martes, 3 de febrero de 2009

DE MIS DIVAGACIONES

Baltasar Gracián, jesuita y uno de los más elevados prosistas del Siglo de Oro, tiene una frase, creo que en su obra "El criticón" que es destacada por García de Cortázar en su "Breve historia de la cultura española" que dice así: "Entre las monstruosidades de la vida, la más portentosa es el estar el engaño en la entrada del mundo, y el desengaño a la salida" que, a mi entender se puede aplicar a muchas de las manifestaciones que surgen a lo largo de la existencia. A la vida misma diría si nos ponemos pesimistas, lo que no es conveniente, pero que desde luego les va como anillo al dedo a los políticos en general.

Pasen ustedes revista a los que conocen, a los que han votado, a los que sufren. No citaré nombres, pero sí señalaré que lo que se observa es que las ideas políticas no son tan aplaudidas ni tan rechazadas como se aplauden o se rechazan a los propios políticos. Quizá haya una razón para ello. Si nos fijamos en España e incluso en todo Occidente, las ideas que actualmente vertebran a los partidos políticos digamos serios, no difieren tanto entre si. Es la actuación de los políticos a lo que se atiende pues ahí surgen las diferencias. Las promesas esgrimidas y lanzadas a los cuatro vientos en sus campañas electorales, a menudo no se cumplen.Tierno Galván, en tantas cosas un gran cínico (perteneciente a la escuela cínica para que no se enfaden sus fans) dijo, más o menos, que esas promesas no estaban para cumplirse. Sino para engañar, añado yo, con lo que la frase de Gracián adquiere una actualidad candente..

¿Qué queda entonces de la democracia, ese sistema de gobierno que la única alabanza a que se ha hecho acreedor es que resulta el menos malo de todos? Pongámonos eruditos y vayamos a la etimología, con lo que no nos queda más remedio que retroceder hasta la Grecia clásica, como casi siempre. La palabrita procede como bien se sabe de "demos" pueblo y "krateo" yo gobierno que, resumiendo, nos lleva a gobierno popular o democracia como decimos. Mas al observar que los políticos nos engañan con sus promesas y nos desengañan con su actuación, el sentido de democracia desaparece, porque el pueblo se siente alejado del gobierno.

Y la etimología nos descubre otra falsedad. Se utiliza una artimaña para ganarse la voluntad popular. La palabra ahora es demagogia que en su origen no es despreciable, al contrario, pero que en su práctica resulta rechazable. Un demagogo es, en principio, alguien que es capaz de "conducir al pueblo, que capta el favor del pueblo" lo que puede ser admirable, pero que resulta despreciable cuando para ello se emplea el engaño, el disimulo, la sonrisita, el talante en fin, para conseguir el aplauso y el voto con que llegar al poder y desarrollar sus fobias y rencores acumulados. Utilizar la memoria histórica no para aprender de ella, sinó para revivirla.

Y así marchan las cosas, unos renegando y otros, quizá los más por desgracia, desentendiéndose de la política, prefiriendo que les gobiernen como sea y que les dejen disfrutar de pequeñeces. Prefieren la sumisión.

¡Qué razón tenía nuestro Gracián que nació hace 407 años, todo empieza con engaño y acaba con desengaño. No hay nada nuevo bajo el sol.

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