los define tan solo como no dignos de presentarse o de ser presentados. Pero como esos impresentables perdieron el sentido de lo digno lo hacen, se presentan y aparecen por todas partes con el agravante muchas veces de que dependemos de ellos y hasta que dirigen o interfieren en nuestras vidas. Otras, al menos, resultan tan molestos y hasta agresivos que resulta difícil resistirlos. De estos últimos hemos podido contarlos en Madrid por miles. Vascos y catalanes, cerca de cuarenta mil según dicen que azuzados por los políticos -auténticos impresentables todos ellos- vinieron a Madrid a agredirnos con silvidos y gritos, con motivo del partido de futbol entre el Barcelona y el Bilbao, ofreciendo el contrasentido de que tanto desprecio y rechazo como querían mostrar hacia España, chocaba con su deseo, también ruidosamente manifestasdo, de querer ganarse la copa del Campeonato de la España que fingían rechazar y que era donada por el Rey.
Cerca de ellos otro tipo de impresentables no tan agresivos, pero que con las ideas confusas de que eran capaces, se atrevieron a tachar de fascistas a los que se oponían a aceptar tanta agresión.
Impresentables ellos, impresentables los políticos que los azuzan mientras viven de la España que dicen rechazar. La democracia en tantas ocasiones se convierte en el cobijo de los peores.
Siento decirlo.
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