domingo, 31 de enero de 2010

LA ÚNICA ESPERANZA

La vida se ilustra con un rosario de acontecimientos de los que salimos unas veces bien, otras no tanto y otras rematadamente mal. Pero todos están ahí como sólidas columnas sosteniendo nuestra realidad. Eso también les pasa a los pueblos y ya no hay vuelta atrás ni manera de borrar de nuestra memoria lo que vivimos, nuestra actuación a través de los tiempos. Incluso no sería beneficioso tratar de olvidar o de borrar la auténtica verdad de nuestro pasado, cosa que ahora se pretende de manera vergonzosa en nuestra España gobernada por el rencor y la mentira.

Zapatero es el ejemplo vergonzoso de ese rencor y el artífice de las distintas campañas para resucitar los graves problemas que crearon el concepto de las dos Españas que la ejemplar Transición política trato de superar. Pero él ha echado por tierra aquella buena intención que veíamos como se materializaba.

Tenemos una Historia gloriosa de la podemos enorgullecernos. También una Historia trágica que pudo dar sus primeros balbuceos quizá a mediados del sigloXIX. Aquella Ley Sálica importada de Francia con Felipe V dio origen a unas Guerras Carlistas con la entronización de Isabel II que, quizá, exagerando posiciones, fue ahondando la separación de los españoles. Se habla también de que España no participó en su momento de los "beneficios" de la Revolución francesa que, efectivamente, en medio de las crueldades que produjo, abrió horizontes políticos nuevos. El caso es que nuestra Historia más cercana se ve salpicada de sucesos en que las rencillas ideológicas impedieron la cooperación de las distintas fuerzas nacionales en la consecución de una causa común. El enfrentamiento fue siempre una triste realidad.

Un ejemplo: en 1923 tuvo que implantarse la disciplina de una dictadura como una operación quirúrgica necesaria, la de Primo de Ribera, aceptada por unos y por otros con el fin de acabar con la sangría de la Guerra de Marruecos y realizar una amplia labor económica y social tan necesaria. Acabada la dictadura se establece la Segunda República con unos ideales de modernización muy dignos de atender, pero que pronto la desilusión de sus fracasos, acuñó la frase de "no es eso, no es eso" famosa que lanzó Ortega, uno de los principales promotores del advenimiento republicano. Luego su desarrollo, el triste Frente Popular en que los asesinatos. persecuciones, quemas de iglesias, etc. dio como resultado el Alzamiento para cortar tanto desmán. Lo malo es que cortados esos desmanes, surgieron otros y una dictadura larga, larga que nos tuvo postrados en una esquina del mundo como si fuera España un país de tercera clase.
Muere Franco y a Dios gracias surge la España de las libertades, con el deseo de llegar a un punto de encuentro en pos de una causa común. No ahondar en lo que fue la derrota de una parte de los españoles ni tampoco en lo que constituyó la victoria de los otros. Los tristes acontecimientos que dieron lugar a esas dos realidades, ahí quedan. Es parte importante de nuestra historia más reciente, pero ya, con la Transición política se trató de superarlas para poder caminar en pos de horizontes más risueños. Y la intención se iba materializando. González y Aznar, cada uno en su tiempo, respetaban a su modo el compromiso. Pero llegó Zapatero, el rojo como él se calificó y dio a entender que la guerra aún no había acabado y que había llegado el momento de la revancha para conseguir que los derrotados, fueran los ganadores. Y lo malo es que son muchos los que le secundan, la mayoría con su cuenta y razón que todo hay que decirlo.

Y así está ahora nuestra España, hecha unos zorros, dividida de nuevo, ideológica y territorialmente si no se remedia a tiempo. Es la obra de Zapatero. Y con la crisis económica agravándolo todo, mientras que el Presidente sin saber qué hacer airea ahora por toda Europa su ineptitud. Claro que como dentro de poco va ir a rezar a EE.UU. con Obama, quizá Dios nos haga el milagro que tanto necesitamos. Es la única esperanza

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