jueves, 7 de enero de 2010

ALEMANIA, MOTOR

Alemania es todavía el motor de Europa y quizá tenga la fuerza suficiente como para tirar de toda ella. Es el motor por su mayor fortaleza económica a pesar de la crisis y por su pujanza industrial, pero ¿quien lleva la dirección de ese motor? ¿La llevó alguna vez Alemania a nivel continental sin portar las armas en la mano?.

A Alemania se la admira, es la verdad, pero como país , en su conjunto, nunca llegó alcanzar la relevancia de otros países europeos. Durante mucho tiempo fue la pesadilla no sólo del continente, sino del mundo entero. 1914-1918 Primera Guerra Mundial y 1939-1945 la Segunda que tanto nos aterrorizó. Puede vanagloriarse, claro que sí, de personalidades destacadísimas en en campos tan diversos como pueden ser la música, la ciencia, la medicina de los que el mundo entero se beneficia. Pero como país en conjunto a lo largo de su historia ¿cuál ha sido su influencia a través del ancho mundo? ¿A qué distancia está, por ejemplo, de la Grecia clásica, de Roma la eterna que nos brindó el amplio campo del Derecho, de España que agrandó el mundo hasta completarle y creó más de veinte países, de Portugal, país ibérico con una labor parecida y que, además, en su camino a la India, descubrió el S.O. Africano, hoy Namibia, de la que Alemania se benefició consiguiendo así la colonia por la que suspiraba, gracias a una cesión que, en realidad, sólo le duró veintitantos años; de Francia con su Revolución que tanta influencia tuvo en la Alemania de aquella época cuando el emperador de Austria se vió obligado que renunciar a su corona imperial, surgiendo como resultado, la que se llamó Confederación del Rhin y al poco la Confederación Germánica; de la Inglaterra imperial que desplegó por todo el mundo prácticamente toda su enegía y poder...?

No, la Alemania tan admirada hoy sólo entrevió la gloria de un poder imperial cuando se unió a España y se benefició (en realidad sólo alguno de sus banqueros) del casi recién adquirido y tan vasto imperio español. Fue con Carlos I de España, también Quinto de Alemania, hijo de española que aunque nacido en Flandes, escogió España para quedarse, el que la asomó al poder más amplio que nunca tuvo y fue a través de una España exultante. Y aunque el alemán Lutero sí alteró desgajando la unidad europea adicta a Roma, no lo consiguió tanto, porque España actuó con la Contrarreforma, consiguiendo que en la actualidad haya casi un empate técnico si se me permite, entre los dos modos de mirar al cielo.

Acabada la unión con España, el imperio germánico conoce el declive. Llega la Guerra de los Treinta Años y la Guerra de Sucesión en España (otra vez influye España) que se convierten en su final. Luego viene Bismark, la pujanza industrial y su inclinación de siempre: la militarización que la arrastra hasta la primera guerra mundial, la del 14 en que Alemania quedará destrozada. En el 39 lo intenta de nuevo y el mundo se une para defenderse. Sus consecuencias las conocemos todos.

Y ya está de nuevo la potente Alemania surgiendo como el motor de Europa. Y aunque muchos alemanes siguen creyéndose los elegidos, ahora, parece que el poder verdadero, la dirección, no reside en ningún punto de esta Europa demasiado de vuelta, quiero decir de esta Europa en la que sólo se acepta como verdad absoluta la que nace de la duda. Así que ya sin miedo al retumbar de los cañones, podremos seguir deleitándonos con Wagner y con Bethoven que son, entre otros, lo mejor que Alemania nos ha dado, sus individualidades.

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