jueves, 21 de abril de 2011

NUESTRAS REPÚBLICAS

En mi niñez, allá cuando el movido siglo XX aún estaba en la treintena, entre las llamadas gentes de orden, si querían definir alguna situación sin control, caótica, decían que "esto parece una república". Claro que existen repúblicas con orden y concierto, la francesa sin duda y la alemana y hasta la italiana que aguanta gracias a la sabiduría de ese pueblo lo que le echen, hasta un Berlusconi impresentable. Pero la experiencia española, en aquella época, en nada se parecía a la que se vive en la actualidad en los países citados y en otros muchos por supuesto. Nuestra experiencia fue distinta, trágica desde luego, sobre todo con la llamada Segunda República, y hasta cómica con la Primera en algunos aspectos, si hacemos un esfuerzo y no lo tomamos por la tremenda lo allí pasó.

De la última persiste el recuerdo auténtico aleteando en los conocedores de la Historia y aún entre los vejestorios más resistentes que todavía conserven algún control de sí mismos, junto a la falsificada memoria de los malintencionados, tan abundantes, con que pretenden engañar a los más jóvenes de lo que allí pasó. Pero las dos repúblicas resultaron destructoras. La Segunda desde el surgimiento revolucionario del llamado Frente Popular con la idea de una Rusia soviética como modelo, sustentado sobre todo por ese personaje tan triste llamado Largo Caballero y que dio motivo al Alzamiento, la guerra y los miles de muertos contabilizados en ambas partes.

Y ya que hacemos uso de los recuerdos, retrocedamos hasta 1873 nada menos, a esa Primera República que duró, pásmense, dos años, pero tan bien aprovechados que dio tiempo para disfrutar -es un decir- nada menos que de cuatro presidentes, cuyos nombres resuenan en la Historia cercana como si hubieran sido triunfadores: Figueras, Pi y Margal, Salmerón y Castelar. De todos, Pi y Margal destaca por su absurdo , incapaz y desorientado federalismo. Su proyecto de constitución aseguraba que las regiones de España eran estados soberanos que decidían libremente formar parte de la Federación Española. Cómo ha debido gustar esto al también triste gobernante español que todavía sufrimos: España con muchas naciones dentro revolviéndose en la piel de toro. Al fin y al cabo ya nos contó que eso del término nación es algo discutido y discutible. Y tanto que lo fue, por eso en el corto período de esa Primera República, en España se declaran independientes Málaga, Sevilla, Cataluña, Granada, Cádiz, Castellón, Valencia y Cartagena. Y la República de Granada llegó a declarar la guerra a la de Jaén, y la de Jumilla a todas las cercanas. ¡Qué menos!-

Considerado todo esto parece que esas gentes que he denominado "de orden" sí tenían motivos para, entre nosotros, identificar a la república con el desconcierto. Sí que lo hubo. Ochenta años se cumplen en este mes de la proclamación de esa Segunda República rematada con su Frente Popular que tantas desgracias acarreó y que aún pueden llorarse tal como hace Zapatero que no encuentra consuelo por la muerte, por parte de los alzados, de un abuelo suyo al que no conoció. Y en cuanto a desconcierto y lío de verdad, no digamos nada de la república anterior que sufrieron los bisabuelos de muchos de los que aún palpitan en este valle de lágrimas. Ahí es nada la República de Jumilla declarando la guerra a todas las de alrededor, creo que hasta la murciana, no sé si inclusive o no.

Solo hace 138 años que ocurrió todo esto. De la Segunda República , de su inicio, únicamente 80 y ya hay algunos que suspiran por una tercera y hasta sacan la bandera tricolor a pasear en cuanto pueden, sin avergonzarse y sin propósito de enmienda.

1 comentario:

Pedro, desde Cádiz dijo...

A pesar de todo lo que dice y que es verdad, yo soy republicano. Los reyes y su sitema hereditario no me parece justo. Deseo la libertad de elegir.